martes, 31 de marzo de 1998

Este fin de semana que recién pasó estuve en Santiago. Fui al lanzamiento del último disco de La Floripondio. Allí me encontré con Carola, hermana de Daniela, y, sorpresivamente, con Andrea. Al verla, me saltó el corazón; conversamos acerca de mi quiste, de su entrada a la universidad y de su salud. Cuando comenzó la tocata, preferí irme hacia otro lado, pues estaba nervioso, torpe e inseguro. Al terminar, nos encontramos; le conté sobre el avance del Proyecto, y nos despedimos.
Hay amigos que no entienden que yo no me la juegue, pero siento que no estoy en un buen pie anímico como para intentar un reacercamiento. Además, no me gusta la idea de aparecer como desesperado, faldero o “baboso” por ella. Carola me señaló que su hermana estaría muy contenta si yo la llamara; que estaría encantada de saber noticias mías.
Es sábado fui a tomar once con Margarita. Conversamos sobre nuestras vidas. Fue agradable. Me confesó su extrañeza con respecto a mi relación con sus hijas: que yo no les causaba malestar, pero que tampoco se entretenían conmigo. Que Gabriela me tiene cariño, aunque yo nunca le diera la mano o la tomara en brazos. Ella reafirmó su idea de que yo tengo una “discapacidad” afectiva-relacional, que tiene parecido con el autismo. Analizamos el caso de Andrea, comentando que, según ella, sin duda que tiene que haber influido mi pobreza financiera. Se alegró de que yo estuviera sintiendo emociones que a uno lo hacen más “humano”. Llegamos al acuerdo de que la honestidad también es expresar a tiempo, y claramente, los sentimientos y las decisiones que afectan a las personas con las que nos vinculamos. Me habló de su pena por el abandono, de su rabia hacia quien la dejaba, de su trabajo y proyecciones.
Por la noche, me dirigí hacia la casa de Marisol, con la que no nos veíamos hace como cuatro o tres años. Hace poco más de un mes que fue “abandonada” por quien fue su pareja durante cuatro años. Vivieron juntos por dos años, entre Valdivia y Santiago. Ella está muy delgada, con problemas en las cuerdas vocales, y más que bajoneada. Se alegró mucho de que fuera a visitarla, y manifestó estar preocupada por mi situación de pobreza. Hablamos de nuestros carretes pasados, de la vez que fuimos a un motel, y de lo arrepentido que yo estaba por no haber querido acompañarla en 1994 a un toples. Ella bailó, cantó; nos bebimos cuatro litros de cerveza, y me contó sus expectativas por mi visita. Estaba muy complicada porque justo le había llegado la regla. Yo traté de convencerla de que eso no era un impedimento. Nos besamos, nos acariciamos, dijo que le gustaría que yo fuera su “amigo especial”, y empezó con su habitual cuento de ser “princesita”. Aseguró, reiteradamente, que mi pene era enorme, y que tuviéramos sexo con cuidado, para que no le doliera. En la mañana, mientras ella se masturbaba el clítoris, yo la penetré estando yo detrás suyo. Parece que sentía dolor y placer; ella terminó con unos espasmos y, después, tranquilamente, acabé. Después de la ducha, me convidó desayuno y me acompañó a tomar el bus. Ya en la noche nos habíamos dicho que nos queríamos, y la despedida fue muy cariñosa.
Almorcé con Gustavo y la familia de Marisol. Más tarde llegó mi papá y tuvimos un encuentro agradable. Se supone que se quedará unas dos semanas. Se le ve bien; ojalá que nos veamos y podamos mejorar nuestra relación. A la noche, me encaminé hacia el departamento de Gloria. Ella está delgada, y con un pololo desde hace un año. Le están resultando trabajos más permanentes y está contenta. Escuchó mis historias y estuvo tan acogedora como siempre.
Otra cosa de Marisol: encontró que mi cuerpo estaba más varonil, y le pareció bien que tuviera pelos, y que no poseyera guata ni rollos.
Con Gloria estuvimos de acuerdo en que el contexto en que uno se encuentra condiciona mucho el resultado de nuestras acciones. Los ámbitos de trabajo, estudios, amor, amistades, salud, etc., se potencian entre sí. Es más probable que a uno le vaya bien o que le resulten las cosas en una de esas esferas, cuando se ha tenido “éxitos”, “triunfos” o logros en las demás.
Hace unos días, en la mañana, cuando caminaba por el paseo Huérfanos me topé con Mauricio Zelada. Me llevó a conversar a un café. Nos relatamos nuestras experiencias de los últimos tres o cuatro años. Él está feliz conviviendo con una morena bonita de 23 años; me entendió muy bien cuando le expuse lo sucedido con Andrea. Recordamos hechos del pasado; hicimos análisis social de la “clase” de donde provenimos; hablamos acerca de nuestros ex compañeros, y sobre los proyectos de cada uno. Fue rico, nos reímos bastante y quedamos de vernos más seguido.
Con Margarita habíamos dialogado acerca del tiempo, energía y otras cosas que cada cual “invierte” en la relación con la gente. Que cuando se tiene “buena onda” con alguien, es un “desperdicio” no mantener esos vínculos. No con todo el mundo uno tiene enganche, piel, química, confianza, intimidad, onda, atracción, etc., por lo que cuando ocurre, se debería cuidar mucho esas relaciones. Así como cada persona nueva que uno conoce puede significar la apertura de posibilidades o de oportunidades, con los antiguos conocidos ya se tiene un camino recorrido de conocimiento mutuo que es irreemplazable.
Con Mauricio reflexionamos sobre los cambios ocurridos en nuestro colegio, barrio y ambiente social desde 1972 hasta ahora.
Caminé desde el centro hasta la Estación Central, porque no tenía dinero para locomoción, y debido a que tenía ganas de observar a la gente. Vi muchas colegialas de pelo negro y bonitas, como de mi tipo; pensé en lo aburrido, fome, quedado, gil, tímido y ganso que había sido en toda mi época de colegial. También me topé con varios mendigos, vagabundos que recogían basura, inválidos pidiendo limosna, un espectáculo deprimente. Allí medité acerca de las diferencias sociales; de cómo uno se achaca por problemas, fracasos, frustraciones, pérdidas, etc., que son insignificantes al lado de la vida pobre y denigrante que le ha tocado a otros seres humanos. Puede ser que hasta el momento no me hayan resultado cosas, que sea pobre, que no me haya topado con una pareja de larga duración, que esté con la ansiedad de no estar embarcado aún en un proyecto, etc., pero por lo menos tuve la suerte de contar con una familia, hogar, acceso a la salud y buena alimentación, ir a un colegio que no era malo, estudiar seis años y medio en la UC, conocer y hacer amistad con mucha gente buena y capacitada, entre otras garantías. En cambio, cuántas personas conviven desde niños con el hambre, frío, inseguridad, violencia, desamor, ignorancia, suciedad, pobreza, falta de recursos, entre otras cosas.
Cuántos individuos padecen enfermedades que los inhabilita para desarrollarse plenamente; cuántos tienen alguna invalidez o discapacidad física o mental; cuántos sufren los efectos de enfermedades mentales que los convierten en seres “infrahumanos”.
Al tomar conciencia de la suerte que uno ha tenido, por haber nacido en un sector medio-acomodado, por gozar de buena salud, por contar con una red de amistades siempre dispuesta a brindar una ayuda, por poseer una buena educación, pienso que con mayor razón es el colmo desperdiciar esta gracia en quejas o amarguras por “leseras”. Es el colmo perder el tiempo; con mayor razón hay que intentar desarrollar todas nuestras potencialidades, y realizar las capacidades que tenemos. Crear conciencia social, denunciar la injusticia, difundir valores de solidaridad, cooperación, ayuda mutua, respeto, democracia, libertad, autonomía, es casi un deber moral. Dar la mano a quien lo necesita es un imperativo ético. La vida es tan frágil, corta, y hermosa, que merece ser cuidada y amada.
El tiempo transcurre demasiado a prisa. Ahora comprendo a los existencialistas, y sus pensamientos de soledad, incomunicación, vacío, absurdo, nada, angustia, sin sentido, etc. La sensación de absoluta absurdidad, de absoluta soledad, de total incomunicación, de completa inasibilidad del presente ya no son desconocidas para mí. La ilusión de la compañía, de la comunión, comunidad nos hace olvidarnos por momentos de nuestra profunda soledad. Maturana dice que no se puede distinguir entre percepción e ilusión; por lo que percibir a los demás, un sentido, un contenido, no deja de ser una ilusión. La realidad es inasible. Cómo vivir tranquilo después de haber tomado conciencia de esto? Por qué nos produce angustia constatar estas sensaciones? Si el presente es sólo un instante, fraccionable o divisible hacia el infinito, lo que nos permite la cordura es la memoria (recuerdos) y la capacidad de proyectar, soñar, imaginar futuros momentos, tener ideales y utopías, esperanza, metas y objetivos. No hay plazo que no se venza, dice el refrán. Disfrutar el presente es registrar en la memoria una situación de goce, de placer, una contingencia de refuerzo. La imposibilidad del eterno estar, de extender los momentos de felicidad al infinito, nos hacen anhelar un paraíso, un cielo, un más allá en donde eso sea posible. El que vive tiene que apechugar, y ocuparse de no desaprovechar o desperdiciar su existencia con trancas, manías, rigideces, leseras, tonteras, cartuchismos, prejuicios, ataduras, vergüenzas, timidez, odios o rencores, etc. Preocuparse de la muerte es ridículo, ya que ella significa desaparecer, desintegrarse, la nada.

