lunes, 13 de octubre de 1997

Estoy apestado de:
No tener tiempo para mis “pasatiempos”
No tener vacaciones
No tener $ para cancelar mis deudas (Cecilia, Isabel, Coco, UC)
No tener tiempo para las labores domésticas
Trabajar 10 horas diarias
No tener recursos para convivencias y esparcimientos
No tener ahorros previsionales
Por esto y por otras razones, he decidido abandonar la imprenta a más tardar en febrero de 1998. Pasaría a ser sólo un colaborador más, a cambio de poder usar el computador. Mi primera opción es integrarme al equipo de la lancha de Santiago y Gennadi. De no resultar el financiamiento, en marzo entraría a otra pega, a la espera del aviso de Olmedo.
Tareas para mis últimos cuatro meses y medio en el taller, que, de aprobarse el crédito para la embarcación, se reducirían a dos y medio:
En imprenta:
Completar la Memoria (enviar copia a Nene)
Completar la auditoría – balance 1993-1997
Hacer el Balance 1997 y la declaración de renta para abril 98.
Ordenar documentos y archivos. Copiarlos en discos sueltos.
Confeccionar cartas de presentación, tarifados y carpetas-mostrario para ventas.
Adquirir instrumentos para perforar y foliar. Acondicionar tipográfica.
Gestionar venta de maquinaria prescindible.
Diseñar registro de mantención, producción y programación.
Diseñar método de cálculo para cotizaciones.
Investigar sistema fotomecánica, criollo.
Implementar laboratorio fotomecánica.
Personal:
Hacer inventario de cosas regaladas por papá y mamá.
Seleccionar y clasificar equipaje básico (botar o regalar el resto).
Elaborar archivos.
Mantención de bicicleta.
Coser bolso de cuero y ampliarlo a mochila.
Coser parka azul marino.
Adquirir pantalones impermeables.
Cambiar suela a zapatones.
Retomar registro financiero y hacer cuentas.
Hacerme revisar dentadura.
Ubicar a ex compañeros de colegio y universidad.
Escribir carta a mi papá.
Estudiar estadística y programa Excel o Lotus.
Redactar y diagramar mi Curriculum Vitae.
Empastar enciclopedias de regalo a hijas de Margarita.

miércoles, 1 de octubre de 1997

La semana pasada decidí incorporarme al equipo que Santiago ha ido conformando para trabajar la embarcación que tiene medio comprada. Esto significa que, a penas consigamos el financiamiento y se acondicione la lancha, yo empezaría a laborar con tuti en las funciones que fuesen necesarias. En cuanto a la imprenta, de concretarse el proyecto naviero, yo pasaría a ser un colaborador en mis ratos libres. De todas maneras, creo que lo más adecuado para la sobrevivencia del taller, es que se convierta en una organización social sin fines de lucro, que produzca trabajo previamente financiado, vía proyectos concursables, auspiciadores o financistas. Tendría que ocupar un local en donde no fuese necesario pagar arriendo, con una permanencia o punto fijo a cargo de Walter, ya que es el único del grupo que no requiere trabajar para subsistir. Todos los recursos humanos necesarios se subcontratarían o se tomarían part-time, mano de obra a trato o a honorarios. De todos modos, Héctor tendría que llegar a ser el prensista principal. Si lo de Santiago Olmedo no resultara, yo seguiría en la imprenta hasta fines de 1998. Pase lo que pase, estoy en campaña de ocuparme más de mi hábitat y de organizar mejor mi tiempo. Mi ideal de vivienda sería un departamento de una pieza, con baño, cocina-comedor-living, que tuviera un TV color con pasador de videos, una radio-cassettera, refrigerador, cama de plaza y media, y lito.
De no resultar las cosas por acá, no tengo ningún deseo de volver a la capital, por lo que buscaría pega en otra ciudad a escala humana. De todas maneras, yo ya avisé a Walter y a los demás integrantes del grupo que yo iba a buscar, de aquí a fin de año, una actividad fuera del taller, que me generara mi principal ingreso. La verdad es que con Walter ya es casi imposible hacer equipo, porque produce estancamiento, dejación y chatez.