Me encuentro a más o menos una semana de entrar a lo que será un momento de inflexión en mi vida. Pienso que debo cambiar en algunas cosas, como ser más asertivo, mirar más a los ojos, no castigarme o culpabilizarme, hacerme un hacer más cariño y caricias, ser más comunicativo. Creo que está bien continuar y perfeccionar las programaciones, los registros de información, los ejercicios de respiración, el ciclismo, y el aprendizaje de oficios. Asimismo, será positivo proseguir con el mejoramiento del vocabulario y de los conocimientos enciclopédicos. Me parece que tengo que incrementar el contacto con mis amigos(as) y familiares. Es importante acentuar el acondicionamiento físico, y cuidar la salud mediante la prevención y dietas equilibradas. Siento que fue bueno abandonar la capital, esa metrópolis enfermante. Me alegro de haber conocido gente agradable aquí en el puerto-ciudad, y de tomar conciencia de que hay maneras sencillas de gratificarse: masajes, limpieza, aromas, decoración, plantas, comidas, conversaciones, paseos, excursiones, etc. Lo fundamental para estar contento y poder hacer acciones para buscar la realización son la salud y la comunicación: hay que cuidarlas, prevenir, desarrollar y curar o corregir.
martes, 24 de febrero de 1998
domingo, 15 de febrero de 1998
Esta experiencia de vivir prácticamente solo en una casa, me ha ayudado a valorar cosas tan simples como hacer la cama, encerar el piso, limpiar el polvo, higienizar el baño, lavar ropa interior, etc. Son actividades que deberían ser practicadas por las personas desde niños, enseñándoles las técnicas y trucos para todas las labores de mantención de un hogar: cocina, gasfitería, electricidad, lavandería, aseo y limpieza, jardinería, carpintería, albañilería, etc. Aprender a querer haciendo arreglos y adelantos en donde habita.
Quedan 15 días para conocer las determinaciones del Banco del Estado y de Andrea. Es una coincidencia que me ha generado mucha ansiedad. He pensado en las combinaciones posibles, y se me presentan cuatro hipotéticos escenarios:
a) Aprobación del crédito, y continúa relación con Andrea. Esta posibilidad implicaría ponerme a trabajar de cabeza en el proyecto de pesca del bacalao. Estar pendiente de las acciones, del cumplimiento del programa, de los gastos, trámites, diligencias, y gestiones. Viajar al sur, hacer contactos y aprender el “teje y maneje” del rubro. Paralelamente, mantener comunicación periódica con Andrea, escaparme cuando pueda para visitarla, y cultivar la relación. Seguir el vínculo puede tener más de una modalidad: pololo formal y público, andante, amigo-amante, etc. Cada una de estas formas conlleva su propio nivel de compromiso, publicidad, formas, regularidad, etc. De cumplirse esta opción, podría llegar a un acuerdo con Ully para utilizar la pieza que actualmente ocupa mi mamá, además de los otros alojamientos que deberé instalar hacia el sur: Valdivia, Quellón, etc.
b) Aprobación del crédito, y fin de la relación con Andrea. En esta alternativa, quedo solo de nuevo, libre para pinchar con otras mujeres, y para tener amigas-amantes en las ciudades del país en que me desenvuelva. El alojamiento en Limache ya no es tan importante, aunque igual conviene activarlo para visitas esporádicas. Bajón por la pérdida, pero mayor ahorro y tiempo, ya que no será necesario volver con tanta frecuencia a la zona (V Región).
c) Rechazo del crédito, y sigue romance con Andrea. Aquí corresponde buscar trabajo en Valparaíso, en periodismo, y conseguir la pieza en casa de Ully y Jorge.
d) Rechazo del crédito, y termina vínculo con Andrea. Esto sería como quedar en pelotas: solo, sin trabajo y pobre. También es una oportunidad para dar vuelta páginas, cerrar capítulo o borrón y cuenta nueva. Tendría que buscar una pega en alguna ciudad que no sea Santiago, activar el sistema de alojamientos y poner a funcionar la creatividad para proyectarme.