jueves, 26 de marzo de 1998

El martes en la mañana me atendió Gonzalo en el Hospital Salvador. Me llevó a donde un urólogo, que me palpó los testículos, afirmando que era un quiste, no un tumor maligno. Luego, me enviaron a sacarme una ecotomografía, que confirmó el diagnóstico. Como tratamiento, me recetaron un antiinflamatorio. ¡Qué alivio! Parece que me salvé esta vez. De todas maneras, quiero consultar a Omar por los dolores en la pierna e ingle izquierda, porque pienso que, además, puedo tener várices, tendinitis o algo más.
El Pepe me invitó a almorzar. Dijo que desde su regreso ha tenido mucho éxito con las mujeres, que está convertido en un buen partido. Es sorprendente su actitud positiva, optimista, ganadora; nunca se da por vencido o derrotado. Eso es algo que yo debería imitar, porque mi inseguridad me hace sentir y pensar como perdedor, con lo cual me frustro a la primera señal de negación.
Después, fui a conversar con mi mamá, la cual quedó más tranquila con las opiniones de los médicos. Hablamos sobre filosofía de vida, planes, y analizamos la comunicación intrafamiliar. Le planteé mi visión sobre su rol de “central telefónica”, y mi deseo de mejorar el diálogo y contacto con Gustavo y Ellen.
El urólogo acotó que yo me parezco a Salman Rushdie, el autor de los versos satánicos. Quizás debería “explotar más mi pinta exótica”.
Estos dos últimos meses han sido de mucha reflexión: entre la frustración por lo ocurrido con Andrea, y el susto del porotito en el coco izquierdo; entre la reafirmación del fracaso de la imprenta y la espera por el proyecto de pesca. No cabe duda de que es un momento importante en mi vida, que tiene que ver con cambios, maduración y rediseño. Por ejemplo, sólo ahora, después de casi 13 años he podido entender o comprender más ampliamente mi fracaso en Ingeniería Civil. La vida es muy frágil, transcurre muy rápido; el presente y la realidad son inasibles, y, la soledad y el absurdo son nuestros eternos compañeros. Sólo el amor y la comunicación nos “libran” de la angustia existencial, más algunas dosis de trabajo y conocimiento. El cuerpo es nuestro vehículo, medio, instrumento, herramienta; por lo que hay que cuidarlo, darle mantención periódica, hacerle revisiones técnicas, quererlo y hacerle “cariños”. Nunca es demasiado temprano o muy tarde para expresar nuestros sentimientos, o para escuchar lo que los otros tengan atorado.

