domingo, 31 de julio de 1994

El martes pasado, después del lanzamiento, que Tito hizo de su libro, conocí a cuatro muchachas. Las dos primeras, las contacté por medio de Ezio, quien estaba conversando con ellas. Paula, de 21 años, y Carola, de 19. Ambas, según contaron, con problemas familiares y de conducta; las dos habían pasado por tratamiento por adicción a la cocaína. Niñas con una existencia en torno al carrete, a la evasión y el vagabundeo. Creo que le gusté a Carola; pero nos despedimos sin quedar en nada. Ella es la más “loca”; su forma de ser es de persona media “huequita”. Le encontré un aire, en sus movimientos, a la Cecilia; como coqueta y sexi. Más tarde, conversé con una tipa que la encontré atractiva desde el comienzo. Ya estábamos en la casa que arrienda la familia de Tito. Ella es de Concepción y andaba acompañada de su pololo, un rockero penquista. A ella sí que le pasé una tarjeta mía, por si acaso. Luego, otra chica me invitó vino de su vaso; nos miramos fijamente a los ojos y me dijo que yo me parecía a un tal Guillermo, amigo suyo. Que se había dado cuenta cuando fruncí el ceño. Resultó ser la hermana de Tito. Cuando nos fuimos en el auto de Ezio, me senté a su lado hasta que la dejamos en su casa. Me dio un boleto de micro con su nombre y teléfono escritos. Al despedirnos nos besamos en los labios.

El fin de semana pasado, estaba en el cumpleaños de Daniela. Una amiga suya dijo que yo me parezco al actor que hacía de bueno en la película “Durmiendo con el enemigo”, protagonizada por Julia Roberts.

Hace unos meses atrás, cuando fue la última vez que salí con Marisol, tomamos cervezas en un boliche. Ella se embriagó y quiso que fuéramos a un toples. No quise porque al otro día tenía que levantarme temprano para trabajar. Ahora pienso que debí haber aceptado, pues habría sido una experiencia para recordar. La fui a dejar a su casa. Me confesó que siempre había esperado que yo sintiera algo especial por ella. Como yo le expliqué que no, se enojó conmigo.

Por qué escribo. Es entretenido en el momento, pues se re-vivencian y expresan acontecimientos e ideas. Es gozoso leer estas líneas en el futuro, ya que, entre otras cosas, se puede apreciar la evolución que experimento.

miércoles, 6 de julio de 1994

Supongo que es ansiedad lo que no me deja dormir. Hace casi seis meses que no escribo. Han pasado muchas cosas: “pololeé” dos meses y medio con Carmen, una mujer muy buena y cariñosa. Para variar, el entusiasmo me duró un mes y el resto fue como inercia.

Cuando conocí a Carmen andaba en una fiesta con Graciela. Esta última se sintió mucho conmigo cuando se percató de que yo me había embalado con Carmen.

Al otro día me telefoneó para decirme que yo la había decepcionado como persona. Estaba dolida. Han transcurrido más de tres meses y creo que ya se le pasó el enojo.

Carmen la sufrió el último mes al ver que yo no le correspondía su nivel de amor. Dijo que se había enamorado de mí. Es una lástima; yo no quería hacerla sufrir.

También estuve un mes entero bajoneado, en que logré palpar en profundidad la “absurdidez” de la existencia. Era una abulia inmensa. Tenía mucha lata y hartas cosas me daban lo mismo.

He experimentado todo el proceso de la imprenta que trajo Walter; primero como colaborador y, desde mayo, como coempresario.

En enero y febrero trabajé en mi Memoria.

Espero retomarla este mes, para entregarla antes de diciembre.

Tengo prestados mis instrumentos de percusión: la batería está donde Víctor y el bongoe en casa de Oscar.

El grupo “Clotario Blest” está en suspensión temporal, hasta pagar todas sus deudas y cumplir sus compromisos.

El proceso de transferencia de La Hoja, desde las ONGs a las OEPs ha requerido y va a necesitar mucho esfuerzo, dedicación, tiempo, recursos y energía.

Cuando uno se ha empapado de absurdidez, si uno sigue en la lógica del sentido, trascendencia o racionalidad, se llega inevitablemente a la inacción. El único motor propulsor del hacer que es coherente con la absurdidez es el goce personal, el cual –como lo pensaba Camus- implica la solidaridad (con esta y las próximas generaciones).

“Qué importa, si al final igual todos nos vamos a morir”, decía Carmen cuando adolescente.

Teatro del absurdo, de Ionesco.

“Nunca nadie me supo explicar en qué consistía la vida”, dijo una vez Clotario.

Personas que han gavillado en mi, formas de ver las cosas:

Fernando Longas (profe de Filosofía)

Pablo Alvarez (compañero de Ingeniería)

Carlos Martínez (amigo de Punta Arenas)

Oscar Ortiz (compañero libertario-historiador)

Seminaristas CSPN

Fatti y Mutti (abuelos maternos)

Tío Tedy

Rodrigo Pemjean (compañero de curso)

Jorge Saball (compañero libertario)

Estar contento, animoso es una situación circunstancial, contingente… que puede deberse a múltiples factores; pero que debe ser aprovechada al máximo, cosa que quede registrada en la memoria. Así, sirve de compensación –como recuerdo- cuando estamos en momentos “bajoneantes”.

Lucha interior entre tendencia al “gran amor”, “única pareja, eterna”, etc., y el gusto por la variedad, el cambio, la diversidad, lo “perecible”. Tener una pareja o “polola”, versus un “pool” de amigas-amantes ocasionales. La síntesis ideal es una relación tipo “Emmanuel”.