Cualquiera de estos escenarios presentan algunas constantes, que son independientes: escribir mi Tesis y solicitar el grado académico, colaborar con el proyecto gráfico-editorial, desarrollar plan de viajes en bicicleta, realizar programa de actividades para mi realización personal (arte, técnica, idiomas, conocimientos).
En estos días, junto con la ansiedad, he experimentado temores irracionales que me recuerdan mis días de neurosis obsesiva. Susto por la eventualidad de fracasar, perder, que se la he atribuido a cosas inanimadas, clara muestra de superstición. Son miedos asociados con pérdida: de una relación amorosa que se sentía con mucha proyección, de un proyecto interesante y prometedor, del pelo, de la vida, etc. Estos temores, a los cuales les busco orígenes irracionales, producen angustia e inmovilismo. Creo que me ha servido la conversación con amigos(as) y la lectura de textos de sicología. Tranquiliza pensar como dice F. Flores, que todos los quiebres se pueden re-visualizar como aperturas, oportunidades u opción de nuevas posibilidades u horizontes. Esto es cierto, aunque “el corazón tiene razones que la razón desconoce”. Los próximos 15 días quiero aprovecharlos al máximo para cumplir objetivos que tengo propuestos para este verano.
Quedan 15 días para conocer las determinaciones del Banco del Estado y de Andrea. Es una coincidencia que me ha generado mucha ansiedad. He pensado en las combinaciones posibles, y se me presentan cuatro hipotéticos escenarios:
a) Aprobación del crédito, y continúa relación con Andrea. Esta posibilidad implicaría ponerme a trabajar de cabeza en el proyecto de pesca del bacalao. Estar pendiente de las acciones, del cumplimiento del programa, de los gastos, trámites, diligencias, y gestiones. Viajar al sur, hacer contactos y aprender el “teje y maneje” del rubro. Paralelamente, mantener comunicación periódica con Andrea, escaparme cuando pueda para visitarla, y cultivar la relación. Seguir el vínculo puede tener más de una modalidad: pololo formal y público, andante, amigo-amante, etc. Cada una de estas formas conlleva su propio nivel de compromiso, publicidad, formas, regularidad, etc. De cumplirse esta opción, podría llegar a un acuerdo con Ully para utilizar la pieza que actualmente ocupa mi mamá, además de los otros alojamientos que deberé instalar hacia el sur: Valdivia, Quellón, etc.
b) Aprobación del crédito, y fin de la relación con Andrea. En esta alternativa, quedo solo de nuevo, libre para pinchar con otras mujeres, y para tener amigas-amantes en las ciudades del país en que me desenvuelva. El alojamiento en Limache ya no es tan importante, aunque igual conviene activarlo para visitas esporádicas. Bajón por la pérdida, pero mayor ahorro y tiempo, ya que no será necesario volver con tanta frecuencia a la zona (V Región).
c) Rechazo del crédito, y sigue romance con Andrea. Aquí corresponde buscar trabajo en Valparaíso, en periodismo, y conseguir la pieza en casa de Ully y Jorge.
d) Rechazo del crédito, y termina vínculo con Andrea. Esto sería como quedar en pelotas: solo, sin trabajo y pobre. También es una oportunidad para dar vuelta páginas, cerrar capítulo o borrón y cuenta nueva. Tendría que buscar una pega en alguna ciudad que no sea Santiago, activar el sistema de alojamientos y poner a funcionar la creatividad para proyectarme.
Cualquiera de estos escenarios presentan algunas constantes, que son independientes: escribir mi Tesis y solicitar el grado académico, colaborar con el proyecto gráfico-editorial, desarrollar plan de viajes en bicicleta, realizar programa de actividades para mi realización personal (arte, técnica, idiomas, conocimientos).
