lunes, 14 de diciembre de 1998

Fiesta cumpleaños de Pía. “Garoto”, “Conversador”. Un tipo comentó que yo parecía brasileño. Al despedirme, una niña me dijo: “chao conversador”. Es cierto que cuando no conozco a la gente parezco mudo, pero me da rabia cachar que las mujeres son tan pasivas en ese sentido. Toda mi vida ha estado marcada por la timidez y vergüenza para con los desconocidos. Inseguridad, complejo, temor.

¿Quién soy yo? ¿Qué es lo que deseo, quiero o anhelo?

Es como si estuviera en una crisis de identidad. Ando con una sensación de insatisfacción. Estoy obsesionado con el tema del paso del tiempo. ¿Será que he acumulado muchos fracasos y frustraciones? Quizás no estoy haciendo lo que en el fondo me gustaría.

La tía de la Juliana afirmó que yo era buen mozo, parecido a Omar Sharif.

Estoy huérfano de proyectos; el futuro se me hace incierto, problemático. No tengo optimismo ni aspiraciones.

miércoles, 25 de noviembre de 1998

Otras cosas que me dijo Mariana fueron por el lado del análisis de mi personalidad. Afirmó que ella ve en mí más a un niño que a un hombre; que me embarco en actividades sin evaluar previamente las consecuencias que traerán; que no muestro capacidad para manejar las situaciones, sino que más bien pareciera que yo voy a la deriva, arrastrado por las circunstancias. Además, que atribuyo lo que ocurre a factores ambientales, y que me quejo de lo que me sucede como si yo no hubiera elegido mi camino. Si cada uno escoge su ruta, no le echemos después la culpa al empedrado. También me achacó ser demasiado idealista, tener poco los pies sobre la tierra; ser marginal y un desadaptado. Ahora me acuerdo que una vez me dijo: “si pareces mina”, o algo así.

sábado, 21 de noviembre de 1998

La noche del sábado 14 conocí a Lesli, una pintora de 29 años, amiga de Fritz. Ella me encontró parecido en algo a Luis Miguel, comentario que una vez hizo Marcela Pastene. Yo la encontré muy simpática y le señalé que la sentía como a una persona especial. Es morena y tiene el pelo encrespado; es del signo cáncer y tiene los ojos saltones. Me gustaría verla de nuevo.

Al día siguiente, al anochecer, llamé a Andrea, y nos juntamos a conversar. Le di a conocer el amor que aún siento por ella. Expresó que también me quiere, pero que las circunstancias la llevan a no decidirse a emparejarse conmigo. Indicó que le gusta sentir a su pololo cerca, en forma cotidiana, con seguridad, y que yo me aburriría con sus amistades (diferencia de edad). Después de ser interrumpidos por su familia, quedamos de seguir la charla el lunes en la mañana. No me llamó. El martes le telefoneé y me explicó que “le hacía daño” hablarme. Parece que perturbé su existencia. Pienso no darme por vencido, y hacerle el empeño periódicamente.

Hace un par de semanas atrás, me encontré con Mariana. Dialogamos por un buen rato. Dijo que para mi cumpleaños aún creía en una reconciliación, pues me sigue queriendo. Afirmó que si seguía pololeando conmigo se iba a enamorar, pero que como no quería sufrir más, decidió terminar. Expuso que le aterraba la incertidumbre que yo represento, y que ya no desea más pololeos a distancia. Me pidió que no perdiéramos el contacto.

El hermano de Carola comentó que yo estaba bueno para trabajar como vedetto. La mamá de Mariana aseveró que ahora –sin barba- se me ven más mis ojos “amarillos”.

miércoles, 14 de octubre de 1998

Por qué existirá la tendencia a buscar la aprobación de los demás, así como a tratar de impresionar al resto. De igual forma, uno se afecta al sentir que es ignorado o visto con indiferencia.

Creo que nunca antes me había preocupado el tema de la soledad. He vivido poco más de un año y ¾ en este puerto-ciudad, y he palpado la sensación de no lograr encajar en una subcultura determinada. No es casualidad que durante todo este tiempo no haya pinchado con ninguna niña de esta localidad. Mis romances han sido con mujeres de Santiago, Villa Alemana y Viña; las tres con estudios universitarios. Esta estadía en una ciudad desconocida me ha servido para aprender un poco a conocer, saludar, y conversar con personas desconocidas. Pasé 27 años al alero de un hogar familiar, y 20 en instituciones educacionales.

Estoy pesando 70 kg., lo mínimo que debo registrar para estar “sano” o “normal”. Creo que no estaba tan delgado desde la época colegial.

miércoles, 30 de septiembre de 1998

La hija de Alejandra tiene ocho meses y se llama Antonia.

Creo que mi manera de actuar se ha vuelto muy fome y aburrida en los últimos años. Pienso que antes yo era más dicharachero, entretenido y lo pasaba mejor. Como que me he puesto más grave, parco y ensimismado. Por mi timidez, siempre me había costado mucho conocer y conversar con personas desconocidas, más aún con mujeres. Al cambiarme de ciudad me he visto en la necesidad de experimentar para comenzar a vencer esa tranca. El proceso ha sido lento y no sin tropiezos. La falta de práctica, la diferencia cultural, entre otras cosas, han influido en esto. Me es preciso ser más procaz, sinvergüenza, picarón, cara de palo, entrador, canchero y despierto. Debo ser más impulsivo y no darle tantas vueltas mentales cuando se trata de actuar. Fácilmente comienzo mi proceso interno de autocensura, complejo, tranca, inseguridad, temor, etc.

martes, 22 de septiembre de 1998

Moralejas: nunca hay que ser incondicional a personas o proyectos. Siempre se tienen que poseer alternativas o soluciones individuales.

La ansiedad juega malas pasadas; tan solo me basta recordar los sucesos con Anke y, últimamente, con la niña de la panadería (Alejandra creo que se llama).

No es aconsejable la entrega total (casos Andrea y Mariana). Correcto es jugársela por un amor, pero sin abandonar el camino propio.

Lecciones de Mariana: ser atento con dependientes(as), garzones(as), etc.; y, estar siempre consciente de que uno solo puede contar con uno mismo.

Isabel Villegas me indicó que mi actual crisis de percepción del tiempo es producto de un estado ansioso.

Es sorprendente la cantidad de historias y aventuras que ha vivido Chago. Sin embargo, no comparto para nada su cuasi maquiavelismo, sobre todo en relación con el uso de mentiras para lograr sus objetivos.

Bueno es que piense más seguido en mis derechos y deseos, pues no sólo de deberes se vive.

jueves, 17 de septiembre de 1998

Me acordé de la ocasión en que la mamá de Mariana, conversando sobre los vedettos, señaló que yo podría dedicarme a eso, ya que tenía pinta o facha para ese oficio.

Hoy acordamos que nuestro capitán provisorio será Cosme, con el cual se realizarán un par de jornadas en las cercanías. La idea es probar los equipos y sistemas, y arreglar los eventuales desperfectos. Esto implica que pasaremos octubre en este puerto.

miércoles, 9 de septiembre de 1998

Qué impotencia. Esta mañana, Judith me dijo que la supervisora la había retado después de que me quedé un rato conversando con ella la semana pasada. Como su pololo es muy celoso, no es posible encontrarme con ella fuera del trabajo; ahora tampoco debería hablarle en el supermercado, pues pondría en peligro su pega. Todo parece indicar que será una relación frustrada. En un año y ¾ de residencia en San Antonio, no he pinchado con ninguna mujer de acá. Sólo he conocido a Lili, Pati, Vivi, Paola y Judith (cabe señalar que Paola es de Viña). Vivi y Paola están casadas, y las restantes pololean desde hace un buen tiempo. Curiosamente, las dos que me atrajeron como para “meterles conversa” (Lili y Judith) resultaron ser Acuario.

jueves, 27 de agosto de 1998

Hace unos días, mientras cruzaba caminando la plaza de San Antonio, un niño pobre me miró y exclamó “el Quijote”. Él iba como borracho o drogado. Fue algo extraño.

Mañana cumplo tres meses trabajando en el acondicionamiento de la lancha de pesca del Chago. Mis funciones han sido: llevar las cuentas (tesorero), hacer compras y trámites, cocinar, lavar la loza, quitar óxido, pintar, y ayudar en todo lo que me pidan.

domingo, 16 de agosto de 1998

Anoche me fui de la casa de Walter, y me llevé todas mis cosas. Lo mandé a la “concha de su madre”, y conseguí alojamiento provisorio en la casa de Juan Ramón y Ana María. Con esta acción se cierra un capítulo, se da vuelta una página, que comenzó hace casi cinco años.

jueves, 13 de agosto de 1998

Siempre existirá alguien que lo esté pasando peor que uno, así como habrá una persona que esté mejor. En todo momento hay quien sufre más que uno, así como quien está más contento. Toda situación personal es relativa. Sin embargo, se han podido construir matrices de necesidades humanas, cuya satisfacción constituye un nivel digno o satisfactorio de vida.

