lunes, 22 de agosto de 1994

Pololo de ninguna, pololo de todas, amante de cada una.

El sábado en la tarde fue la reunión de lo(a)s compañero(a)s de la promoción 1984 del CSPN. La mayoría están casados o de novios. Varios tienen hijos. Hay pelados y un buen porcentaje está con sobrepeso. Los más cambiados (de aquellos que más conocía): Daniel, sin duda. Cuico, distante, cachetón, extraño. De mis amores: Claudia, delgada, sin anteojos, bonita y atractiva; hasta más simpática. Sentí su cariño. Hace hermosa pareja con Marco, buen chato. Romi: tierna. Percibí algo, una onda entre nosotros. Insistió mucho para que fuera a verla a Valparaíso. Quiero ir, salir de la inquietud. Fue como algo parecido a cuando nos juntamos hace cinco años. Quizás…

El jueves en la noche, de vuelta del cumpleaños de Myriam, le dije a Alejandra que a dónde seguíamos el carrete. Ella me ofreció un café en su depto. Conversamos de nuestras vidas, trancas y temores; experiencias amorosas y sexuales. Le conté que yo me había entusiasmado con ella en un comienzo, pero que, al saber de su noviazgo, yo había desistido. Comentó que siempre tenía atados con los Cristianes. Que no hubiera pasado nada porque ella estaba cansada de la inestabilidad, y que, el haberme conocido, no habría resultado. No me quedó claro si yo le gustaba. Ella me dio a entender que sabía de mi relación con Graciela. Yo no lo negué, pero tampoco lo confirmé.

Hoy, Rodrigo y Myriam analizaron características de mi personalidad. Regalón de la mamá: que doy rodeos antes de llegar al grano. Cómodo, acomodaticio; busca que personas le faciliten las cosas. Juguetón, chacotero, tratar mucho en talla. Dejarse llevar por personas, y no controlar las relaciones. Lavarse las manos; desligarse y no asumir la responsabilidad en las cosas que estamos metidos (ejemplo: Carmen). Mirar poco a los ojos al conversar.

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