domingo, 30 de marzo de 1997

Hace dos semanas que me vine a vivir y trabajar a la costa. Acondicionar el taller y las máquinas nos ha significado mucha pega; además, he tenido que diseñar modelos para los documentos que la gente timbra en el SII. Este trabajo representa un gran porcentaje del total de la demanda en esta zona. Lo único que me ha dado lata hasta el momento es que Walter pasa todo el día quejándose, se cansa muy pronto y gasta mucho dinero en bebidas alcohólicas y cigarros. Se nota que no es un tipo aperrado para laborar, sino que es bastante exquisito para sus cosas. En todo caso, posee varias virtudes que compensan: solidario, buen cocinero, sencillo, honesto, libertario. Con Yury nos llevamos bien, y es un buen tipo, divertido y con harto de “maestro chasquilla”.
Con respecto al Puerto Antonio, lo penca es el olor a pescado podrido que se siente en Barrancas y los tacos que se producen en la plaza. Cartagena es agradable, aunque las playas son un tanto cochinas o sucias. En cuanto a las mujeres, he visto una buena cantidad de lolas y tipas bonitas, con una buena proporción de morenas de pelo negro, como a mí me gustan.
Por lo pronto, mi intención es ir al oculista, comprarme anteojos, arreglar la bicicleta y pintarla, y encontrar un lugar en donde poder hacer deporte. Para esto necesito que alguien me regale zapatillas, ojalá me las obsequien para mi cumpleaños. Otra cosa que tengo la oportunidad de hacer es aprender a cocinar bien.

lunes, 17 de marzo de 1997

Esta es mi primera noche en la casa de Cartagena. Es un lugar agradable, acogedor y sencillo. Si bien le faltan las terminaciones y el agua caliente, es un hábitat amable; tiene dos piezas, un baño y una cocina que está unida a un amplio living-comedor. Desde sus ventanas se ve el mar y ahora, de noche, se escucha el oleaje de la playa.
Anoche, en la fiesta de Cecilia, una niña dijo: “el Wari es universal; es de todos y de nadie a la vez”. Fue un comentario que me pareció entre atinado y divertido.

domingo, 9 de marzo de 1997

En tres meses más cumpliré 30 años. Un tipo que estaba en el stand de Blue Dreams en Casa Piedra opinó que me veía menor por mi cara de bueno e inocente. A esa fiesta, con bar abierto y recital de Los Pericos fui con Sergio, Marisol y Esperanza. Esta última no me pescó ni para el hueveo y, a veces, me daba la sensación de que yo le caía mal o algo así. Sergio dijo que era porque ella es tímida. Puede ser que cuando dos personas “cortadas” se conocen en esas circunstancias ocurra ese fenómeno de parecer que ambos no están ni ahí con el otro. También conocí a Gabriela, una castaña de ojos claros que encontré parecida a Ornella Mutti, y que comparte un departamento en las Torres de Tajamar con Marisol y una tal Macarena (hermana de Esperanza). Se supone que Sergio le había hablado de mí, y que esperaba conocerme. Espero que no se haya decepcionado. Me parece el caso similar al de Alejandra, la amiga de Marcela que se suponía éramos “el uno para el otro”, y que, después, no supe más de ella.
Este fin de semana confirmé una vez más que me gusta mucho bailar, que es una grata forma de expresión y de ejercicio. Es rico moverse al ritmo de la música, transpirar y quedar agotado, para luego, dormir profundamente.
La fiesta de Casa Piedra era una promoción de un grupo de empresas que apuntan su fuerza de venta al segmento de la juventud acomodada del país. Fue una muestra de derroche, de cómo despilfarra la plusvalía arrebatada a la población más humilde y trabajadora, los sectores más ricos de la sociedad. Me viene a la mente la canción de Los Prisioneros: “por qué los ricos tienen derecho a pasarlo tan bien, si son tan imbéciles como nosotros”. Aunque ese “pasarlo bien” muchas veces no es más que una vorágine de consumo y hedonismo vacío y alienante. Lo que pasa es que la gente con mayor nivel económico dispone de más tiempo libre, ocio y acceso a recursos que aquellos que son más pobres. Pero, lo que haga con esas posibilidades es otro cuento: cultivarse o degenerarse, desarrollarse o corromperse. De todas maneras tiene la opción. En cambio quien debe “romperse el lomo” trabajando, tan sólo para sobrevivir; quien por lo general ha recibido escasa o mala educación, salud y alimentación, posee un limitado tiempo para el ocio, el cual, la mayoría de las veces, ocupa en ver TV, tomar alcohol o ir al estadio de fútbol. Las lolas que atendían el bar pertenecían casi en su totalidad al mismo sector que al que servían, y seguramente eso se refleja en cuánto les pagan. En cambio, las personas que hacían el aseo o estaban de seguridad, se notaba que eran de una clase “más baja”.
Algunas veces pienso: “y qué me importa a mí, si siempre ha sido así (ese “siempre” se refiere sólo a lo que conocemos como Historia) y, además, un día yo moriré, y todo da lo mismo”. Sin embargo, no puedo evitar sentir rabia, porque podría ser distinto; cada persona podría disfrutar y gozar, desarrollar sus potencialidades, amar, crear y construir, dando lo mejor de sí al resto… Estoy convencido de que lo que más nos ayuda a sobrellevar la existencia con su absoluta absurdez es la comunicación con los demás, el contacto, el vínculo, la relación, el compartir, la convivencia, la reunión. Lo paradójico es que yo he sido tildado varias veces de “ingrato”, porque ocurre que pasa mucho tiempo en que no me comunico con personas que me aprecian. Lo reconozco y estoy empeñado en superar esa tranca. Otro riesgo es caer en el utilitarismo, es decir, en buscar favores, bolsear, pechar o “pegar en la pera”, que es lo típico de cuando alguien se siente “utilizado”. Yo debo cuidar ese aspecto, ya que como mi ingreso monetario es tan bajo, suele suceder que mis amistades me inviten o subvencionen. El asunto es no temer rechazar ofrecimientos y aportar aunque sea poco dinero, pero tratar siempre de ponerse con algo.

viernes, 7 de marzo de 1997

El sábado pasado hicimos el traslado de la imprenta, desde La Pintana hasta Barrancas en San Antonio. La instalación se prolongó domingo y lunes, y en la noche de ese día llegué a Santiago. En estos cuatro días compré materiales y los envié por bus, digité un tercio de los estatutos y me reuní con un par de amigos-clientes. También hicimos el aseo en el local que dejamos en la clínica. Sin embargo, flojeé bastante: no he conseguido cambiar el toner de la láser ni realicé trámites tributarios pendientes. Me puse como plazo el miércoles para hacer esas cosas pendientes, además de sacar la basura del taller en La Pintana. Anoche se celebró aquí, en el departamento de EE el cumpleaños 27 de la Yeko, quien es diseñadora de la revista Blue Dreams. Las amigas de mi hermana pensaron que yo era menor que ella, que tenía como 22 o 23 años. Bailamos varias horas y, al final, fuimos a la disco Open. Me vine en el asiento trasero con una niña, Claudia creo que se llamaba; nos acariciamos las manos y la despedida fue un beso en la boca. Simpática situación.