miércoles, 25 de marzo de 1998

“Ni la vergüenza ni el orgullo son favorables. Lo mejor es la humildad, entendida como la voluntad para aceptar que cualquier persona puede enseñarme algo”. (Alfredo Ruiz)

jueves, 19 de marzo de 1998

Margarita decía que me encontraba guapo. Le llamaron la atención mis orejas “sin” lóbulos, que se supone eran típicas de “delincuentes” o algo así. También estaba sorprendida por mi ausencia de olor corporal, y eso que no me ducho todos los días. Adulaba mi “pericia” sexual, como amante. Hay que tomar en cuenta que ella, a pesar de su edad, y de haber estado casada durante 10 años, no tenía mucho repertorio sexual, sino que era bastante “tradicional”.
Desde hace dos años que siento molestias en el testículo izquierdo. Después comencé a sentir dolores en la pierna izquierda. Pero eran siempre ocasionales, y de corta duración. Ahora es una molestia permanente, y, además, hace más de un año que me descubrí un pequeño porotito en un conducto que está detrás del coco izquierdo. Estoy decidido a revisarme esta dolencia, con Omar o Gonzalo, y, realizar todos los exámenes que sea necesario. Quiero comenzar mi nueva etapa laboral con la tranquilidad de saber cómo estoy de salud.

martes, 17 de marzo de 1998

“La angustia es la señal de alarma más rápida con que cuentan las personas. Permite la adaptación al medio ambiente y contribuye a preservar nuestra indemnidad sicológica e incluso orgánica. (…)
Después de sortear una situación difícil, angustiosa, cuánta alegría y tranquilidad nos invade. Al querer suprimir todas las ansiedades, se corre el peligro de no gozar la tranquilidad. Es como querer vivir en una llanura artificialmente aplanada, sin emociones, sin vida”.
(Pedro Retamal)
“Hoy los científicos coinciden: la amistad, los lazos familiares y la participación en actividades sociales hacen una vida más saludable”.
Los sistemas sociales aportan:
Protección contra la depresión
Mayor independencia
Ayuda en las tareas diarias
Cultiva sus amistades
Mantiene firmes lazos familiares
Encuentra un lugar al cual pertenecer
(“Una Vida más Sana”)

Hoy en la tarde, mientras trabajaba en el patio, se me ocurrió una metáfora para la vida, que como toda imagen, ayuda a dar sentido: es como un partido de fútbol u otro deporte; consiste en dos tiempos. El tiempo total es de la expectativa de vida: 67 años para los hombres chilenos (además, yo nací en el año 67). Cada tiempo dura 33,5 años. Por lo tanto, mi primer período finaliza en diciembre del año 2000. El segundo tiempo termina en diciembre del 2033. Si vivo más, será como un alargue, y si es que es menos, como una suspensión del encuentro.
Para el cambio de lado, faltan 33 meses, y me gustaría iniciar el segundo tiempo con un marcador a favor (éxitos v/s fracasos). Para esto, quisiera lograr un trabajo con remuneración regular, estable y constante, que me diera independencia y capacidad de ahorro; contar con un “cartón” o certificado de la universidad que acredite mi grado académico de licenciado; con una consolidada red de amistades, familiares y amores, y con una práctica artística y deportiva permanente.
Antes de llegar a fines del 2000 deseo tener hecha mi biografía del primer período, y contar con una planificación o diseño para el segundo y último tiempo.
Lo primero que debo hacer es un chequeo médico y dental: la molestia en la pierna y testículo izquierdo me tiene preocupado, más aún con el porotito que me he palpado en un conducto que está detrás del coco izquierdo. Siempre me acuerdo de que mis dos abuelas murieron de cáncer como a los 55 años. Hoy por hoy, un tumor detectado a tiempo da buenas posibilidades de curación. Pienso pedirle a Omar que me guíe en este asunto, y pedirle bonos de Fonasa a Gustavo.
“La salud está primero” (Ministerio de Salud)
Paralelamente, estoy decidido a comenzar un trabajo que me dé por lo menos unos 160 mil pesos mensuales líquidos.
Junto a esto, cultivar e incrementar mi red social, con especial énfasis superar la timidez, vergüenzas y el ser “quedado”.
En cuarto punto, comenzar el hábito de aprendizaje permanente, en artes, oficios, acondicionamiento físico, conocimientos enciclopédicos, gastronomía, etc.

lunes, 16 de marzo de 1998

Antes de ayer preparé un caldillo de congrio. Me tomé el tiempo necesario para hacerlo tranquilo; pelé y piqué verduras, pre-cocí las papas, salteé los ingredientes, corté el pescado y cociné. En total, habrán sido unas dos horas, y me cundió como para ocho platos. Quedó con un gusto aceptable, y resultó bueno, bonito y barato.
El viernes y sábado en la noche la pasé carreteando con Rodrigo, su familia y amigos. La tía comentaba mi aspecto de árabe o indio, y que era bonito. Creo que esa convivencia me hizo sentirme algo mejor.
Hace unos días terminé de leer todo lo que he escrito en mis cuadernos. Debo haber comenzado como en 1990-91, y, la crisis más grande ha sido la que estuvo alrededor de los 27 años, con una gran depresión, que me llevó a tomar fluoxetina durante el segundo semestre de 1996. Tuve una recaída en febrero de 1997, justo antes de cambiare a San Antonio, y, ahora, en marzo de 1998, gatillada por la pérdida de la relación amorosa con Andrea. Ya llevo una semana con una intensa pena y tristeza, acompañada de angustia, ansiedad, bajón existencial y mucho susto. Debe ser que el golpe coincidió con la incertidumbre de mi futuro laboral y en cuanto a residencia, ambiente, contactos, etc.

