El martes en la tarde tuve una pelea muy fuerte con Carlos. Pocas veces me enojo, y pocas veces me he agarrado a insultos con alguien. Pero esa discusión me colmó la paciencia. Es cierto que tengo rabia conmigo mismo, lo cual desahogo a costa de otras personas que me provocan. No obstante, también es verdad que hace tiempo que alguien tenía que pararle los carros al patudo y desubicado del Carlos. Reconozco que, siendo para mí el tema de la coherencia algo muy importante, albergo ciertas situaciones que son cuestionables: habitar en un barrio “alto” y en un departamento que nos arrienda mi mamá en menos dinero que lo mercantil; no tener la mensualidad al día como correspondería a cualquier pensionista, son ejemplo de ello. Lo que más ira me causó los reproches de Carlos (doble estándar, comodidad, falta de respeto con los convivientes, por el tema alimentación, bebidas) fue que vinieran de alguien que no tiene ninguna legitimidad moral para hacerlos (un eterno mantenido). Además, que fueran hechos por una persona que no muestra respeto o consideración por nuestra convivencia: malos olores, suciedad, apropiación de cosas, utilización de espacio, etc., y que se mete en nuestras vidas como la peor de las viejas conventilleras.
Daniela sostiene que yo la exaspero con algunas de mis actitudes: como que adopto una pasividad ante mis circunstancias de tal manera que yo no puedo hacer nada para sobreponerme. Que me escudo en mi neurosis, en mi depresión, stress o sourmenage para no actuar. Dijo que soy prejuicioso y que me comporto como si esa fuera la verdad absoluta. Al observar mis registros de dinero comentó que soy poco eficiente; que llevo cuatro años sin desarrollar inferencias o estadísticas para organizar y planificar. Me hizo notar mi falta de método y sistematización; que soy demasiado lento. En cuanto a mi bloqueo para redactar y producir, me hizo ver que es mejor hacer algo y después evaluarlo, que pasar el tiempo dándole vueltas preparando y decidiendo, o buscando alternativas posibles de realización (mecanismo anulador).
Daniela es una bella persona, inteligente y empeñosa. Me gusta y la quiero. Ojalá estemos juntos por mucho tiempo. Afirmó que no me ve entusiasmado y motivado con las cosas que hago, a pesar de que, supuestamente son los temas que me gustan. Pienso que puede ser producto de una sumatoria de fracasos y frustraciones, de porrazos, condoros y alcachofazos. Esto puede estar provocando mi abulia.
Este año han sucedido algunos hechos que me hacen mirar con más gusto el camino: mi relación con Daniela, el principio de organización de la imprenta, la posibilidad de titularme, y, el interés de TPH y PET por proseguir con La Hoja; la movilización libertaria y los proyectos con Miguel, Ernesto, Rodrigo y Ezio.
Programación enciclopédica:
-Lectura y desecho de libros
-Lectura y conservación de enciclopedias: universal, historia, geografía.