lunes, 1 de diciembre de 2003

Lo que recuerdo es que vivieron extrañas situaciones en una casa que arrendaban en Ancud. Marella afirmó que apenas llegó a vivir allí, sintió algo extraño y perturbador. Por las noches escuchaban ruidos y, al parecer, hubo objetos que cambiaron de lugar. Una noche, no recuerdo si a su hermano o al ex marido, le tiraron el cobertor con que se tapaba en la cama. Este último, un día llegó a la cocina y vio a una joven mujer colgando, ahorcada, desde el techo, con una mancha roja en el vestido. Él salió corriendo y, al regresar, no encontraron nada. Según Marella, con el tiempo se enteraron de que en esa casa, en la buhardilla, habían violado y asesinado a una muchacha, después de una fiesta. Otro fenómeno paranormal que tuvieron fue la visión de personas pequeñas, como adultos con cuerpos de niños, que aparecían y desaparecían fugazmente. Habrían sido “duendes”.

Desde Ancud tomé un bus a Valdivia, en donde caminé desde el terminal hacia el centro. Ahí me encontré con Elisa, que andaba con su nieta. Luego apareció Andrea y le pagué la cuota para un asado para celebrar el cumpleaños de César. Nos fuimos a la casa de éste y conversamos con Elisa. En la noche, llegaron amigos de los muchachos, y una chica que me pareció interesante. Conversamos un buen rato, y me figuré que ella también estaba entusiasmada. Sin embargo, cuando ya había pasado una buena cantidad de tiempo, se paró y no volvió a sentarse a mi lado. Esa noche dormí ahí y, al día siguiente, viajé a Los Molinos, a encontrarme con Irma.

martes, 18 de noviembre de 2003

Hubo dos historias que me contó Marella que me interesaron, y otra que me produjo bastante miedo. La primera de ellas fue su incursión en el mundo del tráfico de drogas. Me contó que a los 17 años, cuando vivía en Dalcahue, sus amistades le decían Pinky, porque era fanática de Pink Floyd, y pasaba buen tiempo escuchando su música y fumando yerba. Un amigo le propuso que llevara unos paquetes a Castro y a otras ciudades de la isla, por lo que obtenía un dinero que le servía para comprarse ropa, ir a discos, pubs y darse gustos. Llegó a ser lo que se conoce como “burrera”. Cuando tenía unos 19 años, otra joven de la misma edad, y que cumplía idénticas labores, se puso a pinchar con un tira. Al tiempo, ya le había contado cuál era su actividad y quiénes eran sus contactos. Vino una redada y cayeron algunos tipos. Pocas semanas más tarde, la muchacha (creo que se llamaba Valeska) fue encontrada muerta, con varios tiros en el cuerpo. Marella se asustó muchísimo y dejó de inmediato el rubro. Su familia se trasladó a Ancud, y, pasado un tiempo, mientras ella caminaba por la costanera, fue alcanzada por un vehículo. De él bajó un tipo que la llamó por su apodo “Pinky”. Ella nunca lo había visto antes. El tipo sólo le dijo: “acuérdate lo que le pasó a Valeska. Mejor es que permanezcas callada”. Luego, el hombre subió al carro y se marchó.

La segunda historia se refería a su verdadero origen. Su padre social, legal, no es el progenitor biológico. Antes del golpe, su mamá vivía cerca de Valdivia, me parece que en Lanco. Allí ella conoció a un tipo, algo mayor, que venía del norte y que era Agrónomo. La mamá de Marella quedó embarazada y el tipo no apareció nunca más. Más tarde supieron que él estaba casado en Talca y que era militante socialista. Marella, después que su mamá le contó la verdad, mientras pasaba una de sus tantas crisis depresivas, decidió ubicar por teléfono a su papá, que se apellidaba Rubio. Así supo que tenía unos medios hermanos en esa ciudad de la VII Región, y que su padre biológico fue muerto por los militares después del golpe de 1973. Según personas que conocieron a su padre, Marella se parece a él; de hecho, ella es más alta que todos en su familia. Su papá social no sabe que ella está enterada de la verdad, y Marella no desea que sus medios hermanos la conozcan, para no causarles un impacto que cambie la visión que ellos tienen de su padre.

