sábado, 27 de septiembre de 2003

Uno de esos tipos era oriundo de Chillán, de una familia de buena situación económica. Con la tranquilidad de contar con una futura herencia que le permitirá sobrevivir en su vejez, este hombre se largó a recorrer Latinoamérica. Como su oficio es la soldadura, puede trasladarse a cualquier parte, prestar algunos servicios, quedarse un tiempo, y, luego, seguir su camino. Se moviliza a dedo, y lleva todo su equipaje en una mochila grande, como esos grandes bolsos de los marineros. Apodado “El corrupto” era el encargado de conseguirse pescados y víveres en las otras lanchas que estaban en el muelle. Contó que tuvo una hermosa mujer e hijos en Centroamérica, pero también se aburrió y marchó. Asegura conocer todas las ciudades de Chile, y afirma que sólo recurre a su familia cuando se trata de problemas de salud, enfermedad o para comprar medicinas. Se supone que tiene unos 43 años más o menos, y que incluso ha vivido por tiempos con los gitanos. Me parece que también anduvo en moto, pero, finalmente, se dio cuenta de que lo más simple y económico era hacerle dedo a los camioneros. Según Chago, como el compadre es “pintosón”, por las tardes salía a caminar por Quellón para pinchar con alguna chiquilla. Él tenía la confianza de que nunca le faltaba una “pierna” para disfrutar donde se encontrara, por lo cual no sentía la necesidad de tener una pareja.

El otro personaje fue bautizado por Chago como “El Pastor”, y su nombre verdadero es Hugo. Supuestamente, este tipo, de unos 45 años, habría sido un militante de las Juventudes Socialistas, que recibió entrenamiento militar y en artes marciales. Él andaba con su hermano, con el cual hacían ejercicios todas las mañanas y practicaban karate. Con la transición a la democracia, se salieron de su partido y comenzaron a efectuar asaltos a bancos para obtener dinero. Cada integrante del grupo vivía y trabajaba por separado y se juntaban cada cierto tiempo para preparar un atraco. La versión del Chago es que este gallo llegó a tener muchas propiedades, vehículos, cabañas en Chiloé, pero que por problemas con impuestos, ya había perdido la mayoría de las cosas. Ahora es pastor evangélico y se dedica a estudiar la Biblia. En el tiempo que vivió en la lancha se entretuvieron planificando un robo, al camión que lleva los fondos del Banco Estado, desde Puerto Montt hasta Quellón. De creerle al Chago, ya tenían bastante avanzado el proyecto; incluso contaban con el apoyo de Manuel, el primo de mi amigo. La idea era detener el camión atravesándole un vehículo e inutilizar a los guardias con un golpe de electricidad, generado con un motor electrógeno. Luego se llevarían el dinero a la lancha, que estaría ubicada en un muelle clandestino, y zarparían con rumbo al continente. El plan contemplaba sacar el zarpe el día anterior y esconder la lancha, de manera de no generar sospechas. Contaban con el concurso de una mujer de Puerto Montt, que sería la encargada de informar sobre la salida del camión desde esa ciudad. Además debía participar un tipo que manejaba una grúa horquilla para llevarse el carro del camión hasta donde estuviera la lancha. Parece que fue esto último lo que falló e hizo abortar la acción, de acuerdo a lo que me señaló Chago.

Chago me relató una historia con una rusa que andaba en Quellón.

miércoles, 24 de septiembre de 2003

Creo que sería bueno escribir sobre el viaje al sur que hice entre febrero y marzo de este año. Fueron 40 días bastante intensos, en que conocí bastantes lugares y personas agradables. Llegué a Quellón el 14 de febrero y regresé a Santiago por el 25 de marzo. En aquella ciudad me alojé con el Chago, en la casa de Peyo. Mi amigo me contó las aventuras que había vivido con un grupo de hombres que alojaron en la lancha, durante el invierno del 2002.