La empatía, compasión o conmiseración, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es un ejercicio que ayuda a humanizarse. No obstante, nunca será posible ser el otro, porque las historias (biografía), personalidades, caracteres, actitudes, etc., de cada uno son particularísimas. Pienso en gente que he conocido en poblaciones callampas, siquiátricas, cárceles, hogares para discapacitados, puertecitos, en la calle…

Anoche soñé con Quica (Bronfman); más bien fue antenoche. Ayer antes de acostarme releí una carta que me escribió a fines de 1988, hace casi 10 años. Ahora valoro mucho más el gran amor que me profesaba, y estaría mucho más dispuesto a corresponderlo. Ella se casó hace como dos años, y estudia con su marido en Bélgica.

Es tiempo de comenzar a realizar todas las acciones que considero pendientes, sobre todo en el ámbito comunicacional: contacto con Bernarda, familiares, ex compañeros de estudios, antiguas amistades… Es absurdo querer esperar a contar con una situación económica más estable y sólida.

domingo, 9 de agosto de 1998

Etapa desde los 28 años (1995) hasta hoy (3 años + 2 meses). Por esos años comenzó a hablarse de Internet. Mi mamá hace su primera visita con Ron. Aquel verano volví a trabajar en la imprenta, en la Clínica Santa Elena, ubicada en La Pintana. Allí compartí con Luis, Yury, Salvador y Diego; constituimos un colectivo de trabajo asociado. En 1996 conocí a Daniela Benavente, una joven economista, retornada de México y Francia, con la cual pololeé como ocho meses, estableciendo mi récord de duración con una pareja. Mi papá nos presentó a su polola María Teresa, una mujer chilena que vive hace más de 20 años en Miami. En la clínica siquiátrica conversé bastante con Rosario, con la cual nos tomamos varios mates. A los 29 años, agobiado por la prolongación de los estados depresivos (ya parecía algo crónico), conversé con el papá de la Cecilia (Gonzalo), quien me recetó varios meses de fluoxetina. Daniela me pateó, mi mamá vendió el departamento y yo estuve vagando más de un mes por diversas casas de amigos(as) y el taller. Después de buscar un arriendo barato en la capital, en enero de 1997 empezó el traslado de la imprenta a San Antonio. Ese verano tuve una noche de pasión con Pamela, amiga de Nancy, la polola de Fernando Hermosilla. Nuestra primera residencia fue en Cartagena, en una casa a medio terminar, pero con vista al mar. El taller funcionó en el local de Unpade, donde conocí, entre otros, a Rosa, Marco, Elías y Alberto, jóvenes con diferentes grados de discapacidad mental. En mayo Walter peleó con Yury, quien se devolvió a Santiago; nos cambiamos al cerro Alegre, y conocí a Chago. Desde la celebración de mi cumpleaños, y por seis meses y medio, fui pareja de Margarita Guarello, madre de cuatro niñas, de entre tres y doce años. Se supone que ese año se inició la Era de Acuario. En el segundo semestre de 1997, salió a las calles el libro de Tomás Moulian: “Chile actual. Anatomía de un mito”. El Pepe regresó de Barcelona y mi papá se fue a Miami, después de haber pololeado con Marcela en El Quisco. A fines de diciembre conocí a Andrea Rojas, en Villa Alemana. Durante un mes me sentí “en las nubes”; sentí que ella era la mujer que yo siempre había soñado. Pasé febrero esperando su regreso de Nicaragua, y su decisión con respecto a nosotros. A comienzos de marzo nos juntamos y me confirmó que había decidido reiniciar su vínculo con el pololo que tenía desde hace dos años y medio. Después de eso, entré en una fuerte depresión, combinada con angustia y ansiedad por mi futuro laboral. En diciembre había dejado de trabajar en la imprenta, y el proyecto de pesca no se financió sino hasta fines de mayo. Mi situación de allegado en casa de Walter se estaba poniendo cada día más incómoda. El 4 de abril, en la fiesta de celebración del cumpleaños del Pepe, conocí a Mariana Assís. Conversamos toda la noche, y nos juntamos a la tarde siguiente. Esa noche se dio la partida a un romance de cinco semanas. Al patearme, también finalizó la tensión que me estaba produciendo la necesidad de buscar un trabajo part-time en la capital. El 28 de mayo iniciamos los trabajos de reacondicionamiento de la lancha, labor que ya nos ha tomado casi 80 días. Entre medio, estuve tres semanas con la pierna izquierda enyesada, y, antes de eso, con el temor de un cáncer, que resultó ser, finalmente, un quiste en el epidídimo del testículo izquierdo. Actualmente estoy pesando entre 72 y 73 kilogramos; lo mínimo de la normalidad para mi estatura son 70 kg. Si bajo de ese registro, tendré que examinarme. Por de pronto, me palpo un porotito en el costado izquierdo inferior de mi cuello. Mi estado de ánimo está oscilatorio, aunque con tendencia al bajón; más angustia por la excesiva conciencia del vacío, lo inasible del presente y de la realidad, lo improbable de la comunicación, y otros tópicos existenciales. También me achaca lo escaso de duración que han sido mis relaciones de pareja (la máxima: ocho meses).

lunes, 3 de agosto de 1998

Fallas que me he detectado, y que deseo corregir:

Proponer cosas o contactos antes de saber si realmente los puedo hacer.

Pelar a personas que no están presentes.

Alardear o contar muchas intimidades de mis relaciones con mujeres.

Indiferencia con personas desconocidas que me atienden (ej.: mesero, dependienta, etc.).

Comprometerme para realizar acciones sin antes pensar si efectivamente es posible cumplirlas.

Rigidez, dogmatismo, inflexibilidad, terquedad, orgullo.

En cierta forma, los hábitos y rutinas ayudan a estructurar mejor la existencia. Es importante, no obstante, que no se transformen en manías esclavizantes. La idea es convertir cada acción recurrente de la cotidianidad en un acontecer grato: levantarse, asearse, hacer el desayuno, ir al trabajo, trabajar, hacer el almuerzo y consumirlo, lavarse los dientes, orinar y defecar, preparar y tomar onces, realizar la limpieza doméstica, lavar la ropa, la vajilla, comprar, coser, arreglar artefactos, y otros haceres.

Condiciones para disfrutar el llevar a cabo las acciones ejemplificadas: Tener tiempo; no estar apurado ni ansioso; contar con los utensilios, herramientas o instrumentos adecuados; estar físicamente cómodo y sin ambientes molestos: ruidos, frío o calor, mal olor, poca ventilación, etc. “Meterse en lo que uno está haciendo; tomar conciencia del acontecer, para efectuarlo correctamente; ser uno con la acción”. Pensar en lo reconfortante de la labor cumplida y de lo que aporta la resultante de lo que se está haciendo. Sentir, palpar lo que es ocupar el tiempo. Darle un aire, un soplo o un toque de arte a todas esas acciones que son reiterativas, procurando siempre mejorarlas o innovar.

He conocido a varias personas que han preferido pasar penurias por largo tiempo antes que ponerse a trabajar en algo que está por debajo de sus expectativas; gente que, con poco más o menos de 50 años, sienten que merecen o tienen derecho a una buena posición laborando en lo que a ellos más les gusta. Si las cosas no se les dan como esperan, optan por subsistir en la pobreza, marginalidad o en condiciones precarias; aguantarse hasta que se les dé la oportunidad de demostrar sus capacidades.

Yo tengo muy claro que hay una edad límite para buscar el camino propio o alternativo. En los avisos que las empresas colocan en la prensa para encontrar personal, casi siempre se pone como edad máxima 35 años. Si a fines del 2000 no me ha resultado la vía laboral autónoma, venderé mi fuerza de trabajo a como de lugar. Total, me quedarán ocho horas para hacer lo que a mí me guste (aunque, si descontamos los viajes a y desde la pega, las comidas, aseo u labores domésticas, lo más realista es que sólo restan como cuatro horas diarias, más los fines de semana).

domingo, 2 de agosto de 1998

1995: Un día de enero me sentí como, creo, nunca antes; fue una sensación muy especial, tal que si a partir de ese momento todo lo mirara con un filtro. Hay quienes le llaman depresión, stress, surmenage, o algo por el estilo. Me invadió una hiper-conciencia de absoluta absurdez, de sin sentido y vacío. La imprenta la cambiamos de la casa en La Granja hasta la Clínica Santa Elena, en La Pintana. Empecé a conocer un poco más la vivencia de los enfermos mentales.