El tercer relato de Marella me produjo miedo, pues se trataba de experiencias vividas por ella, su familia y su ex marido, con fenómenos paranormales.

miércoles, 12 de noviembre de 2003

Creo que la menor se llama Maya, y es hija del dueño del camping. Tiene unos 14 años, es gordita y de colores trigueño claro. Nos pusimos a conversar alrededor del fogón, y la mayor resultó ser una muchacha que antes atendía en la caja del Centro de Llamados de Entel. Su nombre es Marella y tiene 29 años; está separada y tiene una hija llamada Ella, que cuenta con unos nueve años. Con ella nos quedamos hasta la madrugada y, en un momento, le tomé las manos; luego vinieron los besos y las caricias. Ella trabajaba en el Banco del Estado, en Dalcahue, y tenía que viajar en la mañana. A partir de ese día iniciamos una relación que se prolongó por casi 10 días, de los cuales, la última semana convivimos en su casa, en una villa camino a Lechagua.

Marella es alta, grande, y tiene unas largas y hermosas piernas. Como en su casa no tenía agua ni electricidad, teníamos que ir a la casa de su hermano, en la misma villa, para abastecernos y bañarnos. Para alumbrarnos, colocábamos velas, lo que daba un toque romántico. Mientras Marella iba a trabajar, yo me quedaba haciendo el aseo y preparando la comida. En las tardes paseábamos por las playas y las costaneras. Un fin de semana fuimos a la disco “El gato volador”, pero yo no me sentía muy bien, pues me había caído mal una ensalada de frutas que comimos en el día.

domingo, 2 de noviembre de 2003

En Queilén sólo estuve de un día para otro, ya que me iba a juntar con Marcela en Castro. Allá nos encontramos y tomamos un bus para Achao. Después de llegar, averiguamos la ubicación de camping. Desechamos uno que era un poco caro, y tampoco nos tincó acampar en la playa. Caminamos hacia el este y encontramos un sitio bajo árboles, con letrina. Cobraban barato y una cantidad fija por todos los días que nos quedáramos. Había otras carpas con jóvenes mochileros. En ese lugar nos quedamos dos noches. De día fuimos a recorrer la playa hacia el este, en donde había varias cascadas, de donde nos abastecimos de agua. El paisaje era hermoso, por la vegetación y los accidentes geográficos. Con Marcela hicimos fogatas para cocinarnos. Me arrepiento de no haber tomado una foto el día del paseo, ya que al día siguiente estuvo nublado. Para el regreso, tomamos un bus hasta Curaco de Vélez; recorrimos el centro y fui a la costanera a ver si había algún lugar bueno para acampar. Como no se veía ningún sitio agradable, decidimos irnos. Tomamos un minibús hasta Castro y, desde allí, un bus a Ancud. Una vez allá, caminamos hacia Pudeto y nos despedimos. Yo continué, pasé por el muelle y caminé hasta la casa de los padres de Tavita y Dámaris. Me acogieron tan bien como siempre, pero la casa estaba llena, pues estaban viviendo con el Pato y Wili. Damaris me dio el dato de un camping que está cerca del centro y en donde cobraban $ 1.000 por persona. De ahí me dirigí a la casa de Esteban. Estaba con su papá y su mamá, por lo que tampoco era posible que me quedara allí. Con Esteban fuimos a tomarnos una cerveza al boliche que está frente a una de las esquinas de la plaza. Al rato entró Alejandra con un amigo, pero no se dio cuenta de nuestra presencia. Como a las nueve de la noche, mi amigo me pasó a dejar al camping. En ese momento había dos muchachas en el fogón, sentadas, las cuales pensaron que yo era un gringo. Las saludé y entré para armar la carpa. Al poco rato, se acercó la mayor, para ofrecerme café. Le dije que una vez terminara de instalarme, iría a conversar con ellas.

