domingo, 2 de noviembre de 2003

En Queilén sólo estuve de un día para otro, ya que me iba a juntar con Marcela en Castro. Allá nos encontramos y tomamos un bus para Achao. Después de llegar, averiguamos la ubicación de camping. Desechamos uno que era un poco caro, y tampoco nos tincó acampar en la playa. Caminamos hacia el este y encontramos un sitio bajo árboles, con letrina. Cobraban barato y una cantidad fija por todos los días que nos quedáramos. Había otras carpas con jóvenes mochileros. En ese lugar nos quedamos dos noches. De día fuimos a recorrer la playa hacia el este, en donde había varias cascadas, de donde nos abastecimos de agua. El paisaje era hermoso, por la vegetación y los accidentes geográficos. Con Marcela hicimos fogatas para cocinarnos. Me arrepiento de no haber tomado una foto el día del paseo, ya que al día siguiente estuvo nublado. Para el regreso, tomamos un bus hasta Curaco de Vélez; recorrimos el centro y fui a la costanera a ver si había algún lugar bueno para acampar. Como no se veía ningún sitio agradable, decidimos irnos. Tomamos un minibús hasta Castro y, desde allí, un bus a Ancud. Una vez allá, caminamos hacia Pudeto y nos despedimos. Yo continué, pasé por el muelle y caminé hasta la casa de los padres de Tavita y Dámaris. Me acogieron tan bien como siempre, pero la casa estaba llena, pues estaban viviendo con el Pato y Wili. Damaris me dio el dato de un camping que está cerca del centro y en donde cobraban $ 1.000 por persona. De ahí me dirigí a la casa de Esteban. Estaba con su papá y su mamá, por lo que tampoco era posible que me quedara allí. Con Esteban fuimos a tomarnos una cerveza al boliche que está frente a una de las esquinas de la plaza. Al rato entró Alejandra con un amigo, pero no se dio cuenta de nuestra presencia. Como a las nueve de la noche, mi amigo me pasó a dejar al camping. En ese momento había dos muchachas en el fogón, sentadas, las cuales pensaron que yo era un gringo. Las saludé y entré para armar la carpa. Al poco rato, se acercó la mayor, para ofrecerme café. Le dije que una vez terminara de instalarme, iría a conversar con ellas.

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