Mi mamá conoció a Ron, australiano, en un viaje que hizo al sur con la tía Ximena. Después de algunos meses de pololeo, ella partió rumbo a Perth, separándose en la práctica de mi papá. El Pepe se fue a vivir con nosotros, ocupando la pieza de mi mamá. Hicimos varios carretes con el grupo de la Ketty, Claudio, Carola, Mario. Conocí a Marcela Silva y a Anita. Cuando Pepe estaba por irse, apareció con Gabriela, una muchacha uruguaya que venía arrancando de su pololo, un tipo que tenía una botillería en San Diego, y que la trataba, a veces, muy mal. Con Gabi iniciamos una relación bastante sui generis. Yo tuve un enamoramiento por ella, y, al constatar que no llegaría a ser su pareja, me puse en campaña para conseguirle un buen pololo. Le presenté a Jaime Contreras y a Igor. Con este último iniciaron un pololeo que, al tiempo, se convirtió en matrimonio. El otro vínculo sexual que tuve ese año, a pesar de que fue interrumpido, lo realicé con Paola S., una joven retornada de Cuba que andaba detrás de mí, pero que yo encontraba muy entrada en carnes.

jueves, 30 de julio de 1998

1994: Guerra en la ex Yugoslavia. Campeonato mundial de futbol. Frei toma posesión como presidente de Chile. Fin del grupo pro Fundación Clotario Blest. Experiencia en iniciativa pro cooperativa Anarres, con Claudio y Carmen Gloria. Trabajo en La Hoja y un corto período en el informativo de TPH. Condoro. Tuve que pagar la reimpresión de toda una edición. Enero: empezó mi labor en Gráfica Rasters, como diagramador. En mayor reemplacé a Andrés Godoy. Para septiembre, desapareció Roberto Torres, y quedé solo a cargo de la imprenta. Hice el traslado desde el local en Esperanza hasta la casa en La Granja. Nos arreglamos para poder llevar a cabo el libro de Marcelo Castillo. Surgen los primeros síntomas de mi depresión. Fallece mi tío Tedy en un accidente automovilístico, lo que causa gran conmoción en la familia. Mi mamá sufre mucho, y se deteriora aún más su relación con mi papá. Tuve un pololeo de dos meses con Carmen García, una joven retornada de Nicaragua –“huracán tropical”- la llamé, por su temperamento. También anduve con Mariela Escárate, Carola Campusano y con Sandra Godoy. Aquel año se inició mi complicada amistad con Walter Reyes.

miércoles, 29 de julio de 1998

En 1993 cuidé una cabaña durante enero en Peñalolén. Fue allí donde, después de un carrete en que terminamos bañándonos en ropa interior a la luz de la luna, me dio una intoxicación alcohólica que me dejó deshidratado. No podía dejar de vomitar, por lo que acabé en la Posta del Hospital Salvador. En febrero, el Pepe me llevó a Tongoy y La Serena, donde dormimos en su auto.
Ese año fue el comienzo del alzamiento zapatista-indígena en Chiapas.
A mediados de año, o más bien hacia el segundo semestre, estuve cuidando el estudio de mi cuñado Claudio, en Lyon con Bustos. Participé en el grupo pro Fundación Clotario Blest, y en Integrando, la Red de la Economía Popular y Solidaria. Para la época de la preparación de la Fesol, tuve un romance con Graciela, una mujer argentina, de Santa Fe. Aunque en el inicio estaba muy entusiasmado, al poco tiempo me desvinculé. Mientras estaba en el taller de fotografía, me visitaron Pati y Marisol, ocasión en que se produjo una cuasi orgía. Por ese tiempo empecé a usar lentes de contacto. En el matrimonio de Rodrigo y Quena, conocí a la prima de ésta, Soledad, con la cual pololeé como dos meses. El 1 de julio ayudé a instalar la imprenta de Walter en el local de calle Esperanza. El 4 de setiembre nació mi sobrino Adriano. Haciendo el jardín en el estudio de mi cuñado, hice mal una fuerza al levantar un saco de tierra de hoja, y me lesioné la columna, lo que me ha traído dolores periódicamente. Por ese tiempo integraba un grupo que hacía convivencias para celebrar los solsticios y equinoccios.
También en 1993 inicié mi trabajo de editor en el boletín La Hoja, de las Organizaciones Económicas Populares. Casi paralelo a eso, dejé de laborar en la revista El Canelo.

martes, 28 de julio de 1998

1992, a los 25 años fui marcado por el inicio de mi vida laboral. Hice mi Práctica Profesional en El Diario, durante los tres meses del verano. Con el dinero que ahorré me compré una batería usada, la que instalé en la casa de Carola y Víctor. En ese tiempo, creamos el Comité por el fin del Servicio Militar Obligatorio (Cosmo), nos invitaron a un par de programas en la Radio Tierra, y conocí a Ernesto Rojas, un retornado de Noruega. Junto con él, Oscar Ortiz, el Rucio, Oscar Gutiérrez, Daniel Aravena, y otros, participamos en la Asociación de Consumidores (Achico), de cuyas reuniones surgió la intención de formar la Fundación Clotario Blest. A mediados de año integré el staf de la revista El Canelo, llegando a ser asistente del Editor, es decir, de Marcelo Mendoza.
Aquel año tuve relaciones con Quica, Mónica, Marisol y Marcela P.
Fue 1992 el año de las manifestaciones por los 500 años de la llegada de los europeos a América.

lunes, 27 de julio de 1998

En 1990 “pololeé” seis meses con Claudia Soto. Partí muy entusiasmado pero, como al segundo mes empecé a perder el interés. Luego de un par de meses más, cuando inicié una recuperación de mi deseo por ella, se revirtió el asunto y fue Claudia quien comenzó a distanciarse. Cuando me comunicó su decisión de terminar, me dio pena y lloré un poco. Una coincidencia muy grande era que ella guardaba desde hace mucho tiempo una fotografía de unas niñas rubias, que eran mi mamá y la tía Juta. El papá de Claudia, Marcelo Soto, había sido amigo de ellas cuando vivían en Villa Alemana. Claudia es madre de David, hijo de Pedro Aranqua.
Al año siguiente, 1991, “pololeé”, también por seis meses, con Manuela Saavedra. A Claudia la conocí a través de Rodrigo Manríquez; en cambio, a Manuela la topé en una fiesta de Sergio Salinas. Si bien ya después de una semana mi gusto por ella había casi desaparecido, continué el romance porque Manuela me trataba de una manera muy acogedora, delicada y tierna. Su hijo, León Matías, fue siempre un ejemplo de niño bien educado, y con personalidad. Ese año falleció el Lolo (Jorge Saball), como a los 36 años, producto de un cáncer al cerebro. Él mismo preparó un velorio con bandera y canciones anarquistas; su cuerpo fue incinerado. Editamos dos números del periódico Acción Directa, para el cual aprendí a usar el programa Page Maker en los computadores de la UC. Fue en aquel 1991 cuando inicié anotaciones en mis cuadernos con un carácter más autobiográfico. También di el punta pie a la elaboración de una Memoria o Tesina, sobre autogestión y comunicación, que aún no termino. Conocí la experiencia de la Fecot y de la historia frustrada de los procesos autogestionarios en Chile. Era la época de la Guerra en el Golfo Pérsico.