domingo, 19 de octubre de 2003

Estando con Chago en Quellón, me enteré de la situación de Gennadiy. De lo que me acuerdo, había estado trabajando con unos rusos, como para la parte noreste de la isla, en un proyecto para fabricar caviar con huevos de salmón. Por diferencias en la constitución de la sociedad y de la distribución del negocio, Gennadiy se retiró. Luego fue a Valdivia, en donde se puso a trabajar con unas mujeres que tienen una empresa que produce ese tipo de caviar. El ruso les mostró su particular método de preparación, mediante el cual el resultado es mucho mejor. Ellas quisieron que él entregara el secreto, a cambio de un contrato en que lo colocarían de jefe de producción con un buen sueldo. Las aspiraciones de Gennadiy eran ser socio, ya que temía que una vez que poseyeran la fórmula, lo despacharían. Por esto, regresó a Chiloé y fue a encontrarse con Chago en Quellón. Fueron al fundo de Sergio y la gringa en Tehualda, en donde Gennadiy se puso a ayudarle a ella con las colmenas de abejas. Por unos días lo dejaron solo, al cuidado de la casa, y terminó tomándose la chicha que tenían almacenada. Por otra parte, en Quellón Chago lo había llevado a hospedar a la casa de una familia, en donde también se emborrachó, dejando la habitación y la cama con vómitos y orines.

Uno de los días en que yo estuve en Quellón, el ruso llamó al celular de Chago. Estaba conviviendo con un tipo, camino a Castro, en una parcela.

Hace pocos días, cuando me encontré con Chago en el centro, me contó que Gennadiy se había metido con unos rusos medio mafiosos. Con éstos se peleó y llegó lastimado. Manuel lo llevó donde una mujer que le arregló un hueso que le había quedado salido. En eso, el hermano de Gennadiy, que vive en Moscú y es escritor, llamó al celular de Chago. Éste le pidió que se llevara a su amigo de regreso a Rusia. A través del consulado hicieron las gestiones para ubicarlo, lo encontraron, y lo encaminaron al aeropuerto. El ruso se marchó el 23 de agosto, pero a Chago le insistió que volvería para concretar su sueño de tener un gran negocio.

El 20 de febrero estuve en Queilén. Me pareció un lugar muy agradable y bonito. Acampé en el camping municipal, cerca de la playa. Había agua potable y un baño químico, y no cobraban. Sólo quedaban dos carpas; en ambas había parejas. Los que estaban más cerca eran de Santiago y estudiaban en la universidad. Los otros eran de Temuco y andaban con una guagua. Mauricio se llama el varón y su especialidad es la mecánica. Ellos habían estado en Coyhaique, en donde les tocó mal tiempo, por lo que se gastaron casi todos los ahorros en una residencial. También tenían una onda nómade y pensaban quedarse un tiempo en Queilen. En esos días estaban trabajando con las recolectoras de pelillo, las cuales les regalaban mariscos de vez en cuando. Hicimos fuego y me convidaron un emparedado de carne. Con ellos sentí esa camaradería que se da entre los que se reconocen como “caminantes”.

