El sábado por la noche fui con Lorena al matrimonio del Pepe. La verdad es que estuve todo el rato pendiente de mi acompañante, por lo que “pesqué” bien poco a los demás. Conversamos bastante, nos reímos juntos, bailamos y bebimos varios copetes. Ella me dijo algunas cosas que me delatan: que soy “egocéntrico”, algo así como autoreferente; contradictorio, pues, por una parte, aparezco como amante de la libertad, y, no obstante, acepto estar condicionado viviendo en Limache; y un poco oportunista; ya que soy muy tolerante y respetuoso con las ideas y opiniones de mis tíos, sobre todo porque “me conviene”. Hubo momentos en que me pareció que yo le gusto, pero en otros instantes, dio la impresión de que no es así. Comentó que no me creía cunado yo le confesé que ella me gusta; que eso se lo habría dicho a cualquier niña que hubiese ido conmigo a la fiesta; que ella no está en onda de andar con pololo por un buen tiempo. Sin embargo, nos dimos algunos abrazos y cariños, cruzamos miradas fijas, me tomó la mano cuando íbamos en micro hacia Valpo., y afirmó que le agrada mi compañía. Señaló que yo le decía esas cosas porque yo estaba urgido por tener una pareja, y que lo único que ella podía hacer es acompañarme en los carretes y presentarme amigas. La verdad es que me gusta su típico físico y su forma de ser: “todo terreno”, sencilla, chacotera, “aperrada”, sensible, inteligente, “mamá”, sensual, conversadora… Tengo ganas de seguir viéndola y hacerle empeño para que se entusiasme conmigo.
lunes, 22 de marzo de 1999
jueves, 18 de marzo de 1999
Este fin de semana culmina mi verano número 32. Este equinoccio hay que celebrarlo. Aparte del matrimonio del Pepe, me gustaría bañarme en el mar y dormir un rato en una playa. Con la justificación de hacer
lunes, 15 de marzo de 1999
Achacarme, sentirme insatisfecho o amargado por comparar mi vida con la de otras personas es absurdo y ridículo. Sentirse a gusto con uno mismo es una cuestión interior, interna. Hay mucha gente que tiene una existencia más “emocionante” o más fome que la de uno. Lo mejor es entrenarse para poder disfrutar con las cosas simples, gratuitas, sencillas que posee el mundo; autogratificarse dándose periódicamente algunos “gustos”, y manejar las emociones para superar los bajones, y las angustias. Darme cuenta, honestamente, de cuáles situaciones son las que más me gratifican no ha sido fácil. Constantemente interfiere lo que yo creo que “debería” gustarme. Además, no hay nada que me apasione de una forma particular.
Este año (1999) será prioritariamente para ponerme al día con mi carrera académica (Memoria y Examen de Grado). Podría intentar aprobar el examen en octubre y, si no lo paso, puedo tratar nuevamente en mayo del 2000. En cuanto al trabajo, me conviene laburar en pegas ocasionales, esporádicas, part-time, free lance, eventuales o temporales: mediciones, extra TV, mesero, colaborador periodístico, profesor matemáticas, asesor contable, pintor de muros, obrero-jornalero, etc. Con tal que gane unos cincuenta mil pesos mensuales estaría salvado. Sería recomendable que comenzara a ahorrar el 20% de lo que gane, para empezar a crear mi propia previsión social. Paralelamente, continuar mi rotación entre las casas de mis familiares y amigos de Santiago y Quinta Región.
En vez de urgirme tanto por el tema de la ausencia de pareja, es mucho más adecuado saber aprovechar las ocasiones de contacto con las mujeres que vaya conociendo (“atinar” y no ser “quedado”), así como ir a los lugares y eventos donde se encuentran las féminas. No desesperarse, pero estar “alerta” y “despierto”.
domingo, 7 de marzo de 1999
Anoche fuimos con Mafa, Manuel José, Pablo y Pelayo a la discoteca César, ubicada entre San Felipe y Los Andes. Al poco rato de llegar, una niña morena, delgada, menudita, no muy bella pero tampoco fea me sacó a bailar. A medida que danzábamos la situación se puso cada vez más sensual y, al cabo de unos pocos temas, iniciamos un besuqueo intenso y apasionado. Después, vino a buscarla una amiga porque tenían que irse, y sólo me preguntó mi nombre y apellido.