Rutinas, hábitos. Interiorizar labores es un proceso, no es un acto único; se requiere esfuerzo, constancia, persistencia, continuidad. Me angustia un tanto que entre el querer hacer y el poder hacer haya una distancia, un trecho, un camino por recorrer, y que no sea instantáneo. Es una ansiedad que, paradojalmente, al mismo tiempo me paraliza.
Hoy, mientras vitrineaba los locales de venta de libros en la calle San Diego, me desesperó la conciencia de que es imposible poder aprender todo el conocimiento que ha generado la humanidad. Si tuviera claras preferencias por algún tema no sería tan dramático, pero me pasa que me llama la atención una multitud de tópicos; y no tengo claro por dónde empezar a estudiar.
Lo terrible es no vivir. El temor, la angustia, la ansiedad, desconfianza nuestras capacidades, inseguridad, miedo a la mediocridad, perfeccionismo, todo esto atenta contra el desenvolvimiento de las potencialidades propias, la creación, el desarrollo. Frustración, impotencia, amargura son los resultados de estas trancas.
En el diario del domingo leí algo como: “ocupar el tiempo, en vez de contarlo”.

viernes, 24 de julio de 1998

Hay veces en que hasta la más mínima acción que debo realizar me causa una tremenda lata, incluso angustia; me complico entero. Junto con el desgano, me siento culpable por ser flojo. En cambio, en otras ocasiones, es un gusto saber que tengo que efectuar una tarea. De todos modos, por lo general, toda vez que ya estoy llevando a cabo el trabajo, me da satisfacción contemplar que voy avanzando y que se va produciendo algún resultado.
En ocasiones, al mirar las grandes obras de ingeniería, como los puertos, túneles, puentes, edificios, represas, etc., me he sentido terriblemente insignificante. Es común que uno mire las cosas desde una perspectiva muy egocéntrica; por lo que la toma de conciencia de la pequeñez, finitud, del ser átomo en una masa, que ciertos sucesos hacen que nos demos cuenta con respecto a uno mismo, a mí, por lo menos, me bajonea o angustia. Tal vez, un consuelo es que uno es único e irrepetible. Quizás por esto, ocurre que de repente a uno le gusta o desearía que fuera muy especial para otra persona; es lo grato de sentirse amado por alguien.

De vuelta a mi biografía, en 1988 llevaba un año de biciclista, y el mismo período viviendo en las Torres de Tajamar. Estaba en segundo año de Periodismo, y comencé a escribir cosas de mi vida en mis cuadernos. Integré el Movimiento de Integración Latinoamericana (MIL), con cuyo líder (Ricardo Herrera), organizamos cursos de baile y festivales de cine latinoamericano. Por ese tiempo empecé a frecuentar mucho a Paulina Veloso en su taller de Carlos Antúnez. Allí también trabajaba Paola Cantergiani, otra diseñadora que también me gustaba bastante. Con ellas estuve en varios carretes; me acuerdo especialmente de uno en que se pusieron a jugar a la botella; yo pude besar con lengua y todo a Paulina como tres veces. Fue fantástico. Por esa época también me pegué unos atraques con mis compañeras de curso Isabel y Cecilia, las cuales han sido amigas cercanas hasta hoy.
Para 1989 sobreviene la caída del Muro de Berlín; por intermedio de Oscar Ortiz conocí a Jorge Saball (Lolo) y a Roberto Torres, anarquistas retornados de Francia. Con ellos formamos un colectivo libertario, en el cual estuvieron en un primer momento Rodrigo Mundaca, Jorge Moraga y Rodrigo Manríquez. También participé con los trotskistas del Campus Oriente en la confección de un Diario Mural acerca de la vida de Trotsky. Tuve relaciones sexuales con Pati.
En 1990, en plena onda new age, fuimos con Paola Cantergiani y otra pareja al cambio de mando en el Congreso (Valparaíso). Después de gritarle chuchadas al Pinocho, fuimos a un restaurante, a una fiesta y dormimos en una residencial cerca de la plaza Sotomayor. Eso fue en marzo. En febrero había estado con mis primos Manuel José y Juan Ignacio en Rinconada de Silva, y en los Baños del Parrón; allí conocí y anduve con Odette Fernández.Durante enero de 1990 fui invitado por Cecilia a vacaciones al lago Vichuquén. Estando allí, me gustó una amiga de Daniela llamada María José, a quien le decían Laucha. Con ella no pasó nada, pero sí con Marcela, una hermana de mi amiga que es muy bonita. Ella se mostró muy interesada en mí, aunque pololeaba desde hace bastante tiempo con un tipo bien pintoso. De vuelta en Santiago, salimos a un pub y, cuando la llevé a su casa, nos besamos apasionadamente. Nos encontramos un par de veces más en mi pieza, de una forma muy fogosa. Marcela se fue de vacaciones a Villarrica y después a La Serena. Su pololo se enteró de nuestra relación y fue un escándalo. Al regresar, yo me hice el leso y todo quedó en nada. Ella ha sido, de las mujeres con las que ha pasado algo, una de las que más me gustó.

jueves, 23 de julio de 1998

Esta noche, un conocido de Walter me encontró pinta de brasileño.

martes, 21 de julio de 1998

Estoy visualizando el período comprendido entre la superación de la neurosis obsesiva, en 1988, al llegar a los 21 años, y la depresión de los 27 a 29 años (1994-1996), que culminó con el tratamiento con fluoxetina.
El año 88 fue marcado por la realización del plebiscito del 5 de octubre.
A nivel mundial, estábamos en plena Glasnot y Perestroika, lo que era el inicio del término de los regímenes de “socialismo real”, y del fin de la Cortina de Hierro. Participé en la Campaña del NO, junto con los jóvenes vinculados al Mapu de la UC. Estuve preso una noche en la cárcel de San Antonio, por agitador. Fuimos a la zona rural de la Región Metropolitana a hacer campaña puerta a puerta. Me preparé para hacer apoderado de mesa por el Partido por la Democracia (PPD).

jueves, 25 de junio de 1998

Ayer, mientras conversaba con Santiago, empecé a hilvanar un razonamiento que estaba elaborando desde hace un tiempo. Qué se puede esperar de una persona nacida en una familia del sector medio acomodado de la capital, que durante 27 años vivió en el barrio alto, y al alero de una madre sobreprotectora? Un niño regalón de su nana, orgullo de sus padres, que siempre tuvo todo lo necesario al alcance de la mano; que jamás tuvo que trabajar o emplearse para tener un poco de dinero para desplazarse o para tener su cuota de esparcimiento, que no supo lo que es pasar frío o hambre, que si le dolía algo, su madre corría a comprarle remedios o llevarlo al médico. Un muchacho que estudió en un colegio particular, de curas, con acceso a practicar deportes, a tener una buena educación. En definitiva, un joven al cual se le entregó gratuitamente la oportunidad de ser un profesional universitario; un tipo preparado, programado casi, para convertirse en lo que Daniela definía como un “manipulador de símbolos”, un ejecutivo, un “dirigente”.
Por qué rebelarse a esa trayectoria; en qué momento se desvía de ese camino predefinido. Hacer un viraje radical en el rumbo que se traía, después de más de 25 años no es algo fácil. De partida, hay una gran cantidad de labores, que por no tener que hacerlas, no las hago bien todavía, o aún no interiorizo los métodos para realizarlas con eficiencia: lavar, hacer aseo, coser, cocinar, calentar una casa, cuidar la ropa, ventilar las habitaciones, efectuar reparaciones de gasfitería, electricidad, alcantarillado, etc. En todas estas actividades hay técnicas que las facilitan y las hacen ser más gratas, pero es preciso aprenderlas y practicar.
Al decidir salirse del camino prefijado, por el motivo que sea, implica pasar a ámbitos en que se es torpe e inexperto. El mundo del trabajo manual, de la fuerza física, tiene sus propias características, y, cuando alguien preparado para vivir en el trabajo intelectual, ingresa en él, debe “sufrir” los rigores del novato: lesiones en el cuerpo, frustraciones, impotencia etc.
Mi amiga Elena, muy perceptiva ella, me definió una vez como un “desclasado”. Las razones para mi actitud creo que se pueden encontrar en una combinación entre la convicción de lo positivo que es el desarrollo integral de las personas, y la activación de todas sus potencialidades, que adquirí durante mi enseñanza media, con el contacto que tuve con el mundo popular en los trabajos voluntarios en que participé en mis años de universidad. Quizás se podría agregar la influencia del contacto que tuve cuando niño con el trabajo físico al acompañar a mi papá a su pega.
Fue un error el querer ignorar mi origen, y creer que era llegar y lanzarme con éxito en un ambiente que no conocía. Lo primero es tomar conciencia de mi evolución y tomar las cosas con más cautela y prudencia.
Obviamente hay un trasfondo de sentimientos de culpa, por el hecho de haber gozado del privilegio de nacer en una familia con recursos suficientes, y de la suerte por poseer un buen nivel intelectual. Si el mundo fuera un sistema social en que todos sus habitantes tuvieran la oportunidad de desarrollarse, disfrutar y poner en acción sus potencialidades, pudiendo satisfacer sus necesidades más importantes, por su puesto que esas culpas no existirían.
En todo caso, más que culpas lo sensato es poseer conciencia y actuar con ubicación, tacto, tino y congruencia.
Alguien criado con sobreprotección es como un animal que fue domesticado por los humanos y, luego, al meterse en un ambiente natural, silvestre, “salvaje” o selvático, no tiene el desenvolvimiento, la astucia, habilidad o destrezas para sobrevivir por sí solo. Si decide continuar en ese hábitat, deberá soportar fracasos, heridas, sufrimientos, pasar por un proceso de reeducación, y tratar de utilizar lo aprendido previamente para llegar a poseer la sabiduría de ambos mundos.