sábado, 18 de octubre de 2003

En Quellón estuve desde el 14 al 20 de marzo. Alojé con el Chago en la casa de Peyo. Mi amigo había pasado el invierno en la lancha, pues la onda con Peyo no estaba bien. Después volvió a la casa, pero la relación era medio tensa. Una vez instalado, comencé a ubicar a Yasna. Ella ya no trabajaba en el Centro de Llamados. Pregunté por ella, pero no sabían cómo ubicarla. Fui a ENTEL y allí me contaron que ese día debería estar en el bautizo de la hija de una amiga. Llegué a la Iglesia Católica de la ciudad y esperé. No la vi entrar ni tampoco la divisé en el interior del recinto. Me fui a la casa de Peyo, esperé un rato, y regresé para ver si a la salida podía encontrarla. Me senté en una cerca de troncos y, de pronto, la vi salir con su pequeño hijo, y acompañada de su mamá. Estaba con el pelo más corto, y se veía más alta, más grande. Se sorprendió mucho al verme. Intercambiamos números de celulares y nos quedamos de encontrar esa misma noche. Hablamos por teléfono más tarde y quedamos de encontrarnos a medianoche en el centro de Quellón. Ella llegó en un colectivo, y nos encaminamos a una disco. Como era muy cara, y no daban cover, nos fuimos a un pub. Allí tomamos unos tragos y conversamos más de una hora. Nos retiramos cuando estaban por cerrar el local. Caminamos hasta otra disco, para intentar entrar sin pagar; como no nos resultó, la acompañé en dirección a su casa. Ésta se encuentra camino a Yaldad, arriba de una meseta. Después de subir una cuesta, ella propuso que nos saliéramos del camino, hasta un pequeño plano, tipo mirador. Como no había dónde sentarse, y el pasto estaba húmedo, coloqué mi abrigo para que no nos mojáramos, y con la otra mitad nos tapamos, porque hacía frío. No pasó mucho tiempo antes de que nos besáramos. Fue delicioso. Yo estaba inspirado, y me solacé acariciándola. Para mí era tan romántica la situación que ni siquiera me excité, en cambio, parece que ella sí que se entusiasmó en ese sentido, ya que me sacó la camisa fuera del pantalón para que se tocaran nuestros vientres. Estábamos recostados, pero cada vez que se veían luces de autos, ella se asustaba, pensando que podía ser su pareja en el taxi. Luego de un buen rato, la acompañé hasta su casa, una vivienda de madera con secciones sin terminar. Quedamos de ir al día siguiente al recital de Gondwana.

Nos habíamos puesto de acuerdo para encontrarnos en el parque municipal. Ella llegó en un colectivo y me informó que el recital era en un lugar cercano a Punta de Lapas. Durante el camino me contó que temía encontrarse con su pareja, quien de seguro llevaría pasajeros para allá. Al arribar, ella pagó el viaje y caminamos hasta el centro del público. Allí estuvimos abrazados durante casi todo el espectáculo. Yasna estaba nerviosa, porque alguien cercano a su pololo podía llegar a reconocerla. Un poco antes de finalizar la tocata, ella me propuso que nos fuéramos a la playa; había una gran luna llena. Cuando caminábamos hacia la salida, me dieron ganas de comer empanadas de queso. Ella no quiso, y, cuando esperaba que me las trajeran, Yasna me dijo que la esperara un rato. Cuando regresó venía alterada; había visto pasar a su pareja en el taxi, acompañado de una lola. Se puso celosa y fue a encararlo; él le respondió que era una pasajera. Al ver que andaba conmigo, le preguntó por mí, a lo que ella señaló que yo sólo era un amigo que la había acompañado al recital. Caminamos hacia la salida y él llegó a pie y la llevó hacia un costado. Por suerte era un tipo bastante más bajo que yo. Luego, continuamos y ella me contó que él la pasaría a recoger después de ir a dejar a los pasajeros. Durante la caminata, ella no quiso que le tomara la mano; yo le hice ver mi desconcierto con su conducta. Se suponía que la relación de ellos estaba muy deteriorada; ahí comprendí que era un vínculo tormentoso, de amor y odio. Quedamos en vernos al día siguiente, para despedirnos. Llegó el taxi y se subió. Creo que pasaron dos días antes de encontrarnos por última vez. Era hora de almuerzo y fuimos a la plaza central de Quellón. Conversamos y nos dimos unos besos. Antes de irse, me dijo que no pensara en nadie más que en ella. En todo caso, yo le había expuesto completamente mi manera de pensar respecto a las relaciones amorosas.