En estos días, junto con la ansiedad, he experimentado temores irracionales que me recuerdan mis días de neurosis obsesiva. Susto por la eventualidad de fracasar, perder, que se la he atribuido a cosas inanimadas, clara muestra de superstición. Son miedos asociados con pérdida: de una relación amorosa que se sentía con mucha proyección, de un proyecto interesante y prometedor, del pelo, de la vida, etc. Estos temores, a los cuales les busco orígenes irracionales, producen angustia e inmovilismo. Creo que me ha servido la conversación con amigos(as) y la lectura de textos de sicología. Tranquiliza pensar como dice F. Flores, que todos los quiebres se pueden re-visualizar como aperturas, oportunidades u opción de nuevas posibilidades u horizontes. Esto es cierto, aunque “el corazón tiene razones que la razón desconoce”. Los próximos 15 días quiero aprovecharlos al máximo para cumplir objetivos que tengo propuestos para este verano.
domingo, 8 de febrero de 1998
La limpieza, el aseo, las labores domésticas son actividades que, efectuadas en condiciones adecuadas, pueden llegar a ser placenteras. Por ejemplo, realizadas con buenos instrumentos, sin ansiedad, metódicamente y en forma organizada. También, como enseña el budismo, ser uno con la acción, en una especie de danza relajante. Además, tener conciencia de que el resultado significa producir un ambiente limpio, ordenado, hermoso, en suma, un lugar agradable para habitar.
Esta estadía en San Antonio, viviendo prácticamente solo en la casa de la mamá de Walter, me ha servido para reflexionar sobre algo que siempre antes estaba dado: el hábitat más cercano. Cuando uno ha vivido desde niño con una nana o con la mamá ocupadas de lograr un hogar acogedor, grato, cuesta interiorizar que esos ambientes requieren trabajo, y que influyen en la calidad de vida. Llevar a cabo las labores domésticas: lavar ropa, cocinar, hacer compras, pagar cuentas, llevar presupuestos, etc., lo hacen a uno valorar esas actividades generalmente hechas por mujeres y sin remuneración, entregándoles la dignificación que se merecen.
Entre fines de este mes y comienzos de marzo se definen dos cosas de vital importancia para mi futuro; ambas decisiones serán tomadas por otras personas y moldearán mi existencia por un buen tiempo. La primera, y más significativa, es la aprobación o no por el Banco del Estado del crédito de 1.500 UF para concretar el proyecto pesquero de Santiago. Si la respuesta es afirmativa, implicará para mí hacerme cargo de la gestión de la empresa; hacer muchos trámites, diligencias, contactos, transacciones, viajes y controles. En caso de ser negativa, tendré que buscar un empleo en alguna ciudad –que no sea la capital- hasta definir cómo proyectarme. Sé que cuento con posibilidades de alojamientos gratuitos provisorios. Paralelamente, sea cual sea el resultado de la petición crediticia, deseo retomar la elaboración de la Memoria, que me ayude a solicitar el grado académico que me corresponde. Una cosa segura es que quiero alejarme de Walter y de su imprenta; eso no significa pelear, no ayudarlo más o algo por el estilo, pero quiero oxigenarme y evitar ondas negativas.
La otra decisión que me afectará mucho será la que tome Andrea con respecto a nuestra relación amorosa. En caso de que su determinación sea cortar el vínculo, quedaré nuevamente solo y sin compromiso, por lo que estaré abierto a entablar nuevos enlaces sexuales o afectivos. El que ella termine implicará un golpe sicológico: sufriré una pérdida y se verá tocada mi autoestima. Sin lugar a dudas será un bajón, pero de todas las experiencias se pueden sacar frutos para enriquecer la personalidad. De querer continuar nuestro romance, ello podría darse bajo dos modalidades: como amigos-amantes, lo que conlleva algo más abierto, libre, con menos compromiso y una unión más frágil, o proyectarse como pareja, pololos, con voluntad de largo plazo, de cultivar, desarrollar y hacer crecer el sistema.
Esta estadía en San Antonio, viviendo prácticamente solo en la casa de la mamá de Walter, me ha servido para reflexionar sobre algo que siempre antes estaba dado: el hábitat más cercano. Cuando uno ha vivido desde niño con una nana o con la mamá ocupadas de lograr un hogar acogedor, grato, cuesta interiorizar que esos ambientes requieren trabajo, y que influyen en la calidad de vida. Llevar a cabo las labores domésticas: lavar ropa, cocinar, hacer compras, pagar cuentas, llevar presupuestos, etc., lo hacen a uno valorar esas actividades generalmente hechas por mujeres y sin remuneración, entregándoles la dignificación que se merecen.