“Los monopolares se dan en personalidades con un exagerado afán por el orden, concienzudos, muy cumplidores; diligentes y dedicados en su trabajo y obligaciones; necesitan mantener todo bajo control y han de tener todo previsto, sin dejar oportunidad a la sorpresa, evitando la posibilidad de fracasar y de ser criticados. Son muy responsables de no perder el tiempo, perfeccionistas, aficionados a la limpieza excesiva; de una conciencia moral escrupulosa, siguen al pie de la letra el camino que se han trazado. No se trata de personas anormales o patológicas. Por el contrario, son normales o “hipernormales”, muy estimados porque se puede confiar en ellos, excepto cuando están sufriendo la depresión con baja de ánimo y tristeza. Lo que pasa es que cuando se enfrentan a situaciones nuevas pueden tener dificultades para resolverlas por su estilo rígido de relacionarse con el mundo: fracasan por no poder adaptarse y cambiar. Se deprimen al quedar por debajo de sus aspiraciones.
Con frecuencia es posible encontrar que la depresión ha sido precedida por situaciones como: mudanza, jubilación, cambios o fracasos laborales, sentimentales, muerte de seres queridos, enfermedades prolongadas.
(personalidades predepresivas) (Pedro Retamal)

En opinión de Sergio y Santiago, yo fui a conversar con Andrea ya totalmente derrotado, perdido; en este caso estoy seguro de que ellos habrían contraatacado o habrían sido más estratégicos (pícaro o “malicioso”, según Chago). Luzmira y Pati me trataron de inocente o ingenuo, desde el momento en que Andrea no terminó con su pololo. Hugo argumentó que el “contexto” había sido muy influyente para la decisión de ella (distancia, presencia de familiares, amistades en común, etc.). Fritz sentenció que yo había sido uno más en la lista de aventuras de Andrea con hombres altos y mayores (Gorilón, Tuto, Jimi). Comparto el análisis que dice que fue un problema de falta de experiencia o “training” de ella. También Pati afirmó que había sido el típico caso en que un amante termina sirviendo para que una pareja supere una crisis.

La conciencia de lo inasible del presente y de la realidad provoca una gran angustia. Lo mismo, con respecto a la improbabilidad de la comunicación. El tiempo pasa inexorablemente; los momentos de alegría, dicha, felicidad, no dejan de ser instantes que van quedando atrás. Los guardamos en la memoria, y esperamos que lleguen otros nuevos. Es imposible estar en la cabeza de otros, o ellos en la nuestra; uno siempre está solo y más encima también es difícil conocerse uno mismo totalmente. ¿Por qué al constatar estas cosas sentimos angustia si son condiciones propias de la existencia? Es como si un deportista sufriera por pensar en las reglas del juego que practica. O será que sólo algunas personas padecemos de angustia existencial? Sin embargo, hay mucha gente que sufre depresión. Quizás son las situaciones de desequilibrio, descompesación, golpes, traumas, dolores los que hacen aparecer la angustia existencial. Puede ser que personas muy sensibles o introvertidas tengan más facilidad para “caer” en estados melancólicos. Es sorprendente que estando mucho tiempo ocupado con actividades, recuerdos, planes, creación, de pronto haya ocasiones en que la angustia existencial nos “invade”, “auto-torturándonos” con la depresión. Es como si esa realidad que, en situación de “normalidad”, está en un trasfondo, de repente se colocara en primer plano. Seguimos haciendo cosas, proyectando y haciendo memoria, pero la mente no cesa de darle vueltas a la conciencia del absurdo, el vacío, la nada, lo inasible y la finitud de la vida. Sin duda que hay factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, ya que el consumo de fármacos como la fluoxetina o sustancias como la yerba mate, producen un alivio de los síntomas. Tanto es así que después del tratamiento que hice en 1996, me parecía increíble que hubiese estado sintiéndome tan mal durante la depresión.

“En términos simples, se utiliza la influencia positiva de la palabra sobre la persona.
Un factor común a cualquier tipo de sicoterapia es su base en la relación de confianza entre paciente y terapeuta,… El tratamiento debe ser capaz de hacer renacer el interés y la esperanza en el afectado, quien logra realizar modificaciones en sus creencias y en sus relaciones interpersonales. Si resultan exitosas se constituyen en un poderoso estímulo que aumenta las expectativas de obtener mayor seguridad, control sobre sí mismo y alivio de sus conflictos con otros.
El cambio en el paciente se consigue a través de la interacción y de la comunicación. Con palabras, gestos, conductas y actitudes que el especialista logra transmitirle”. (Pedro Retamal)
“Hacerlo (reconocer la enfermedad) significaría tener que revisar la biografía, aquella que lo lleve a entender por qué, en tales circunstancias, sufre depresión, angustia, …
Sólo así se descubre que, por ejemplo, tantas actividades buscando la perfección y ser ejemplo para los demás es el mecanismo de defensa empleado para protegerse del dolor, pena, rabia. Del temor que surgió ante determinadas situaciones de rechazo, lejanía física o afectiva de los padres, conflicto conyugal, separación, pérdida de roles.
La aceptación de esos errores no sólo libera de culpas y temores, sino que dinamiza para cumplir lo que se desea cumplir, con más profundidad, plenitud, satisfacción”.
(Pedro Retamal)

jueves, 12 de marzo de 1998

“Con un fracaso se producen los siguientes estados emocionales: shock o negación, rabia, culpa, pena, aceptación y entendimiento. Todos, acompañados de sentimientos de pesimismo, falta de concentración y energía, cambios en el apetito, fatiga y menor agilidad”.
“Cuando se sufre, es necesario tomarse un tiempo para vivir el duelo y llegar al final del dolor” (Teresa Campos)