Yasna es una muchacha delgada, de ojos pequeños; su piel es blanca y el pelo liso y castaño. Tiene un pequeño hijo de unos tres años; me parece que se llama José Miguel. El papá del niño es un joven que tiene un taxi, y que tiene un hijo con otra mujer. Yasna vive con su mamá, una señora de unos 45 años, que acaba de tener una guagua con un tipo medio “tránsfuga”. Ella es viuda y su marido era garzón. Son originarios de Coyhaique y actualmente viven con una pequeña pensión de viudez más el ingreso de Yasna. Ahora trabaja en una salmonera; empezó como operaria, pero por su laboriosidad, la ascendieron a supervisora. Con su pareja tienen una relación neurótica, condimentada por los mutuos celos. Cuando él me vio afirmó que ella siempre tenía pretendientes más apuestos que él. Se supone que este año comenzarían a vivir juntos.

En uno de esos días que caminaba por Quellón, me encontré con Yesica y su mamá. Ella fue muy amable conmigo; me explicó que trabaja en el departamento de personal de una salmonera. Resulta que es la misma en que labora Yasna.

domingo, 5 de octubre de 2003

El cuento es que esta mujer, de unos treinta y tantos años, había llegado a Chile con su familia con la ilusión de hacer grandes negocios. Utilizaron sus ahorros para comprar y acondicionar embarcaciones pesqueras. Al cabo de algunos años, la empresa no había prosperado y ya estaban consumiendo sus últimas reservas. El marido de la rusa se hallaba en Valdivia. Como Chago habla ruso, y en ese momento estaba con Gennadiy, fueron entrando en confianza y organizaron una cena en la lancha. Por supuesto habían varias botellas de vodka; mientras los rusos tomaban a destajo, Chago simulaba que bebía. Llegó un momento en que todos estaban borrachos; Gennadiy y otro ruso se fueron a dormir abajo, y la rusa quedó tirada, con la cabeza metida hacia adentro, en la litera del maquinista. Después de comprobar que todos estaban inconscientes, se cercioró de que ella no respondía; le dio algunas cachetadas y ella no respondió. A continuación –en la versión de Chago- la puso de guata en la mesa del comedor, le bajó los pantalones y se la metió hasta acabar adentro. Luego, la volvió a dejar en el camarote. Al día siguiente, ella se dio cuenta de que tenía semen en la entrepierna y le preguntó qué había pasado. Chago le respondió que ella se había ido de madrugada y que regresó después de unas horas, por lo que en ese lapso tuvo que haberle ocurrido la “violación”. Como ella no se acordaba de nada, el Chago se sacó los pillos.

Mi amigo también me relató una relación que tuvo con una mujer madura, dueña de una pequeña lavandería.

sábado, 27 de septiembre de 2003

Uno de esos tipos era oriundo de Chillán, de una familia de buena situación económica. Con la tranquilidad de contar con una futura herencia que le permitirá sobrevivir en su vejez, este hombre se largó a recorrer Latinoamérica. Como su oficio es la soldadura, puede trasladarse a cualquier parte, prestar algunos servicios, quedarse un tiempo, y, luego, seguir su camino. Se moviliza a dedo, y lleva todo su equipaje en una mochila grande, como esos grandes bolsos de los marineros. Apodado “El corrupto” era el encargado de conseguirse pescados y víveres en las otras lanchas que estaban en el muelle. Contó que tuvo una hermosa mujer e hijos en Centroamérica, pero también se aburrió y marchó. Asegura conocer todas las ciudades de Chile, y afirma que sólo recurre a su familia cuando se trata de problemas de salud, enfermedad o para comprar medicinas. Se supone que tiene unos 43 años más o menos, y que incluso ha vivido por tiempos con los gitanos. Me parece que también anduvo en moto, pero, finalmente, se dio cuenta de que lo más simple y económico era hacerle dedo a los camioneros. Según Chago, como el compadre es “pintosón”, por las tardes salía a caminar por Quellón para pinchar con alguna chiquilla. Él tenía la confianza de que nunca le faltaba una “pierna” para disfrutar donde se encontrara, por lo cual no sentía la necesidad de tener una pareja.