Entre fines de este mes y comienzos de marzo se definen dos cosas de vital importancia para mi futuro; ambas decisiones serán tomadas por otras personas y moldearán mi existencia por un buen tiempo. La primera, y más significativa, es la aprobación o no por el Banco del Estado del crédito de 1.500 UF para concretar el proyecto pesquero de Santiago. Si la respuesta es afirmativa, implicará para mí hacerme cargo de la gestión de la empresa; hacer muchos trámites, diligencias, contactos, transacciones, viajes y controles. En caso de ser negativa, tendré que buscar un empleo en alguna ciudad –que no sea la capital- hasta definir cómo proyectarme. Sé que cuento con posibilidades de alojamientos gratuitos provisorios. Paralelamente, sea cual sea el resultado de la petición crediticia, deseo retomar la elaboración de la Memoria, que me ayude a solicitar el grado académico que me corresponde. Una cosa segura es que quiero alejarme de Walter y de su imprenta; eso no significa pelear, no ayudarlo más o algo por el estilo, pero quiero oxigenarme y evitar ondas negativas.
La otra decisión que me afectará mucho será la que tome Andrea con respecto a nuestra relación amorosa. En caso de que su determinación sea cortar el vínculo, quedaré nuevamente solo y sin compromiso, por lo que estaré abierto a entablar nuevos enlaces sexuales o afectivos. El que ella termine implicará un golpe sicológico: sufriré una pérdida y se verá tocada mi autoestima. Sin lugar a dudas será un bajón, pero de todas las experiencias se pueden sacar frutos para enriquecer la personalidad. De querer continuar nuestro romance, ello podría darse bajo dos modalidades: como amigos-amantes, lo que conlleva algo más abierto, libre, con menos compromiso y una unión más frágil, o proyectarse como pareja, pololos, con voluntad de largo plazo, de cultivar, desarrollar y hacer crecer el sistema.
miércoles, 4 de febrero de 1998
Depender de una persona para subsistir es incómodo, y si ese alguien es un tipo que transpira amargura, rencor, odio, rabia, desprecio, como Walter, es peor. La autodependencia es una situación magnífica. De no resultar el proyecto pesquero, buscaría trabajo en cualquier cosa, con tal de lograr la anhelada autonomía. Ya estoy hasta el pincho, la coronilla, con la familia Reyes Pinto, sus dramas, conflictos, arrogancias, achaques, etc.
Desde la infancia, siempre para mí fue un gran valor la sencillez, la humildad, la austeridad, por lo que me causa desagrado la soberbia, arrogancia, las personas engreídas, la altivez, etc.
Ya estoy aburrido de los comentarios odiosos, de las frases clichés, de las poses y de las mañas de Walter. Él me acusa de a-social, individualista y “luterano-calvinista”; y lo que pasa es que yo no comparto su tipo de “vida social” y no me interesan sus peleas e irracionalidades, ni sus vicios, ni su forma de “carretear”. Mi vida social o convivencia, mis amistades y relaciones son de otra especie o sub-cultura, y de unas generaciones distintas.
Anoche tuve la conversación que tenía pendiente con Margarita desde comienzos de enero. Ella estaba bastante bebida, me tomó de la mano y me llevó al segundo piso de la casa de la familia Manríquez. Me dijo que había experimentado las tres sensaciones hacia mí: distancia, odio y deseos de tocarme. Me abrazó, me hizo caricias, cosquillas, e intentó besarme en varias oportunidades. Lo que más le disgustó fue que en nuestro último encuentro, el 25 a 26 de diciembre, yo no le hubiera explicado que ese acto sexual era la despedida. Se sintió engañada debido a mi cobardía, y a mi falta de claridad. Afirmó que nuestro pololeo fue algo que le produjo felicidad y que, aunque como pareja nunca satisfice su necesidad de comunicación ni de sentirse querida o amada, fui un muy buen amante en lo sexual. A ella le desesperaban mis tendencias introvertidas y “autistas”, y ansiaba poder desentrañar mis pensamientos o escudriñar en mi cerebro. Creo que por lo menos con esta conversación ella pudo desahogarse, desatorarse y aliviar su tristeza y rabia. Pienso que podremos seguir siendo amigos o, por lo menos, “conocidos” con buena onda.