miércoles, 24 de junio de 1998

La PAA la di dos veces; la primera, en 1984, en la que obtuve buen puntaje en todo, y el máximo en la parte matemáticas. Además, al tener un promedio 6,8 en la enseñanza media (800 puntos), podía postular a cualquier carrera. Me invitaron a Ingeniería en la U de Chile, mediante una carta, pero, influenciado por mi papá y Patricio (mi primo), decidí entrar en la UC. Allí, tuve mi primer semestre aceptable, aprobé todo y tuve un promedio 4,9. Pero, para el segundo semestre, mi motivación bajó notoriamente, y reprobé Cálculo I y Geometría II. Aunque muchos los que también “cayeron” con esos ramos, para mí fue un fracaso insoportable, que me hizo perder el interés por la carrera. De la apatía fui pasando a la repulsión; nuevamente me quedé con ambos ramos, y, para el cuarto semestre, congelé la carrera y preparé, en forma autodidacta, la PAA. En esta segunda oportunidad, me fue bien, pero nunca como en la primera vez. Si a Ingeniería entré en 7° lugar, a Periodismo ingresé como en el puesto 16. No obstante, después de la Prueba Especial, quedé en 4° posición. La razón para entrar a Periodismo fue porque conocía a algunos alumnos de esa carrera (Sergio y Rodrigo), los cuales me habían contado que era una ocasión para estudiar de varias cosas un poco, que era relajada y que se pasaba bien (hartas mujeres, fiestas, convivencias, etc.). Mi segunda opción fue antropología, porque en Santiago no había ninguna universidad que impartiera esa especialidad con una calidad regular (lo mismo pasaba con sociología). Durante esa etapa, participé en el RIA, un conglomerado de estudiantes de distintas carreras, progresistas, opositores a la dictadura, y hastiados del “macuqueo” de los partidos políticos. Era el tiempo de la reelección de Tomás Jocelyn como presidente de la Feuc, lo que fue la gota que derramó el vaso. Pablo Álvarez, “líder” del RIA, salió elegido Consejero de la Feuc, pero al no reunirse la mitad más uno de los votantes, en la primera asamblea, renunció. Continuamos elaborando el Choroy, una publicación con tintes libertarios. Fue allí donde conocí las ideas anarquistas, y a Oscar Ortiz, secretario de Clotario Blest. En el último año de este período, comencé a ir a terapia en el Consultorio de la Escuela de Sicología de la UC, donde lloré al recordar el fin de la etapa de las vacaciones en Limache. También empecé a tomar el fármaco que me recetó el siquiatra del servicio médico de la UC, con lo cual se inició el término de las manifestaciones más notorias de mi neurosis. Paralelamente, tuve un mini pololeo con Andrea K., que dejé por un romance con Claudia G. Con ésta aprendí a besar y experimenté mi primera relación sexual.
Mis amigos más cercanos de esos años fueron Miguel Guiñez, Gastón Madariaga, Igor Garib, Daniel Steinmetz, Carlos Boltes, Vicente Martínez, Isabel Villegas, y el Pepe.

jueves, 18 de junio de 1998

Quiero analizar los aproximadamente ocho años y medio que duró la manifestación más notoria de mi neurosis obsesiva. Creo que comenzó cuando yo tenía unos 12 años, es decir, en 1979. Ese año se produjo la Revolución Islámica en Irán, empezaba la Onda Disco, y estábamos en pleno boom económico. En esa época, tomaba clases de guitarra en el colegio, hacía excursiones con mis compañeros al cerro Manquehue y me gustaba una vecina de Gastón llamada Carmen Paz. A partir de 1981, este período se caracterizó por las vacaciones en Maitencillo, en donde tuve varios amores platónicos (Gabriela, Cote, Natalie, etc.) e igual número de frustraciones. Fue el tiempo de la adolescencia y primera juventud. A nivel mundial, estuvo marcado por la era Reagan-Tatcher, la guerra Irán-Irak y el conflicto de las Malvinas. Se jugó el mundial de futbol de España 82, se masificó la computación y apareció el Sida; aconteció la moda del rock latino y del Desarrollo Alternativo; vino el mundial de futbol 86, la Glasnot, Perestroika y el inicio del fin de la Cortina de Hierro. En Chile, del fraude plebiscitario de 1980, se pasó a la Crisis de 1982-83; se efectuaron las jornadas de Protesta; en 1985 comenzó la recuperación económica, y, en 1986, el “Año Decisivo”, ocurrió el fallido atentado contra Pinochet. Al año siguiente, se produjo la visita de Juan Pablo II, y, en 1988, se llevó a cabo la Campaña plebiscitaria y el triunfo del NO.
En 1982 quebró mi papá, se vendió la casa de Las Tranqueras, y nos cambiamos a un departamento en Av. Apoquindo, en donde habitamos hasta octubre de 1986.
En 1983 fui Presidente del CAA del Colegio, y organizamos las primeras elecciones democráticas universales después de bastantes años. Ese mismo año realizamos el Viaje de Estudio, con el sufrimiento por Claudia Carbonell. En 1985 conocimos a Mariella, mi media hermana, hija de mi papá con una mujer de Limache. Aquel año padecimos el Terremoto, momento en que pensé que mi vida llegaba hasta ese instante. En 1986 falleció Carlos, nuestro compañero de Ingeniería; lo sentí mucho y lloré. En una de las protestas, los pacos me dieron una tremenda pateadura cuando estaba en el suelo, y me dejaron contusiones en la ingle. Para 1987, tomé terapia en los servicios de siquiatría y sicología de la UC, y lloré al acordarme de la muerte de mis abuelos maternos y del fin de las vacaciones en San Francisco de Limache. Casi toda esta etapa está marcada por mi frustrante participación en los equipos de basquetbol del colegio, y en la UC. Es un período que se inicia en séptimo básico, transcurre la enseñanza media, un año y medio de Ingeniería Civil y uno de Periodismo. Di la PAA en dos oportunidades, en 1984 y 1986. Pasé por el pre-universitario de Perseo, donde me gustó Loreto Ponce de León. Después supe que yo también le gustaba (me contó Paola), pero yo, para variar, no atiné.
Debe haber sido como en 1980 cuando Quica, prima de Víctor Marshall, comenzó a enviarme mensajes de amor, desde que nos conocimos en una fiesta de cumpleaños de mi compañero de curso. Recuerdo que le pidió a mi amigo una foto mía, y, cuando hice mi fiesta de cumpleaños, la invité. Fue una de las primeras en llegar y una de las últimas en irse. Yo sólo bailé un lento con ella; estaba muy nervioso y no la pesqué más. Sentía por ella una mezcla de atracción y “susto” (yo tan niño y ella tan mujer).
A los 13 años tuve mi primera eyaculación, justo un día que me había topado con el hijo del profesor Cepeda, un “intocable” para mi conducta neurótica. En 1981 estudié el nazismo y me dediqué a implementar una especie de Gestapo en mi curso, cuyo objetivo era alejar a los “malos elementos”. Por ese tiempo, tuve una visión “chocante” de unos muchachos que hablaban de la “coyoma”, y que vivían en la calle Hermanos Cabot. Por un buen tiempo, pasar por esa calzada se convertía en un “suplicio” para mí, pues tenía que recurrir a todo mi repertorio de gestos para “protegerme” de esa “mala influencia”. En Primero Medio, al igual que en Primero Básico, obtuve el Tercer lugar, y no el primero como de costumbre. Mi mamá fue a buscar el premio, pues yo estaba enfermo. Me parece que fue como en 1982 cuando mi madre me llevó a unos sicólogos, por los gestos que hacía (frotarme la frente con la mano, toser, sacudir la cabeza). Tomé un tiempo Orap Forte, pero, como me dejaba tan desganado, lo dejé. A los 15 años inicié el uso de anteojos, debido a que en un test me detectaron miopía. Por fin pude leer la pizarra desde los últimos bancos de la sala de clases. En 1983, a los 16 años, tuve mi primer pololeo, con mi vecina Verónica Matus, que estudiaba en el Compañía de María. Duramos un par de meses, o menos; ella terminó, y, cuando quiso que volviéramos, yo ya no estaba interesado. Al año siguiente, la neurosis se relacionó con la religión, y me inventé oraciones protectoras, que repetía mentalmente cuando me sentía “amenazado”. Cuando estaba estudiando Ingeniería Civil, mi amor platónico era Antonia Subercaseaux, que estudiaba Geografía y era de la IC. En el verano del 86 fui a los trabajos voluntarios de verano, en la zona Mapuche. Allí me trató de seducir Lorena, pero a mí no me gustaba. Resulté elegido Mister Cerro Loncoche, pero era más ganso que la cresta. También fui a trabajos de invierno en La Legua y La Bandera; y a la jornada de verano en Melipilla. En este lugar, se me “pronunció” Dominique Legarraga, una estupenda muchacha, y yo, para recontra variar, no atiné, ni durante ni después, al ir un día a verla a su casa.