“En un duelo la persona pasa por varias fases. Cada una debe vivirse al máximo antes de resolverse. La primera fase consiste en un estado de shock, alarma y negación. ‘No, a mí, no’. Se presentan alteraciones físicas como aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, insomnio y trastornos gastrointestinales.
La segunda etapa consiste en la aflicción aguda. Estado de intenso dolor. Lo normal es llorar, gemir, gritar. No es deseable inhibirlo. Se presentan impulsos contradictorios: deseo de estar solo y anhelo de compañía, intento de evitar los recuerdos y compulsión a hablar sobre ellos. Se suman sentimientos de rabia, culpa y vergüenza. Rabia contra el destino: ‘¿Por qué a mí?’. Rabia contra lo que se perdió. Culpa por no haber hecho más para mantenerlo…
Es normal en esta fase la compulsión a hablar, pensar, rumiar sobre la pérdida. Estar perdido y no saber qué hacer. El tiempo está suspendido. Hay desorganización, temor a estar perdiendo la cordura.
Posteriormente se alternan sentimientos de esperanza y desesperanza, pero surge la necesidad de encontrarle un sentido a la pérdida.
El siguiente ciclo consiste en la integración de la pérdida y la aflicción. Si el duelo se ha vivido en toda su intensidad comienza la aceptación de la realidad y la recuperación del bienestar físico y sicológico. Disminuye el dolor y se restaura la autoestima, reorganizándose en una nueva identidad. Es posible recordar con cariño”. (Gilda Echeverría)

Primero en La Pintana y, después, en San Antonio, por más de dos años he observado y compartido con enfermos mentales y jóvenes con discapacidades físicas e intelectuales. Varias veces me he preguntado cómo esta gente tiene deseos de seguir viviendo. Será, acaso, que poseen muy baja capacidad de autoconciencia o cuestionamiento. Por eso que cuando personas que han vivido con normalidad, se ven enfrentadas a una enfermedad o accidente que las deja inválidas o discapacitadas, muchas veces desean suicidarse. En cambio, para quienes son minusválidos de nacimiento, o aquellos que pierden totalmente el juicio, debe ser más llevadero. Hay ocasiones en que la neura también me hace sentirme culpable por ser “normal” y por estar “sano”, por lo que no sería correcto pasarlo demasiado bien. Nada más ridículo, puesto que es justamente el hecho de estar en buenas condiciones lo que me debería hacer todos los esfuerzos, y emprender todas las acciones, para aprovechar la vida, disfrutar con los demás, gozar, estar contento conmigo mismo y hacer feliz a los otros.
Me parece que mi frustración por no haber podido continuar el romance con Andrea, es un fracaso más en una lista que comenzó, quizás, en 1986, al truncar mi carrera de Ingeniería. Han pasado 12 años, en los cuales, ningún pololeo me ha durado más de ocho meses; tampoco he sido tan mujeriego (difícil serlo siendo tan tímido, cortado, inseguro y quedado), no hice mi tesis ni me titulé de periodista; me fui enojado de El Canelo; no resultó el proyecto de La Hoja ni de Integrando; y el esfuerzo de cuatro años en la imprenta terminó con la quiebra. Mi participación político-social tampoco dio frutos: no fructificó el colectivo de comunicación libertaria, ni el grupo Clotario Blest, ni el Cosmo, ni los intentos de organización ácrata. En el plano nacional, la oposición no pudo hacer caer la dictadura, sino que se aceptó una transición que también ha sido frustrante. Ha existido decepción con el llamado “transformismo”, con el acomodo y oportunismo de muchos. El triunfo del NO el 88, y de la Concertación en elecciones, han tenido un dejo amargo.
Estoy a tres meses de cumplir 31 años, y no tengo previsión ni ahorros, menos propiedades. Ando con un solo lente de contacto porque no tengo dinero para comprarme el otro. En más de seis años de trabajo, aún no he llegado a un ingreso promedio que alcance al mínimo legal. Mi actual alojamiento y alimentación dependen de unos amigos, y para otros gastos he tenido que recurrir a regalos de mi mamá. Varias personas me han dicho que con mi físico podría tener éxito con las mujeres, cosa que sería compensatorio, pero mi personalidad no es funcional a ese objetivo.
En definitiva, tengo un déficit de triunfos, éxitos y logros, que no se debe a alguna incapacidad física o intelectual, sino a una falta de “lucidez”, adaptabilidad, asertividad, claridad, o “inteligencia” práctica. También he poseído demasiados complejos, culpas, trancas, autocensuras (costumbre luterano-calvinista según Walter), que tienen que ver con una neurosis no del todo resuelta.
El resultado de esto ha sido padecer, desde 1991 aproximadamente (24 años) periódicos “ataques” de bajoneo, depresión, angustia existencial, etc. En estos momentos estoy lleno de temores, miedos: a que me cueste mucho encontrar amantes o parejas, a que no aprueben el crédito Fosis, a enfermarme, a cosas más triviales como quedar pelado, a que, si el Banco nos da el dinero, fracasemos en la operación, a no alcanzar a terminar las obras que estoy haciendo en el patio de la casa; es decir, todo me parece incierto, con alto grado de incertidumbre, con muchos riesgos. Tengo miedo a no responder a las expectativas que algunos tienen puestas en mí, a convertirme en un amargado frustrado. Me da vueltas la angustia existencial por el absurdo de la vida, por la improbabilidad de Comunicación (Luhman) por la inevitabilidad de la cuenta regresiva hacia la muerte, hacia la nada. Siento mucha rabia por mi timidez, por mi escasa “entrada” para con los(as) desconocidos(as). Me asusta pensar en los futuros achaques e impotencias de la vejez; a cada rato saco cuentas acerca de cuánto me queda de juventud.
Ahora que estoy “varado” en San Antonio, he podido analizar con tiempo mi situación, y la conclusión es que necesito un cambio radical. Aunque también tengo miedo de no poder encontrar trabajo como asalariado, de entrar a trabajar y no dar resultado, de ser flojo con culpa, etc. Tengo claro que el giro en mi vida tiene que comenzar con lograr una remuneración regular que me permita satisfacer mis necesidades básicas ($ 160.000 líquido), ya que en este puto sistema para casi todo hay que tener dinero. Para movilizarse, hacer vida social, tener recreación o esparcimiento, vivienda, alimentación, salud, etc. Aunque uno no esté “ni ahí” con los lujos o bienes materiales, es indudable que nuestras condiciones materiales afectan nuestra existencia (recordemos a Marx). Una vez que consiga ese ingreso monetario periódico y constante, me será mucho más posible retomar cosas pendientes como mi Licenciatura, incrementar mi convivencia social, revisar mi salud y tener previsión, viajar, vacacionar, entre otras cosas. Del mismo modo, mejorará mi estado de ánimo, mi autoestima, disminuirán los temores, y tendré ganas de iniciar nuevos proyectos (como tomar cursos de administración o cosas técnicas, por ejemplo).
Por esto, de no resultar el proyecto de pesca, tendría que tirar mi curriculum por todos lados; a familiares y amigos o conocidos. Como primera opción para trabajar fuera de Santiago, pero sin cerrar del todo ninguna posibilidad. Es ahora, ya, que debo virar el rumbo.