Algo presentía de que el romance con Andrea iba demasiado bien. El lunes en la noche, cuando llegué al departamento de su tía en Santiago, ella me esperaba en la puerta del condominio. Quise besarla en los labios y me puso a mejilla; nos abrazamos y, al intentarlo nuevamente, volvió a esquivarme. Algo pasaba; quizás no quiere porque no se ha lavado los dientes o porque no deseaba contagiarme su catarro, pensé. Entramos al departamento de su tía, nos sirvieron comida, conversamos y me mostró unas fotografías. Al contarle mi deseo de acompañarla al aeropuerto, señaló que ella no lo merecía, que mejor nos despidiéramos esa noche. Bajamos y nos sentamos en una banca para hablar. Me contó con más detalles cómo Fernando descubrió nuestra relación, al leer su agenda, y lo que ocurrió después: la llamada de la mamá de él, y el encuentro que tuvieron más tarde, en donde él le recriminó que cómo se había dejado engrupir por un “viejo” de 30 años, le enrostró el engaño, la mentira, etc. Andrea me contó que al volver a su casa, sintió dolor por la pérdida, y que muchas cosas le hacían rememorar las virtudes de Fernando y los momentos gratos de los dos años y medio de relación. Me explicó que se pudiera haber pensado que tarde o temprano ese vínculo terminaría y que, automáticamente, comenzaría a pololear conmigo. Pero no fue así de fácil o simple. Indicó que creía que lo nuestro se iba a ver perturbado por sus rollos, por lo que sería preferible dejarlo ahora que todavía no se complica, antes que seguir y terminar sufriendo. Paralelamente, está consciente de que volver con su ex pololo significaría tener siempre abierta la posibilidad de la acusación de infidelidad y la de desconfianza. Me sugirió que no la espere, y que atine o aproveche en caso de que se me presente una oportunidad con otra mujer. Yo le hice ver que la quiero y que me gusta, por lo que en este momento ella es mi preferida; que esperarla no es un problema para mí. Le sugerí que tratara de separar y no mezclar su asunto con Fernando, por un lado, con su relación conmigo, por otro, ya que no es justo que eso interfiera con lo nuestro. Coincidimos en que este viaje por un mes a Nicaragua le servirá para tomar distancia, aclararse, reflexionar y regresar con más lucidez. Agregué que lo importante para lo nuestro será saber si yo le gusto y si ella siente que me quiere lo suficiente como para continuar; si no es así, yo viraré. Algo que me tranquilizó un poco fue un sueño que me relató: ella quedaba embarazada y daba a luz unas mellizas, las cuales crecían rápidamente y eran hermosas. Estando su familia en el patio, estaba cubierto por la sombra el padre de las niñas, hasta que la mamá de Andrea exclamó: si es Cristian.
Sé que pensaré mucho en Andrea, que me angustiará la idea de que una de las posibilidades de resolución de todo esto sea que yo pierda, y que mi imaginación volará con panoramas para disfrutar con ella en caso que sigamos. Lo mejor para alivianar la ansiedad, y despejar la mente de temores y desazón, es trabajar mucho, planificar mis actividades para este año y ocuparme de lo que ya he programado para la segunda mitad de este verano.
Desde la infancia, siempre para mí fue un gran valor la sencillez, la humildad, la austeridad, por lo que me causa desagrado la soberbia, arrogancia, las personas engreídas, la altivez, etc.
Ya estoy aburrido de los comentarios odiosos, de las frases clichés, de las poses y de las mañas de Walter. Él me acusa de a-social, individualista y “luterano-calvinista”; y lo que pasa es que yo no comparto su tipo de “vida social” y no me interesan sus peleas e irracionalidades, ni sus vicios, ni su forma de “carretear”. Mi vida social o convivencia, mis amistades y relaciones son de otra especie o sub-cultura, y de unas generaciones distintas.