miércoles, 17 de junio de 1998

El lunes, tipo cuatro de la tarde, me pusieron por primera vez yeso. Omar me enyesó toda la pierna izquierda, y me lo sacará en tres semanas más. Aparte de la lentitud para desplazarme, por el momento, he tenido que hacer muchas elongaciones para ponerme y sacarme el calcetín, hacer gran esfuerzo para defecar, y me imagino que será complicado bañarme.

domingo, 14 de junio de 1998

Tengo dolores que me molestan. Uno es mi habitual puntada en el costado derecho de la columna, a la altura de las paletas, que me aparece periódicamente desde hace unos cinco años, cuando hice una mala fuerza al levantar un saco de tierra de hojas. El otro es una molestia extendida, desde la cadera hasta el fémur izquierdo. En tercer lugar, está el dolor en mi rodilla zurda. Este es producto de un fuerte apretón que me di el sábado 6 de junio, mientras montábamos la embarcación sobre el carro que la llevaría al agua. Un fierro de unos 200 kg se me vino encima y me atrapó la pierna, a la altura de la rodilla, contra el neumático de camión que posee el mencionado carro. Me he dejado estar por más de una semana, pero ahora quiero sacarme la radiografía que me indicó Omar, y, si es necesario, colocarme un yeso. Además, siento preocupación por un porotito que me descubrí en el costado inferior izquierdo del cuello.
Estos dolores son señas para tomar conciencia del cuidado y precaución que debo tomar al hacer fuerza y trabajos duros o pesados. También, que al estar en esas labores, tengo que tener la mente puesta con mucha atención en lo que estoy realizando.Para mi cumpleaños, Mariana me invitó a comer pizza, y me hizo un drama porque le dije que me parecía que, en el fondo, a ella le gusta el capitalismo. Es una pena que sea una persona tan cuática y que haga atados por leseras. Creo que tiene el síndrome de hija única; ella reta, ataca, es agresiva o hiriente, critica y cuestiona a los demás con mucha facilidad, pero pobre del que haga algo de eso con ella. La verdad es que le sigo teniendo cariño, pero ya no me urge lo que pase con ella en cuanto a mí; sí me importa el tema de su salud (extracción del mioma que tiene en el útero).

viernes, 5 de junio de 1998

La noche del cumpleaños de Raquel, una compañera de trabajo de ésta, se me “tiró al dulce”. A mí no me gustó, por lo que me hice el leso. Ella me contó que a penas entró al departamento, yo le encanté. Fue una situación incómoda, porque yo no quería que se sintiera mal por mi rechazo. Me pidió que fuera honesto, que prefería saber que no la deseaba, a pensar que no había sabido seducirme. Fue una lástima que no fuera un poco más bonita. Yo le tenía ganas a Raquel; ella me hizo algunos comentarios picarones, pero parece que por atención a su amiga, no prosiguió con su juego.
Me duele la espalda, en ese punto situado entre las paletas, y por el costado (izquierdo) de la columna. Puede que sea una hernia. Me resentí al levantar un saco de tierra de hoja cuando hacía el jardín del estudio de Claudio, en 1993.
Anoche me palpé un porotito en el lado izquierdo inferior del cuello. Debo revisarlo con un médico antes de irme al sur.

Por qué motivo ninguno de mis pololeos ha durado más de ocho meses? Esto es algo que sólo me ha empezado a preocupar desde hace como un año. Esta inquietud se ha incrementado después de mis fracasos con Andrea y Mariana, dos relaciones que me hubiese gustado que duraran mucho tiempo. Será que soy muy fome, latero, desapegado, indiferente, distante, poco seductor, tosco, etc., o tal vez, tendrá que ver el hecho de que no tengo ingresos regulares, previsión, carrera profesional y otras condiciones materiales. Quizás mi conducta es muy fría, como gringo, robot o mecanizado. Como signo de que soy muy racionalizador, y mi súper yo es muy fuerte, por lo que filtro mucho mis impulsos y emociones. A lo mejor, es que parezco un “tiro al aire”, un tipo sin rumbo fijo, y, más encima medio autista.
Aunque parezca un consuelo, me parece buena la recomendación de Enrique Donoso, en el sentido de que para el hombre, lo mejor es “casarse” sólo entre los 35 y 40 años, pues de esta manera no se truncan los proyectos personales. Por lo demás, un hombre puede ser atractivo para mujeres jóvenes hasta los 60 años, como lo demuestra el entusiasmo de Raquel por mi papá.
El próximo martes cumplo 31 años. Tal vez me reúna con algunas amistades el viernes 12 de junio por la noche (Ernesto, Ezio, Pepe, Quena y Loco, Elena y Leo, Rodrigo, etc.). Ésta es la página 67, nací en 1967, y planeo vivir hasta los 67 años.
¿Qué cosas cambiaría y cuáles mantendría de mi relación con las mujeres?
Conservaría el principio de no mentir, de contar siempre la verdad, de ser respetuoso, amable, no celoso y comprensivo. Lo que variaría es anteponer la honestidad o sinceridad, al no querer causar sufrimiento o dolor: expresar mejor mis sentimientos y deseos. Ser más seductor, sensual, cariñoso, atento y “cálido”. Tener más conciencia del lenguaje no verbal, y de la forma o manera de decir las cosas. No filtrar tanto mis impulsos. Dosificar la entrega de información sobre mi historia. Omitir lo que no sea relevante, o que no me pregunten directamente (más discreto). Podría ser más galante y atento. No ser tan “autista” y dar a conocer más mis pensamientos o sensaciones. Parece que tendría que ser menos “entregado” o “incondicional”, menos ansioso o “desesperado”.
Me he dado cuenta de que pesando entre 73 y 75 kg me siento muy bien; ágil, esbelto, pintoso. Según los cálculos que se usan, lo menos que debería pesar son 70 kg, tomando en cuenta mi estatura (aprox. 1,88 m).Es una realidad que ya no me motiva como antes el tema del cambio social.

jueves, 28 de mayo de 1998

Esta mañana comenzamos, con Gennadi y Santiago, el trabajo en la embarcación. Ellos están muy acelerados, algo atolondrados me parece. Yo me encargué de desarmar y limpiar la cocina a gas. Ellos decidieron no sacar el eje de la hélice, y se ocuparon en limpiar la lancha. En algunos instantes, Chago se puso pesado y enojón, pero debo estar consciente de la diferencia entre mi rol de asistente administrativo, y nuestra relación de amistad.

