viernes, 9 de mayo de 1997

Queda un mes para que cumpla 30 años. Anteayer por la tarde, mientras tomaba onces con Cecilia en el casino del canal 13, se acercó a saludarme Corina, ex alumna de la escuela de Periodismo. Me dijo que yo era como el vino; “entre más pasan los años, mejor”. A decir verdad, ella también se veía bastante mejor que hace cinco años. Cecilia está con depresión: le suspendieron su programa de TV, y se hizo un aborto.
Al hacer el balance de los dos meses de trabajo en Barrancas, aproximadamente el 35% de las salidas del taller se han financiado por las ventas. El 65% restante, corresponde a dinero que había en caja antes de marzo, entrada por trabajos que se hicieron antes de arribar al puerto, préstamos de terceras personas y aportes de Walter. Ya hemos tenido tres reuniones con peleas, sobretodo por el asunto financiero y por la forma de trabajar. Por lo menos llegamos al acuerdo de que Walter entregará los primeros de cada mes $ 130.000 para un fondo de sostenimiento, hasta que se cumplan seis meses de actividad. Si al cabo de ese ejercicio no se ha logrado el autofinanciamiento, el taller dejará de intentar ser comercial para buscar el camino de crear una escuela de artes gráficas. Por mi parte, lo único que tengo claro en estos momentos es que no me gustaría volver a Santiago. Si nuestra empresa fracasa, a fines de agosto buscaré pega en lo que sea acá en el Puerto Antonio.
Ayer me vine en bicicleta y el trayecto lo hice en 35 minutos.
El sábado en la noche y el domingo pasado estuve en la casa que arrendó mi papá en Algarrobo. Es amplia y con todo lo necesario. Él quiere que lo vaya a ver más seguido, cosa que me parece bien ya que así sirve además para ahorrar los fondos del colectivo. También mi papá me regaló unas zapatillas y me va a cooperar en el compra de mis nuevos lentes de contacto.
En Santiago fui al Instituto de Prevención y Rehabilitación de la Ceguera. Me hicieron varios test y está todo normal. La miopía no ha aumentado.
Hace algo más de seis meses que Daniela me pateó. En todo este lapso, he tenido sólo dos encuentros físicos con mujeres; con una grado 2 y medio y la otra grado 1. Acá en la costa he visto muchas mujeres del tipo que a mí me gusta: pelo negro, morenas, mestizas, etc. Hasta el momento he conocido a Lili y Pati, dos niñas de 20 a 21 años que atienden un local de fotocopias y fax. Lili me gustó más, pero está pololeando.
También nos toca ver a menudo a tres muchachas que atienden la panadería que está en la esquina de la casa en Cartagena. Hay una mulata bastante agradable que es hija o sobrina de la dueña de una tienda ubicada en la punta de la plaza. Además está Dafne, la hija de los dueños de nuestra casa; ella es preciosa, de tez mate y con unos 16 años.

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