lunes, 29 de agosto de 1994

“¿Qué sentido tiene temer la muerte si mientras existimos, ella no existe y cuando existe la muerte, entonces, no existimos nosotros?”. Pensamiento de la escuela ética helenística llamada epicureísmo.

Lo más agradable de andar en metro o caminar por el centro, es cruzar miradas con mujeres que me son atractivas.

lunes, 22 de agosto de 1994

Pololo de ninguna, pololo de todas, amante de cada una.

El sábado en la tarde fue la reunión de lo(a)s compañero(a)s de la promoción 1984 del CSPN. La mayoría están casados o de novios. Varios tienen hijos. Hay pelados y un buen porcentaje está con sobrepeso. Los más cambiados (de aquellos que más conocía): Daniel, sin duda. Cuico, distante, cachetón, extraño. De mis amores: Claudia, delgada, sin anteojos, bonita y atractiva; hasta más simpática. Sentí su cariño. Hace hermosa pareja con Marco, buen chato. Romi: tierna. Percibí algo, una onda entre nosotros. Insistió mucho para que fuera a verla a Valparaíso. Quiero ir, salir de la inquietud. Fue como algo parecido a cuando nos juntamos hace cinco años. Quizás…

El jueves en la noche, de vuelta del cumpleaños de Myriam, le dije a Alejandra que a dónde seguíamos el carrete. Ella me ofreció un café en su depto. Conversamos de nuestras vidas, trancas y temores; experiencias amorosas y sexuales. Le conté que yo me había entusiasmado con ella en un comienzo, pero que, al saber de su noviazgo, yo había desistido. Comentó que siempre tenía atados con los Cristianes. Que no hubiera pasado nada porque ella estaba cansada de la inestabilidad, y que, el haberme conocido, no habría resultado. No me quedó claro si yo le gustaba. Ella me dio a entender que sabía de mi relación con Graciela. Yo no lo negué, pero tampoco lo confirmé.

Hoy, Rodrigo y Myriam analizaron características de mi personalidad. Regalón de la mamá: que doy rodeos antes de llegar al grano. Cómodo, acomodaticio; busca que personas le faciliten las cosas. Juguetón, chacotero, tratar mucho en talla. Dejarse llevar por personas, y no controlar las relaciones. Lavarse las manos; desligarse y no asumir la responsabilidad en las cosas que estamos metidos (ejemplo: Carmen). Mirar poco a los ojos al conversar.

miércoles, 17 de agosto de 1994

Cartas a mi futuro yo

Mariela me dijo que sabía que no iba a llegar al orgasmo, que eso era algo muy interior, un proceso individual. Y, que, conmigo no se sentía lo suficientemente relajada, porque nos conocíamos muy poco. Conversamos acerca del orgasmo masculino y femenino. Ella señaló que el suyo es diferente al de otras mujeres, que tenía algo de masculino. “No seré lesbiana”, acotó. Cuando estaba arriba mío, con su vagina jugó como acariciando mi pene. Ella produjo mucho líquido caliente que caía por mi verga o sobre mis pendejos. Fue tanto que dejó una mancha circular mojada sobre la sábana. Mariela indicó que era frecuente en ella esa gran cantidad de fluido vaginal, pero que a veces se confundía y no sabía si era orina.

De pronto, me preguntó si yo me masturbaba mucho. Yo me sorprendí; como que en el fondo pensé: ¿cómo se habrá dado cuenta? Le dije que sí, y le consulté que a qué se debía esa interrogante. El asunto es que ella reconoció que también practicaba mucho el onanismo. Trató de relacionarlo con cierto autismo para hacer el amor.

Casi sin proponérmelo estaba penetrándola por el ano. Me llamó la atención que no se quejara, como suelen hacer las mujeres. Traté de ir más adentro, pero le dolió y me salí. Afirmó que había perdido su virginidad anal conmigo.

Pasé largos minutos lamiendo su zona vaginal, lengüeteando su clítoris y mordiendo sus labios inferiores. Mariela gozó bastante. Yo esperaba que me chupara el pene, pero no lo hizo. Estuvo a punto, dijo que le gustaba hacerlo, pero que tenía miedo del sida. Intenté persuadirla para que sólo pasara la punta de su lengua por las orillas de mi glande, pero no me pescó.

Una cosa que me llamó la atención fue la excitación que le provocaba mis caricias en sus hombros. Además, su olor era rico, como dulce. Según ella, le gustó mi olor, aunque en seguida agregó que no estaba segura de ello.

Tiene senos pequeños, aunque compensados con largos pezones. Sus nalgas están bien, y, al cogerla por atrás, y ella de rodillas, se apreciaba un excitante panorama de curvas.

Lástima que tenía sólo un condón. Me aguanté las ganas de ir a mear hasta que no pude más. Me vi obligado a sacarme el preservativo. Pensé colocármelo de nuevo, pero ella me hizo dudar acerca de por cuál lado lo había utilizado. Ante la inseguridad, me abstuve.

A la mañana, cuando nos despertamos, estaba diciendo hacer el amor, pero tuvimos que conformarnos con una masturbación mutua.

Fue divertido, aunque con su dosis de vergüenza, cuando ella primero, y yo, después, nos tiramos un pedo en pleno coito.

Hasta el momento, he eyaculado en la boca de dos mujeres: Patricia y Carmen. A ambas les gusta sobremanera el sexo oral. Pati fue primero, una noche en que yo atracaba con ella en la cama, y el loco lo hacía con Marcela en el pasillo.

La gracia de Carmen estuvo en que me enseñó a lamer bien el clítoris; a saber ubicarlo y sentir su erección.

domingo, 14 de agosto de 1994

La madrugada recién pasada hice el amor con Mariela. A pesar de que ninguno de los dos llegó al orgasmo, fue placentero, porque estuvimos horas besándonos, acariciándonos, con ternura y pasión. Rico, bonito; buena comunicación; confianza y transparencia. Estos son factores que potencian las relaciones.