miércoles, 20 de mayo de 1998

La noche del domingo 10 al lunes 11 de mayo, Mariana me pateó. Fue una extraña sesión. Habíamos estado estudiando durante la tarde, y, como a media noche, nos recostamos para hacernos cariños por una media hora, antes que yo me fuera. Ella me preguntó qué cosas suyas no me gustan. Le contesté que su obsesión por criticar y meterse en la vida de los demás; su poca aceptación de la diversidad. Reflexionó que antes no era así; que empezó con esa manía hace un par de años, cuando falleció Aníbal. Luego, comenzó con su discurso de que lo nuestro no resultaría, porque yo soy de un tipo de personalidad –al igual que Sandro y Chicho- incompatible como para ser pareja de ella. Continuó con sus reproches hacia mi forma de ser: que descanso y me apoyo en los demás; que soy cómodo, pechador; que utilizo a las personas y me aprovecho de que me tienen buena; que soy un mantenido y dependiente, tanto material como emocionalmente; que soy alaraco, hipocondríaco y “mina”; que voy a la deriva y son las circunstancias las que me manejan, sin que tome el toro por las astas; que, por una parte, cuando se trata de acontecimientos y hechos, soy un “hocicón”, en cambio, para expresar sentimientos e ideas relacionadas con emociones, me tranco y parezco una ostra. En fin, afirmó que ya me había sentenciado y condenado; que quería terminar conmigo, que no tenía claro sus sentimientos hacia mí, etc.
Pasamos seis horas entre conversación, besos, abrazos, caricias y sexo. Se quejó porque, según ella, cada vez que le hablo, paso todo por un filtro o cedazo, siendo contadas las ocasiones las que le digo cosas espontáneamente. Habló de sus celos por Andrea; su rabia por no ser la que yo más he querido.
Ese lunes me sentí profundamente triste, con mucha pena, y lloré en algunos momentos. Para el martes ya me sentía mejor, con una especie de alivio por el fin de una tensión o conflicto entre mis proyectos previos y las cosas que planeaba hacer para “jugármela” por la relación con Mariana (trabajar media jornada en periodismo institucional, y tener una pequeña residencia en Santiago). Al contarles a Ezio, Ernesto, Walter, Hugo, Santiago y Pepe lo que me había pasado, todos me dijeron que era mejor, pues me había “librado” de un tremendo “cacho”, que hay muchas mujeres más, que Mariana parece ser una tipa súper enrollada y atadosa, etc.
Como tenía que recuperar el disco de música del Brasil, y como también pensaba mucho en ella, esperé para llamarla el domingo por la noche. Me habló con cariño y me puse contento. El lunes en la noche la volví a llamar, ahora desde la casa de Leo; nos quedamos de juntar el martes a las 17 horas en la cafetería del campus San Joaquín. Se despidió con el clásico “besito”. Me alegré. Nos encontramos en el lugar y a la hora indicada; me convidó un café y un súper 8. Conversamos. Yo le expuse algunas ideas: que su decisión había sido correcta; que yo me sentía más aliviado, que no tenía rabia ni resentimiento, que me tincaba que siempre habría algo rico entre nosotros. Ella comentó que había sentido una profunda pena, y que creía que yo no volvería a llamarla. Nos miramos mucho a los ojos, sonreímos, estuvimos muy cerca físicamente. Tomamos el metro. Mariana confesó que al igual que cuando Milko quiso venirse a trabajar acá por ella, ahí fue cuando terminó la relación, cuando “cachó” que yo en serio planeaba volver a Santiago (la capital) por estar más cerca de ella, en ese momento decidió cortar el vínculo de pareja. Es paradójico que justamente lo que yo hice para jugármela por la relación, fue lo que provocó su quiebre. Me parece que Mariana resiente mucho que su pareja no posea un “cuento” o proyecto propio, y que hagan virajes grandes por ella, pues así se siente “comprometida”, y “culpable” si es que la relación fracasa.
Al llegar a la estación Baquedano, me acompañó hasta la bajada del andén que va hacia el poniente. Después de que le expliqué cómo podía ubicarme por teléfono, nos despedimos y colocamos las mejillas para un beso. Pero, yo busqué su boca y ella no me evitó. La besé suavemente y le di un abrazo. Nos besamos, abrazamos y acariciamos un rato, mientras pasaba un montón de gente a nuestro alrededor. Nos pedimos cuidarnos mutuamente y nos separamos. Subí al tren y me di cuenta de que ella me miraba desde el otro lado de la vía. Fue bonito. Quedamos de vivir el presente, sin proyectarnos ni pensar en el futuro. Me parece bien, lo mejor. Deseo jugármela por el proyecto de pesca y la asesoría en gestión, por mi carrera académica y mis ideales. A Mariana la quiero mucho, y pienso que entre mejor me vaya en mis trabajos, mejor podría ser la relación con ella.

domingo, 19 de abril de 1998

El miércoles 8 fui al funeral de mi abuelo, el Papo, quien falleció a los 86 años. La ceremonia estuvo a cargo del cuerpo de Bomberos; comenzó en la Séptima Compañía, para dirigirse al Cementerio General. Para entrar el féretro al Mausoleo de los bomberos, me pidieron que ayudara a llevarlo, junto con Gus, el papá, Rafael y dos autoridades bomberiles. Fue extraño, porque con el Papo nunca se desarrolló una relación de abuelo-nieto, por lo que no sentí pena; quizás un poco al ver afligidos a Rafael y a mi padre.
Esa noche fui al departamento de Mariana, y la esperé recostado en el living. Llegó como a media noche con su amigo Mauricio. La situación fue un poco tensa, pero él finalmente se marchó. Ella me besó y nos abrazamos; conversamos largamente y nos pasamos a la cama. Comencé a excitarme, pero, cuando Mariana comenzó a acariciar mi zona genital, se vino a mi mente el tema por lo que me había pasado la vez anterior en la ducha, y me enfrié totalmente. Me puse nervioso, traté de explicarle lo que me pasaba, y ella me calmó. Después de un rato, me concentré en tocarla para causarle placer, y, así, mis funciones volvieron a la normalidad. A la mañana siguiente, temprano, Mariana me despertó con un beso, ya que yo había dormido en el living. La acompañé al metro San Joaquín, y me encaminé al terminal de buses.
Nos volvimos a juntar el viernes en la noche, dormimos juntos, y la acompañé hasta las 16 horas del sábado. Nuevamente, llegué a su departamento el domingo como a las 20 horas. Fuimos a saludar a Omar y, de regreso, nos acostamos. Ella tuvo insomnio. El lunes, mientras yo fui a la consulta de Omar, Mariana buscó libros de Weber en la Biblioteca. Esa noche-madrugada hicimos el amor, con condón. El problema fue que la cama sonaba mucho, por lo que no fue muy tranquilo, ya que en el departamento estaba Marcia durmiendo en su pieza.
Hasta hoy hemos hablado cuatro veces por teléfono. Se cumplen dos semanas desde nuestro primer beso. Me gusta y la quiero. Por eso me inquietan sus preocupaciones, pues son asuntos que yo también me he planteado. Son cuatro temas:
1) Ambos somos enrollados y con tendencias depresivas. Quizás la mejor pareja sería alguien más “Light”, menos complicado, y más animoso.
2) Ella se urge por mi “cantidad” de relaciones anteriores; por la inestabilidad emocional que he mostrado hasta ahora. Dice que no quiere sufrir más por abandonos.
3) La distancia. Si trabajo en el sur, van a ser pocos los días que nos veamos.
4) Fragilidad económica. Para planificar como pareja y proyectarse, se requiere seguridad financiera.
Como dice el dicho: “salud, dinero y amor”. Estos tres deseos se interrelacionan entre sí. Para lo primero, hay que cuidarse, prevenir y controlarse periódicamente. Con respecto a lo segundo, es preciso contar con un trabajo que permita un ingreso monetario suficiente para todo lo básico; y, en cuanto a lo tercero, hay que cultivar las relaciones humanas, y, cuando el amor existe, desarrollarlo. Quiero pensar positivo, y creer que podré lograr y armonizar estos tres aspectos. Para esto es importante ser flexible, “avispado”, y tener capacidad de adaptación.

viernes, 17 de abril de 1998

Continuando con el análisis de mi biografía, es justo a los 7 años (1974) cuando a nivel mundial comienza el giro ideológico hacia posturas conservadoras. El idealismo de los sesentas, empieza a verse frustrado, y el desencanto lleva a la proliferación de grupos terroristas: las Brigadas Rojas, la Facción del Ejército Rojo (Alemania), etc. La década de los setentas finaliza con el movimiento Punk, y su consigna de “No futuro”. En 1973 está terminando la guerra de Vietnam y, en 1974 ó 75 se produce el genocidio en Camboya, bajo el gobierno de Pol Pot.
En Chile, luego del Golpe, viene la persecución de los disidentes, con miles de ejecutados, muertos, desaparecidos, torturados y exiliados. Al año siguiente, se produce la crisis con Perú, que condujo a una gran movilización de tropas hacia la frontera con dicho país.
Recuerdo la participación de mi papá en las movilizaciones de los camioneros en contra del gobierno de la UP. También, los enfrentamientos cerca de la casa, cuando nos escondíamos bajo las camas, y el bombardeo de la residencia de Allende en Tomás Moro.
En toda esta etapa, recibí los cuidados y el cariño de Bernarda, mi nana y empleada de la casa.
Mis mejores amigos fueron Rodrigo Pemjean, Jen Pfeifer, Igor Garib, y, al final, Gastón Madariaga.
Entre el final de la niñez y el comienzo de la adolescencia (pre-adolescencia) es cuando, aproximadamente, se me desencadenan los síntomas de neurosis obsesivo-compulsiva. A esa altura, mis abuelos estaban muertos y la casa de Limache era habitada por la familia de la tía Ully. Allí me mordió Koyak en mi mano derecha, cuando me acerqué a hacerle cariño. Por esos años, protagonicé una pataleta cuando el papá vendió el Chevrolet 56, auto que mantenía como “joyita”. En uno de esos veranos, fuimos con un Chevrolet 49 a Vichuquén, a una casa grande que había servido como discoteca. A esas vacaciones nos acompañó Jaime Guzmán, con quien, en esa época, éramos muy amigos. También fueron por algunos días mis primos Juan José y José Miguel, la Ully, Lorena Andwanter. Había una familia d amigos de mi papá, que tenían dos hijos, de 15 ó 16 años; un hombre y una mujer. Ella me gustaba, aunque lo único que me acuerdo es que era delgada y de pelo oscuro. Visitamos el pueblo de Vichuquén, y el hospital en donde el Fati había sido director. Conocimos a don Tránsito, y a una familia propietaria de tierras, en donde cabalgamos por un buen rato. En ese mes, estuve en cama con amigdalitis; un paco me puso una inyección, y supe de muchas historias de brujas, fantasmas, supersticiones y seres terroríficos.