miércoles, 11 de marzo de 1998

Esta es como la sexta vez que lloro en menos de tres días. Pienso que es la pérdida amorosa que más me ha dolido porque estuve un mes completo sintiendo que ésta era la pareja ideal, lo que yo siempre había soñado, y creyendo que ella también se proyectaba para una relación a largo plazo. La proyección era hermosísima y aparentemente buena.
Según Hugo, a medida que uno se hace mayor, se toma conciencia de que, por las mañas, es cada vez más difícil lograr relaciones de pareja armónicas. Entre más jóvenes, más moldeables mutuamente son las personas. Hugo tiene 35 años, y es soltero.
Para aumentar las probabilidades de encontrarse con una mujer que a uno le guste mucho, hay que conocer a muchas y frecuentar los ambientes en donde se les pueda hallar. Quedarse parado y esperando es condenarse a la soledad; hay que tener bastante “vida social”.
Junto con expresar mi pena y desahogarla, el proceso de duelo tiene que seguir con ejercicios para recuperar mi dañada autoestima.
Me acuerdo que al comenzar la relación con Andrea, yo me sentía seguro y tranquilo, pero, poco a poco me fue entrando la inseguridad, el temor a que me dejara de querer, a perderla. Efectivamente, en mi último viaje a Villa Alemana, antes de que ella se fuera a Nicaragua, desde mi llegada en aquella noche que se suponía yo iba a alojarme en Limache, pero que arribé directamente a casa de tía Juliana, me di cuenta de que yo estaba mucho más ansioso que ella por el encuentro. Andrea se mostró reservada al estar con sus amigas, y cuando fuimos a la tocata en el teatro Mauri, en Valpo.
Dentro de las moralejas que puedo obtener de esta experiencia, está el no poner acento en lo cortas y variadas que han sido mis relaciones de pareja, ya que eso me coloca un sello de “inestabilidad”, o me hace figurar como alguien que no se la juega o que se aburre fácilmente. Antes esto me parecía hasta “encachado”, pero a esta altura ya lo estoy sintiendo como algo preocupante, pues denota que hasta el momento tenía una falta de interés por proyectar los vínculos. Que ninguno de mis pololeos hasta hoy ha durado siquiera un año no es para echarse flores o vanagloriarse. Esto, además, porque el cuento de que yo soy “mujeriego” es una tremenda exageración. En verdad, hasta ahora yo he sido muy tímido y poco entrador con las mujeres, y, en comparación con algunos conocidos (Nacho, Pepe, José Miguel, Fritz, Ernesto, Walter, Santiago…) yo soy súper tranquilo.
Me he dado cuenta de que no he estado lo suficientemente en paz y armonía conmigo mismo. Tengo culpas, complejos, mitos, que necesito sacar a luz para iniciar una auto-terapia que me permita estar más contento conmigo mismo, y superar mis neuras, y depres.
Debo adoptar posturas más flexibles y relativas, que me permitan mayor adaptación, acomodo e innovación. Tengo dogmas que son absurdos, como, por ejemplo, no querer trabajar como asalariado, sino, como independiente o asociado. El tema de mi tesis, de no prosperar el crédito Fosis, debería cambiarlo por otro más simple. Me he colocado carteles que obstaculizan el cambio y el desarrollo personal, como: “soy tímido, cortado, me da vergüenza, soy quedado, no podría trabajar como empleado, etc.”. Poseo complejos por mi voz, mis hombros estrechos, por estar encorvado, por tener los pechos grandes, por mencionar algunos. Me siento culpable por querer disfrutar o vivir cómodamente, teniendo en cuenta la miseria en que vive, o apenas subsiste mejor dicho, gran parte de la humanidad. Se me olvida que yo también tengo derechos humanos, que merezco cariño, que es justicia intentar gozar, que no hay nada de malo en tener deseos, y en buscar el placer, siempre y cuando no se haga daño a otros. No tiene por qué ser contradictorio el permitirse darse gustos y auto-acariciarse, con el actuar con responsabilidad y hacer bien las cosas.