Anoche tuve la conversación que tenía pendiente con Margarita desde comienzos de enero. Ella estaba bastante bebida, me tomó de la mano y me llevó al segundo piso de la casa de la familia Manríquez. Me dijo que había experimentado las tres sensaciones hacia mí: distancia, odio y deseos de tocarme. Me abrazó, me hizo caricias, cosquillas, e intentó besarme en varias oportunidades. Lo que más le disgustó fue que en nuestro último encuentro, el 25 a 26 de diciembre, yo no le hubiera explicado que ese acto sexual era la despedida. Se sintió engañada debido a mi cobardía, y a mi falta de claridad. Afirmó que nuestro pololeo fue algo que le produjo felicidad y que, aunque como pareja nunca satisfice su necesidad de comunicación ni de sentirse querida o amada, fui un muy buen amante en lo sexual. A ella le desesperaban mis tendencias introvertidas y “autistas”, y ansiaba poder desentrañar mis pensamientos o escudriñar en mi cerebro. Creo que por lo menos con esta conversación ella pudo desahogarse, desatorarse y aliviar su tristeza y rabia. Pienso que podremos seguir siendo amigos o, por lo menos, “conocidos” con buena onda.
Algo presentía de que el romance con Andrea iba demasiado bien. El lunes en la noche, cuando llegué al departamento de su tía en Santiago, ella me esperaba en la puerta del condominio. Quise besarla en los labios y me puso a mejilla; nos abrazamos y, al intentarlo nuevamente, volvió a esquivarme. Algo pasaba; quizás no quiere porque no se ha lavado los dientes o porque no deseaba contagiarme su catarro, pensé. Entramos al departamento de su tía, nos sirvieron comida, conversamos y me mostró unas fotografías. Al contarle mi deseo de acompañarla al aeropuerto, señaló que ella no lo merecía, que mejor nos despidiéramos esa noche. Bajamos y nos sentamos en una banca para hablar. Me contó con más detalles cómo Fernando descubrió nuestra relación, al leer su agenda, y lo que ocurrió después: la llamada de la mamá de él, y el encuentro que tuvieron más tarde, en donde él le recriminó que cómo se había dejado engrupir por un “viejo” de 30 años, le enrostró el engaño, la mentira, etc. Andrea me contó que al volver a su casa, sintió dolor por la pérdida, y que muchas cosas le hacían rememorar las virtudes de Fernando y los momentos gratos de los dos años y medio de relación. Me explicó que se pudiera haber pensado que tarde o temprano ese vínculo terminaría y que, automáticamente, comenzaría a pololear conmigo. Pero no fue así de fácil o simple. Indicó que creía que lo nuestro se iba a ver perturbado por sus rollos, por lo que sería preferible dejarlo ahora que todavía no se complica, antes que seguir y terminar sufriendo. Paralelamente, está consciente de que volver con su ex pololo significaría tener siempre abierta la posibilidad de la acusación de infidelidad y la de desconfianza. Me sugirió que no la espere, y que atine o aproveche en caso de que se me presente una oportunidad con otra mujer. Yo le hice ver que la quiero y que me gusta, por lo que en este momento ella es mi preferida; que esperarla no es un problema para mí. Le sugerí que tratara de separar y no mezclar su asunto con Fernando, por un lado, con su relación conmigo, por otro, ya que no es justo que eso interfiera con lo nuestro. Coincidimos en que este viaje por un mes a Nicaragua le servirá para tomar distancia, aclararse, reflexionar y regresar con más lucidez. Agregué que lo importante para lo nuestro será saber si yo le gusto y si ella siente que me quiere lo suficiente como para continuar; si no es así, yo viraré. Algo que me tranquilizó un poco fue un sueño que me relató: ella quedaba embarazada y daba a luz unas mellizas, las cuales crecían rápidamente y eran hermosas. Estando su familia en el patio, estaba cubierto por la sombra el padre de las niñas, hasta que la mamá de Andrea exclamó: si es Cristian.
Sé que pensaré mucho en Andrea, que me angustiará la idea de que una de las posibilidades de resolución de todo esto sea que yo pierda, y que mi imaginación volará con panoramas para disfrutar con ella en caso que sigamos. Lo mejor para alivianar la ansiedad, y despejar la mente de temores y desazón, es trabajar mucho, planificar mis actividades para este año y ocuparme de lo que ya he programado para la segunda mitad de este verano.
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