jueves, 9 de abril de 1998

“Al tener que abandonar una institución que los cobijó por largos años, muchos sufren lo que se llama neurosis institucional.
Pertenecer a un lugar da garantías y seguridades de manera tal que la propia identidad se confunde con la de la institución” (Germán Zanghellini)

“Las necesidades pueden existir y no ser conscientes. No por eso dejan de estar ahí y expresarse. Somos más bien nosotros los que no sabemos interpretar su lenguaje”.
Aparecen, primero, como una desarmonía. Algo se ha roto en el equilibrio que nos mantenía tranquilos. Surge el anhelo de volver al equilibrio roto, la impaciencia, la angustia.
Si ésta se prolonga, aparecerá la frustración con rabia o la depresión. La agresión al otro o la agresión a sí mismo. Todo este proceso puede durar muy poco o mucho tiempo. Dependerá de la constitución y/o del carácter del individuo, de la educación, de su cultura.
Habrá que descubrir las necesidades no descubiertas, ignoradas o resistidas por el consciente y desarrollar los recursos para satisfacerlas o sublimarlas”. (Germán Zanghellini)

Esta tarde, en las habituales conversaciones con Santiago, reflexioné sobre cómo nos cambia la vida, las emociones y el ánimo, el tipo de pensamiento que sea hegemónico. Muchas veces, me veo envuelto en ideas negativas, pesimistas, derrotistas, perdedoras, entreguistas, con lo cual siento que soy dominado por los acontecimientos. En cambio, con un pensamiento positivo, optimista, ganador, luchador, generalmente percibimos que es uno el que controla las situaciones.
Este tema surgió después de contarle a Santiago mis diálogos con Mariana, en que yo le expresé mis temores por mi eventual viaje al sur. Miedo a estropear una relación que me gustaría fuera exitosa. Susto ante una pérdida de interés de ella o mío.

martes, 7 de abril de 1998

He llegado a la conclusión de que, si bien es importante y valiosa la coherencia, la congruencia, la consecuencia, el tratar de vivir de acuerdo a los principios e ideales, lo es más la capacidad de adaptación e innovación. Esto implica que es necesario ser más flexible y no evitar el cambio. Las rigideces y el dogmatismo, el estancamiento y la fosilización llevan a la neurosis y a la amargura. Esto no implica que haya que convertirse en un oportunista, ser “veleta”, acomodaticio o “chueco”. Lo que pasa es que nunca hay que olvidar que el objetivo es poder estar contento con uno mismo, con los demás y con la vida.

El sábado en la noche conocí a Mariana. Ella es alta, delgada, de tez blanca, pelo castaño claro y ojos mostaza. Llegó con Marcela y, casi de inmediato, nos pusimos a conversar. Lo hicimos toda la noche, y, si en un principio no era más que una rucia buena moza, para cuando se iba, ya me gustaba bastante. Creo que fue su conversación lo que me cautivó (lenguaje verbal, corporal y voz). Al día siguiente, la llamé a mediodía, para decirle que me había gustado hablar con ella y que quería verla antes de irme. Ella me invitó a su departamento, para después de almuerzo. Llegué como a las 19 horas, y nuestro diálogo fluyó con mucha facilidad. Cenamos tallarines con ensalada, acompañado con un vino blanco. Continuamos la charla, con temas relacionados a nuestros romances pasados, las respectivas familias, nuestros sueños e ideales, etc. Cuando estábamos retirando la mesa, me acerqué a ella en la cocina, y, como a la tercera vez que nos íbamos a cruzar, la miré y le di un abrazo cariñoso. Comenzamos a besarnos y a darnos caricias. Pasamos de la cocina al living, y, luego, a su cama. Entretanto, seguíamos contándonos nuestras vivencias y pensamientos. Es sorprendente la cantidad de cosas que nos unen. Ambos conocemos lo que es tener depresión; los dos estamos alrededor de los 30 años, solteros y sin hijos. Tanto ella como yo somos de izquierda y un poco “hipis”; nos gusta la soledad, leer y reflexionar. Nuestro ideal de pareja es con la mujer profesional, trabajando “fuera”, y el hombre apoyándola en el hogar, aunque sin dejar de desarrollar sus inquietudes. Creo que compartimos intereses intelectuales y de formas de vida. Cada uno, aunque proviene de familias de sector medio, “acomodadas”, es “desclasado, marginal e inconformista” Otra cosa muy significativa, es la coincidencia en el tema de las predicciones hechas por “brujas”. A ella le dijeron que su más prolongada y plena relación la tendría con un hombre alto, delgado, moreno y con hermosos ojos; que sería madre de una niña, que habría un piano en su casa, y que estaría rodeada de negritos. En mi caso, a mi mamá una bruja “vio” que yo me “casaría” con una mujer rubia. Además, Mariana me contó que me encuentra parecido a un medio hermano mayor, que falleció de cáncer a los 28 años, sobre todo en la sonrisa. A ella le gustaba mucho cuando niña.
Obviamente, también tenemos diferencias. Ella fuma, yo no. Le encantan los animales y las plantas, a mí no tanto. Dijo que es celosa, jodida y absorbente; así como intolerante y radical. Sus pololeos han sido pocos, pero largos, en cambio, los míos, varios y cortos.
Me gustó mucho estar abrazado con ella en su cama. Nos erotizamos mutuamente hasta la seis de la mañana, y, el lunes, desde las 13 hasta las 18 horas. Fue excitante, y, aunque no hubo penetración, lo pasamos placenteramente. Al final, ella no quería usar condón sino que practicar un coitus interruptus. Luego de discutirlo un rato, decidimos hacerlo mientras nos ducháramos. Allí pasó lo único penca de toda la historia: por primera vez en mi vida, no me excité ni mi pene tuvo erección. Me sentí muy mal, avergonzado y culpable, me bajó toda la inseguridad y el miedo a que tuviera una disfuncionalidad sexual. Estaba nervioso y perplejo. Ella se mostró un poco incómoda, pero también comprensiva. Le buscamos explicaciones: el temor a hacerlo sin condón; lo machucado que quedó el pene después de tanta refriega, el cansancio y falta de sueño; demasiadas expectativas; el apuro o poco tiempo que teníamos; el agua y la humedad, etc. En todo caso, me sirvió para darme cuenta lo mucho que ella me importa e interesa, y que Mariana es una linda persona. Yo quedé muy preocupado por el bochorno y sus consecuencias. Sin embargo, cuando nos besamos en la despedida, volví a sentir excitación, por lo que me tranquilicé un poco. Anoche y hoy, mientras recordaba el contacto físico con ella, tuve erección normal, me masturbé y llegué al orgasmo como siempre. Esto me relajó aún más, y me hace pensar que lo que ocurrió fue una especie de “impotencia” momentánea, y con causas muy puntuales, por lo que no creo que se vaya a repetir. En esto, la mente juega un papel decisivo, por lo que hay que pensar en forma positiva, optimista y ganadora. Quiero jugármela por esta relación, porque me proyecto mucho con ella. Siento que puede ser un amor grande y duradero. Por lo mismo, que resulte es para mí prioritario, con lo que mis otras ocupaciones deberán permitir que este vínculo se fortalezca. En lo más próximo, si el proyecto de pesca llega a ser un obstáculo para la realización del proyecto amatorio con Mariana, buscaré un trabajo más cercano geográficamente. Deseo intensamente que este encuentro se convierta en una pareja que se proyecte, ojalá, para lo que nos quede de vida. El sustento económico se puede conseguir en muchas partes, en cambio, una pareja a largo plazo y satisfactoria, es menos probable. Por lo mismo, el amor es lo primero, y lo que más se debe cuidar. Trataré de conciliar la labor de pesca con esta relación, pero tengo claro que el plazo es de unos cuantos meses. Sé que con Mariana apenas nos estamos conociendo, pero esto es lo que siento en estos momentos.