martes, 10 de marzo de 1998

Siento pena, tristeza, dolor, angustia; estoy llorando porque sufro la pérdida de una ilusión. Andrea me gusta mucho: su físico y su forma de ser. Me doy cuenta de que llegué a quererla enormemente. Si bien antes había tenido emociones muy fuertes con Claudia, Natalie, Marcela y Gabriela, creo que es primera vez que tenía tantas expectativas; y que estaba dispuesto a jugármela por una relación a largo plazo. Es distinto, por la edad y por la voluntad comprometida. Ahora que faltan tres meses para cumplir 31 años, el fracaso amoroso me pesa mucho más.
Por primera vez me da miedo la idea de quedarme solo, sin una persona amada y que me quiera. Vuelvo a sentir depresión y angustia existencial; el tiempo pasa demasiado rápido y cada día es uno menos para la desaparición final. ¿Alcanzaré a vivir en paz, amor y armonía, a conocer la dicha de tener una pareja por mucho tiempo? Siento frustración por no haber durado, hasta ahora, más de ocho meses con una polola, y por no aprovechar todas las oportunidades que se me han presentado. Tengo rabia conmigo por ser tan tímido, quedado, cortado, por no mirar lo suficiente a los ojos ni ser más asertivo.
El viernes pasado llegué en la noche a Limache, ansioso por llamar a Andrea. Ella se había ido con sus amigas a pasar el fin de semana a Viña. El sábado me dediqué a leer, lavar la loza, conversar con mi mamá, bañarme en la piscina y arreglarme la barba. En la tarde-noche se hizo un asado para celebrar el ascenso de José Miguel y despedir a Ron. Allí apareció una Lola de pelo negro, liso y largo, Fernanda, hija de Marta, que me gustó. Con Fritz nos fuimos a Villa Alemana, en donde, con Rodrigo y Ernesto nos dirigimos a una fiesta. Era un patio amplio con piscina. Tocaron batucadas y había muchas lolas atractivas, entre ellas Carola y Paulina, amigas de La Floripondio. Me reí mucho, bailé y observé. Tomé conciencia de lo absurdo que es ser tímido, de encerrarse en sí mismo y considerarse el centro de atención de todo el mundo, siendo que uno es igual que todos. Traté de esbozar un salirse de sí mismo para romper el encierro del vergonzoso. El goce de comunicarse debería ser más fuerte que el temor al qué dirán o al ridículo. Aunque Flin me presentaba amigas, yo no era capaz de entablar conversaciones, o sentía que no me pescaban. Sería bueno grabarme en video y después observar mi conducta, mi lenguaje no verbal, proxémica, etc. Creo que debo ser más temerario, y lanzarme, arrojarme, antes de que se me vaya la juventud.
Más tarde, en La Barbona, un tipo medio borracho se me acercó a hablarme de que yo le recordaba al compañero de su hermana –que vive en Suecia-, a un tipo egipcio.
Nos levantamos el domingo como a las dos de la tarde. Saqué manzanas de un árbol mientras mi primo estaba con su polola Daniela. Siento una “sana” envidia de tipos como Fritz, Pepe, Walter, Santiago, Ernesto, Nacho, que son entradores con las mujeres, cancheros y seguros. José Miguel también es así, pero no me agrada su trato indigno para con las más pobres. Más que un buen físico o pinta es la actitud y conducta de ellos lo que los hace ser mujeriegos. Son decididos y se la juegan siempre a ganador. Esa convicción, que se manifiesta en comunicación digital y analógica debe ser percibida por las mujeres, provocándoles un encantamiento.
A las 18:30 partimos a jugar una pichanga a la casa de Arturo. Yo jugué de defensa en el equipo en que estaba el Macha. La tarde estaba hermosa y lo disfruté de verdad. De regreso, pasamos al cuarto de ensayo; allí toqué percusión y batería, junto con Fritz y Ernesto. Al salir, estaba Andrea con Joselin en la cocina. La saludé y quedamos de conversar después de que me duchara. Al volver a su casa, me convidaron once, y luego salimos a hablar al patio delantero. Cuando se venía el tema más íntimo le pedí que fuéramos a la plaza. En ese lugar nos sentamos en una banca, y comencé mi desahogo; le manifesté mi impacto por su cambio abrupto hacia nuestra relación luego de que su pololo descubriera el asunto. Le conté que me había hecho muchas expectativas, películas, proyecciones y perspectivas futuras. Ella señaló que no había querido dañarme más o crearme esperanzas, y que al día siguiente de regresar al país había llamado a su pololo para comenzar la reconciliación; y que en su estadía en Centroamérica pensó mandarme una postal, pero tampoco quiso que yo me ilusionara. Más tarde, ella me tomó las manos y luego nos abrazamos fuertemente. Lloramos un poco juntos, y dijo que yo le había encantado y que había sido el primero de sus pinches que la había dejado a punto de terminar con su pololo. Caminamos de regreso y, a la entrada del pasaje, ella se detuvo en frente mío y se quedó quieta. La abracé, la acaricié, y, cuando estaba a punto de besarla, salió su hermano de la casa y Andrea me soltó. Me arrepiento de no haberla mirado más a los ojos.
Esa noche dormí bien porque me quedó la sensación de que, quizás, más adelante, yo podría “contraatacar”. De hecho, cuando estábamos abrazados ella acotó: “siento tanto desaprovechar a una persona como tú”. Al día siguiente, crucé a mediodía a su casa. No tenía las fotos porque su papá se las había llevado. Ella volvió a estar más distante y conversamos sólo de cosas triviales. Me acompañó a la estación de trenes; de todas las cosas que había pensado decirle en la noche, sólo le mencioné lo de la lista de sus “defectos” que tenía en mi pieza. Al llegar al tren, nos abrazamos y me colocó la mejilla para un beso. Me quedé mudo, subí al automotor y me despedí con la mano. Al sentarme, me invadió una profunda pena, que se tradujo en llanto antes de llegar a la casa de mis tíos.

domingo, 8 de marzo de 1998

El tema de hoy: la timidez, la vergüenza.
En mis prácticas periodísticas superé bastante mi vergüenza respecto a personas desconocidas que tenía que entrevistar. Sin embargo, con respecto a las mujeres que no conozco, sigo igual.
Primero veré los elementos más o menos “objetivos”: según las opiniones que he escuchado, físicamente no soy un tipo feo, más bien he recibido piropos por mi facha. Me han dicho que soy bonito, encantador, exótico, interesante con aires orientales (árabe, indio, libio, iraquí, afgano, etc.), “Sandokán”; que podría ser artista de cine o modelo; que mi aspecto alto, delgado, moreno, es gusto de mujeres. Las peores opiniones han ido más por el lado de la indiferencia, pero nunca de encontrarme desagradable. En cuanto a la personalidad, me parece que no soy pesado ni tonto; por el contrario, más de alguna vez me han elogiado mi inteligencia, cultura; por ser buena persona, agradable y “livianito”. Creo que los únicos defectos que me han encontrado son: el sonido de mi voz, la postura encorvada, la gravedad, no mirar a los ojos, enviar señales no verbales de distanciamiento y falta de interés, el desgano.
En suma, puedo asegurar que en cuanto a apariencia posee más atractivos que varios de mis amigos que son “mujeriegos”. Por lo tanto, la clave del asunto está más bien en las características comunicacionales de las personas.“Subjetivamente”, además, mientras mis amigos, al parecer, no tienen miedo al rechazo o fracaso, su actitud y disposición es siempre “ganadora”. En cambio, yo, muchas veces, le tengo pánico a la idea de no ser aceptado, y, en la mayoría de las oportunidades entro con mentalidad perdedora. ¿Es posible cambiar esta conducta?¿Qué tipo de ejercicios se pueden realizar para superar estas trancas? Se me ocurre que practicar la actuación del “cara de palo”, tomar con menos seriedad los intentos, es decir, hacer del abordaje de una mujer un juego, que, como tal, no tiene mayor importancia perder. La otra parte de la actuación es “mentalizarse” como si fuera el actor que hizo Sandocán, así, aunque parezca un chiste.