El otro personaje fue bautizado por Chago como “El Pastor”, y su nombre verdadero es Hugo. Supuestamente, este tipo, de unos 45 años, habría sido un militante de las Juventudes Socialistas, que recibió entrenamiento militar y en artes marciales. Él andaba con su hermano, con el cual hacían ejercicios todas las mañanas y practicaban karate. Con la transición a la democracia, se salieron de su partido y comenzaron a efectuar asaltos a bancos para obtener dinero. Cada integrante del grupo vivía y trabajaba por separado y se juntaban cada cierto tiempo para preparar un atraco. La versión del Chago es que este gallo llegó a tener muchas propiedades, vehículos, cabañas en Chiloé, pero que por problemas con impuestos, ya había perdido la mayoría de las cosas. Ahora es pastor evangélico y se dedica a estudiar la Biblia. En el tiempo que vivió en la lancha se entretuvieron planificando un robo, al camión que lleva los fondos del Banco Estado, desde Puerto Montt hasta Quellón. De creerle al Chago, ya tenían bastante avanzado el proyecto; incluso contaban con el apoyo de Manuel, el primo de mi amigo. La idea era detener el camión atravesándole un vehículo e inutilizar a los guardias con un golpe de electricidad, generado con un motor electrógeno. Luego se llevarían el dinero a la lancha, que estaría ubicada en un muelle clandestino, y zarparían con rumbo al continente. El plan contemplaba sacar el zarpe el día anterior y esconder la lancha, de manera de no generar sospechas. Contaban con el concurso de una mujer de Puerto Montt, que sería la encargada de informar sobre la salida del camión desde esa ciudad. Además debía participar un tipo que manejaba una grúa horquilla para llevarse el carro del camión hasta donde estuviera la lancha. Parece que fue esto último lo que falló e hizo abortar la acción, de acuerdo a lo que me señaló Chago.

Chago me relató una historia con una rusa que andaba en Quellón.

miércoles, 24 de septiembre de 2003

Creo que sería bueno escribir sobre el viaje al sur que hice entre febrero y marzo de este año. Fueron 40 días bastante intensos, en que conocí bastantes lugares y personas agradables. Llegué a Quellón el 14 de febrero y regresé a Santiago por el 25 de marzo. En aquella ciudad me alojé con el Chago, en la casa de Peyo. Mi amigo me contó las aventuras que había vivido con un grupo de hombres que alojaron en la lancha, durante el invierno del 2002.

miércoles, 16 de abril de 2003

En mi niñez me sentí muy atraído por algunas niñas y mujeres. Cuando estaba en Limache me gustó mucho una adolescente que se llamaba Carmencita, y que le decían flaca, para diferenciarla de otra muchacha que también iba a la piscina, la cual era conocida como Carmencita gorda. Tengo grabada una imagen en que aparece la Carmencita flaca, recostada en un sillón del living en la casa de mis abuelos. Ella estaba con su espalda en uno de los brazos y con las piernas sobre el otro. Vestía un pequeño bikini, su pelo era largo y oscuro, y su delgado cuerpo era de color claro, aunque no pálido. Yo deseaba estar con ella, tocarla, acariciar su piel y abrazarla, pero no me atrevía a nada. Creo que ese tipo de flaca es parecido a una muchacha que fue vecina de Gastón Madariaga, de nombre Carmen Paz, y de la que yo estuve medio “enamorado” en un momento de mi adolescencia. Aunque mi timidez seguía presente, por lo menos me tenía simpatía, hasta que su mamá me agarró mala por salpicarle barro cuando andaba en bicicleta. Tiempo después supe que se emparejó con un militar. Me parece que en esa continuidad de gustos está la explicación del por qué mi actual preferencia por Yasna, la flaquita de Quellón.

martes, 15 de abril de 2003

Pretendo haber recorrido todo Chile cuando llegue a los 38 años. A continuación, en cuatro años, es decir, hasta los 42 años, pasear por el resto del Cono Sur.

lunes, 14 de abril de 2003

Es muy gratificante recibir piropos o adulaciones por parte de mujeres. Marella y Pía afirmaron que yo soy rico, exquisito, lindo. También me hallan exótico (árabe, indio, libanés, afgano, bereber, etc.).