Al final de la noche, mientras bailaba con
Es divertida la diferencia entre la sensación que tuve en el cumpleaños de Fritz, de no sentirme “pescado” por ninguna de las niñas que allí había, y lo que percibí en la discoteca, en que me pareció que varias muchachas me miraron con agrado. Parece que debería ir más seguido a las discotecas.
jueves, 4 de marzo de 1999
Hay dos temas que me tienen complicado, y como que me están “amargando el pepino”. Uno es el laboral y otro es el afectivo amoroso. En el primero, me afecta mucho mi apreciación de lo que es el trabajo en el sistema actual: es una actividad alienada, que consume más de ocho horas diarias durante cinco días, unidimensional, muchas veces rutinaria y desgastadora. Me da rabia la división jerárquica y social del trabajo: por el hecho de haber nacido en tal o cual clase social, para algunos la pega es más suave y mejor pagada y, en cambio, para otros es dura y mal retribuida en dinero. En fin, como que toda la crítica humanista y socialista respecto del trabajo en el capitalismo mundial, me la tomo a pecho, me siento culpable o responsable y no me agrada insertarme como si nada en este sistema. Estoy siempre pensando cómo poder acercarme lo más posible a como yo creo que deberían ser las cosas. Es difícil, un esfuerzo individual y aislado está condenado al fracaso. Como decía Hopenhayn, es un conflicto entre el ideal que uno tiene para sí mismo, y lo que en la práctica uno puede realizar. El problema es que, si yo viviera en un país con buena seguridad social (salud y jubilación buena, seguro de desempleo, etc.), sería muy factible hacer las labores del tipo y modo que yo deseo, sin el temor de convertirme en un indigente. Dado que esa no es la situación en Chile, me parece que tarde o temprano tendré que adaptarme al mecanismo existente, y tratar de sacarle provecho a los fines de semana y a las vacaciones para desarrollar mis inquietudes. Con mucha facilidad me pongo en el lugar de las personas que veo trabajar, y eso me angustia. Me indigna que la humanidad no sea capaz de crear un sistema más digno y bueno para todos. El ser humano ya logra enviar naves al espacio, y, sin embargo, no ha efectuado una organización económica justa y razonable.
El asunto sentimental me tiene urgido desde hace como un año. Me parece que tiene que ver con que uno se aleja de sus padres, hermanos; los amigos se casan y tienen hijos. Por vez primera se me presenta la soledad como un problema, y la demora en encontrar pareja me comienza a angustiar. Esto, sumado a mi trayectoria de pololeos de corta duración, me provoca ansiedad y miedo a la “separatidad”. Por el momento, tengo “en la mira” a Lesli y a Claudia (amiga de Ellen).
lunes, 1 de marzo de 1999
Hoy me envolvió nuevamente el pesimismo y la sensación de impotencia.
En la contra tapa del libro “Inteligencia Emocional” aparece el caso de aquellos que habiendo sido los primeros de su curso, después resultan ser económicamente pobres. Es decir, yo sería un prototipo de tonto, emocionalmente hablando.
Este fin de semana fue de contraste. Primero,
Hace diez meses que no tengo pareja, y es una situación que me aproblema; ya me da miedo pensar que me vaya a quedar solo. Miro a mi amigo Ezio, que ya lleva varios años sin polola, y me asusta esa posibilidad. Creo que el problema está en mi manera de ser, agravado por mi pobreza financiera; creo que nunca me he sentido capaz de conquistar o seducir a una mujer. Como que siempre han sido ellas las que se han insinuado, y sólo así yo he actuado.