miércoles, 4 de marzo de 1998

Hoy en la mañana Walter me contó los planes para su imprenta: trasladará las dos Offset, mesa de luz, copiadora de planchas, guillotina, corchetera y computadora a La Florida, al taller de Lola. Además, ambos iniciaron un romance intenso, y cuentan con el apoyo de la señora Vicuña, que posee buena situación económica.
Me alegra que a mi amigo le estén resultando bien las cosas, ya que eso ayudará a que nuestra amistad se beneficie. A pesar de todos los defectos de Walter, una de sus virtudes es que sus amigos y compañeros siempre pueden contar con su cooperación.
Yo siempre he preferido conservar la amistad de las personas; no me gusta tener adversarios ni menos enemigos.
La mayor crítica que me ha hecho Walter es por mi a-sociabilidad, por mi falta de interés por la convivencia, y, por no conversar, ser hermético o no comunicarme. Debo reconocer que hay mucha gente que ha hecho la observación de que es impresionante cómo yo no abro la boca en algunas reuniones sociales. La verdad es que, generalmente, se debe a dos causas: una es que con las personas que conozco poco, o recién, soy extremadamente tímido, y, lo otro, es que a veces no me interesa lo que se conversa. Me doy cuenta de que la incomunicación, las tendencias autistas, son neurotizantes, frustrantes, por lo que estoy empeñado en cambiar, y en ocuparme más de mis relaciones sociales con amigos, parientes, conocidos, amantes, y compañeros(as).
Mi voluntad es aumentar el tiempo que doy para llamar por teléfono, visitar y compartir con las personas que tengo algún vínculo.

Andrea dijo que le gustaron mis ojos, y que tengo bonitas piernas, manos y pies. Su amiga Joselin afirmó que tengo cara de persona muy buena, que sólo me faltaba el cuello característico de los curas, para parecer uno.

martes, 3 de marzo de 1998

Ayer no tuve tanta pena, pero hoy en la tarde me han dado un poco ganas de llorar. Esta pérdida me ha hecho aflorar síntomas depresivos y neuróticos que son muy desagradables. Quiero escribir algunas cosas que me hagan “cariño”, haber si me ayuda a sentirme mejor.
“El que tiende a estructurar su vida sobrevalorando deberes en desmedro de deseos y derechos. Valora en exceso las leyes, la moral; vive preocupado de hacerlo todo bien, encuadrándose en lo que se le ordena o enseña. De ahí que cualquier decisión lo angustie porque cree que fácilmente rompe las normas que debe respetar… siente gran angustia por no poder reparar lo que supone es una grave ofensa…” (Jorge Mahaluf)
A veces he pensado que, en el fondo, me siento culpable por haber nacido y crecido en un sector socio-económico acomodado; por haber recibido buena educación, alimentos, salud, vacaciones, etc., sin tener que haberme esforzado o sin tener que trabajar desde adolescente. Al tomar conciencia de pertenecer a una minoría de personas y familias, y observar que existe gran cantidad de gente que padece deficiencias, que no tiene todas sus necesidades básicas satisfechas, o que debe trabajar desde la infancia para obtener lo que desea. Otra culpa no reflexionada ha sido por mi impotencia para cambiar esa situación de injusticia social.
Siempre he detestado el lujo, la ostentación, el derroche y el despilfarro. Creo que la influencia de mi familia materna ha sido importante para tener esta visión, pues la experiencia de sobrevivir a dos guerras mundiales, produjo una fuerte escala de valores, en donde lo material debía servir exclusivamente para la sobrevivencia, la subsistencia, y no tenía que desperdiciarse en superficialidades.
Otra herencia cultural de mi familia materna es el aprecio por la humildad, modestia y sencillez. También mi mamá siempre nos remarcó la valoración por la rectitud, la honestidad, la transparencia, sinceridad y por la verdad. El diario de mi bisabuelo Moller, en su oración final, resalta el sacrificio y el trabajo, junto con el esfuerzo y ahorro. De la autobiografía de mi abuela “Muti”, se destacan la solidaridad, el cariño, y el amor por amigos y familia.

domingo, 1 de marzo de 1998

Ayer y hoy por la mañana estuve con Rodrigo, Quena, Catalina, Álvaro y María Teresa. Me invitaron a almorzar, fui a la playa de El Tabito, tomé once, participé de un asado con machas y reinetas. Había dos parejas más anoche, con niños(as). Fue una jornada agradable. Además, conversando con el papá de Rodrigo, se me abrió la posibilidad de, en caso de no concretarse el proyecto de pesca, postular al Servicio País. Tengo, eso sí, que averiguar si cumplo con los requisitos para postular.
Estoy leyendo los artículos de sicólogos y siquiatras que aparecen en “Para abrir la mente”. Transcribo:
“Cataloga de neuróticos a la gran mayoría de sus pacientes.
-Perseguidos por su inconsciente. Este es como una aplanadora sin freno, solamente con acelerador y volante. El neurótico corre delante para que no lo aplaste. El sicoanálisis lo primero que le demuestra es que no va a poder parar la aplanadora. Por eso, hay gente que se frustra, quieren evitar esta pesadilla. El buen sicoanálisis le permite subirse a la aplanadora, tomar el volante y manejar sin freno.
El suicidio es lo único que la detiene.
-Porque efectivamente deja de avanzar. Me dejo aplastar, muero y se acabó la cuestión. El sicoanálisis permite subirse a bordo. Evita, además, que pase por encima de quienes lo rodean porque el neurótico anda con sus síntomas contaminando a todo el mundo” (Gonzalo Hidalgo)