domingo, 11 de mayo de 1997

El viaje de Cartagena a Puerto Antonio en bicicleta es más suave o liviano; son como cinco minutos menos que el trayecto inverso.
Hoy jugué basquetbol luego de 10 años de la última vez que entrené en la universidad (1987). Con una visión relativamente normal (lente de contacto en ojo izquierdo) la cosa cambia rotundamente. Antes todo me parecía más lejano, no veía la cara de los jugadores ni los podía distinguir para pasarles la pelota. Obviamente, me cansé más rápido que el resto, y faltó coordinación con los demás. Los entrenamientos son los martes y jueves a las 21 horas, y los domingos a las 11 hay partidos amistosos.
Uno de los tipos me dijo que parecía libanés (ya es como tercera vez que me lo señalan).

sábado, 10 de mayo de 1997

La otra noche nos acordábamos con Sergio de lo que hacíamos durante nuestra época de universitarios. En mi caso fue de 1985 a 1991, es decir, siete años. Trabajos voluntarios, protestas, elecciones de CC.AA. y de Feuc, fiestas, vigilias, paros, paseos, etc. Aventuras, pololeos, sexo, alcohol y marihuana.
Mi experiencia laboral se acerca a los cinco años y medio: El Diario, El Canelo, La Hoja, extra de TV, medidor de flujos, cajero de pescadería, diagramador y gráfico. Ha sido un período en que los ex compañeros de estudios empezaron a casarse y tener hijos, y a ponerse fomes. Por lo mismo, el carrete de esta época ha sido mayormente con gente menor, aunque nunca tanto. Los romances de esta etapa fueron con Carmen, Graciela, Soledad, Gabi, Daniela, junto con aventuras con Mónica, Sandra, Carola, Mariela. También está el tiempo de la práctica de la batería y las voladas musicales en casa de Carola y Víctor. Estuve cuidando el taller de Claudio y la casa de Rodrigo; fui con Pepe a La Serena. Las vacaciones han sido escasas en este período. La preparación de mi Memoria me llevó a leer un buen número de libros, hacer entrevistas y redactar un poco. La depresión de 1995-1996 me dejó con la autoestima muy baja y desgastado.
Estoy decidido a iniciar mis 30 años con una óptica más pragmática y realista. Las cosas que sé son: no quiero volver a vivir en Santiago; deseo tener recursos que me permitan solventar recreación, arte y conocimiento, vacaciones o esparcimiento, y poder ahorrar mensualmente para tener mi propia previsión. Esto significa un ingreso mensual de, por lo menos, unos $ 120.000 (el máximo son $ 160.000, o el promedio de entrada de los chilenos). Tomando en cuenta mi curriculum, no debería ser difícil lograrlo.

viernes, 9 de mayo de 1997

Queda un mes para que cumpla 30 años. Anteayer por la tarde, mientras tomaba onces con Cecilia en el casino del canal 13, se acercó a saludarme Corina, ex alumna de la escuela de Periodismo. Me dijo que yo era como el vino; “entre más pasan los años, mejor”. A decir verdad, ella también se veía bastante mejor que hace cinco años. Cecilia está con depresión: le suspendieron su programa de TV, y se hizo un aborto.
Al hacer el balance de los dos meses de trabajo en Barrancas, aproximadamente el 35% de las salidas del taller se han financiado por las ventas. El 65% restante, corresponde a dinero que había en caja antes de marzo, entrada por trabajos que se hicieron antes de arribar al puerto, préstamos de terceras personas y aportes de Walter. Ya hemos tenido tres reuniones con peleas, sobretodo por el asunto financiero y por la forma de trabajar. Por lo menos llegamos al acuerdo de que Walter entregará los primeros de cada mes $ 130.000 para un fondo de sostenimiento, hasta que se cumplan seis meses de actividad. Si al cabo de ese ejercicio no se ha logrado el autofinanciamiento, el taller dejará de intentar ser comercial para buscar el camino de crear una escuela de artes gráficas. Por mi parte, lo único que tengo claro en estos momentos es que no me gustaría volver a Santiago. Si nuestra empresa fracasa, a fines de agosto buscaré pega en lo que sea acá en el Puerto Antonio.
Ayer me vine en bicicleta y el trayecto lo hice en 35 minutos.
El sábado en la noche y el domingo pasado estuve en la casa que arrendó mi papá en Algarrobo. Es amplia y con todo lo necesario. Él quiere que lo vaya a ver más seguido, cosa que me parece bien ya que así sirve además para ahorrar los fondos del colectivo. También mi papá me regaló unas zapatillas y me va a cooperar en el compra de mis nuevos lentes de contacto.
En Santiago fui al Instituto de Prevención y Rehabilitación de la Ceguera. Me hicieron varios test y está todo normal. La miopía no ha aumentado.
Hace algo más de seis meses que Daniela me pateó. En todo este lapso, he tenido sólo dos encuentros físicos con mujeres; con una grado 2 y medio y la otra grado 1. Acá en la costa he visto muchas mujeres del tipo que a mí me gusta: pelo negro, morenas, mestizas, etc. Hasta el momento he conocido a Lili y Pati, dos niñas de 20 a 21 años que atienden un local de fotocopias y fax. Lili me gustó más, pero está pololeando.
También nos toca ver a menudo a tres muchachas que atienden la panadería que está en la esquina de la casa en Cartagena. Hay una mulata bastante agradable que es hija o sobrina de la dueña de una tienda ubicada en la punta de la plaza. Además está Dafne, la hija de los dueños de nuestra casa; ella es preciosa, de tez mate y con unos 16 años.