Este segundo tiempo del partido –el resto de mi vida- ha comenzado con muy buenas señales. De una vez por todas tengo un Proyecto Vital bien delineado; estoy en forma, con buena salud, y la gente que recién me conoce me calcula hasta 10 años menos.

miércoles, 12 de febrero de 2003

Hicimos el amor con María Isabel (Pollo). Ella es muy agradable, y nos quedamos de ver en Iquique. Me dijo que estaba “muy rico”. Me dejó su número de celular y su e-mail. Será un placer volver a verla.

He comenzado a configurar una red en relación a mi proyecto de periodismo etnográfico-antropológico: Pía, Ezio, Fernando, Alejo.

lunes, 13 de enero de 2003

Mis últimos siete años (1996-2003) abarcan desde la depresión y crisis de 1995-96, el pololeo con Daniela, la imprenta en La Pintana, pasando a Cartagena, San Antonio, la ruptura con Walter y el acoplamiento al proyecto del Retornado; la relación con Margarita, Andrea, Mariana; Villa Alemana-Limache; Bárbara; el acercamiento a Mariella – Angie; Valdivia, Paulina, Patricia, Sandra, Paula; el nacimiento de Adolfo, Pascal e Isidora; Ancud; Maca, Marcela, Tavita, Irma. Entrega de la Memoria, Examen de Título; Quellón, Paola, Yesica, Yasna, Alicia, Kim; La Herminda; Leo, Quena. Desde los 28 ½ a los 35 ½. Los próximos seis años y medio, de los 35 ½ a los 42 significan la última etapa de juventud. Me propongo que sea la fase más intensa de mi vida, la primera patita de mi proyecto personal. Establecer las bases del “warismo”. Viajes, experienciar, vivencias, redes de conocidos y amistades, de waridas y apoyos, entrenamiento y preparación en sobrevivencia rural (campo) o urbana (ciudad). Consolidación de red de amigas-amantes y de apoyo mutuo. Recorrido por todo Chile y el Cono Sur. Acondicionamiento físico y mental. Superación de neurosis y de fobia social de interacción. Refinar el tratamiento hacia las mujeres que me gusten; no dejar pasar las oportunidades. Aportar al movimiento libertario y alternativo. Crear, producir, ejecutar, realizar; dejar de lado el pajeo y cavilaciones. Reedición de Memoria. Nuevas monografías.

domingo, 12 de enero de 2003

Hace cinco meses que no escribo. Después de mi breve relación con Alicia, conocí y enganché con Leo, con la cual aún nos vemos. El pasado 6 de enero hicimos el amor con Quena, algo de lo que tenía ganas desde hace un año, por lo menos.

En los seis meses que he trabajado en La Herminda, he recibido gran cantidad de piropos; también me han elogiado algunas amistades y conocidos.

Durante la madrugada, después del cumpleaños de Nancy, mientras intentaba dormir en el segundo piso, abajo, Roberto afirmó: “el Wari es un bombón para las minas”.

Otra relación en estos últimos cinco meses fue con Paola (Kim), con la cual nos vimos durante un mes, aproximadamente. Además, le gusté a la Sandra Auth y, parece que también a la Pollo, amiga de Nancy y Fernando.

Disfrutar mi última juventud (35 a 42) y preparar mi plena madurez (42 a 49 a 56). Es tiempo de comenzar a crear, a producir, a realizar; basta de rodeos, pajeos y de esquivar el bulto. Como me aconsejó Ezio, lo más práctico y funcional es el relato corto, tipo González Vera, impresiones de vivencias, acerca de experiencias. Una vez que tenga varios, pueden servir como módulos o piezas de mecano, para armar obras de mediana envergadura, tal como piensa Fernando, con diferentes tipos de unidades redaccionales, fotografía, ilustraciones, infografía, etc.