domingo, 8 de febrero de 1998

La limpieza, el aseo, las labores domésticas son actividades que, efectuadas en condiciones adecuadas, pueden llegar a ser placenteras. Por ejemplo, realizadas con buenos instrumentos, sin ansiedad, metódicamente y en forma organizada. También, como enseña el budismo, ser uno con la acción, en una especie de danza relajante. Además, tener conciencia de que el resultado significa producir un ambiente limpio, ordenado, hermoso, en suma, un lugar agradable para habitar.
Esta estadía en San Antonio, viviendo prácticamente solo en la casa de la mamá de Walter, me ha servido para reflexionar sobre algo que siempre antes estaba dado: el hábitat más cercano. Cuando uno ha vivido desde niño con una nana o con la mamá ocupadas de lograr un hogar acogedor, grato, cuesta interiorizar que esos ambientes requieren trabajo, y que influyen en la calidad de vida. Llevar a cabo las labores domésticas: lavar ropa, cocinar, hacer compras, pagar cuentas, llevar presupuestos, etc., lo hacen a uno valorar esas actividades generalmente hechas por mujeres y sin remuneración, entregándoles la dignificación que se merecen.
Entre fines de este mes y comienzos de marzo se definen dos cosas de vital importancia para mi futuro; ambas decisiones serán tomadas por otras personas y moldearán mi existencia por un buen tiempo. La primera, y más significativa, es la aprobación o no por el Banco del Estado del crédito de 1.500 UF para concretar el proyecto pesquero de Santiago. Si la respuesta es afirmativa, implicará para mí hacerme cargo de la gestión de la empresa; hacer muchos trámites, diligencias, contactos, transacciones, viajes y controles. En caso de ser negativa, tendré que buscar un empleo en alguna ciudad –que no sea la capital- hasta definir cómo proyectarme. Sé que cuento con posibilidades de alojamientos gratuitos provisorios. Paralelamente, sea cual sea el resultado de la petición crediticia, deseo retomar la elaboración de la Memoria, que me ayude a solicitar el grado académico que me corresponde. Una cosa segura es que quiero alejarme de Walter y de su imprenta; eso no significa pelear, no ayudarlo más o algo por el estilo, pero quiero oxigenarme y evitar ondas negativas.
La otra decisión que me afectará mucho será la que tome Andrea con respecto a nuestra relación amorosa. En caso de que su determinación sea cortar el vínculo, quedaré nuevamente solo y sin compromiso, por lo que estaré abierto a entablar nuevos enlaces sexuales o afectivos. El que ella termine implicará un golpe sicológico: sufriré una pérdida y se verá tocada mi autoestima. Sin lugar a dudas será un bajón, pero de todas las experiencias se pueden sacar frutos para enriquecer la personalidad. De querer continuar nuestro romance, ello podría darse bajo dos modalidades: como amigos-amantes, lo que conlleva algo más abierto, libre, con menos compromiso y una unión más frágil, o proyectarse como pareja, pololos, con voluntad de largo plazo, de cultivar, desarrollar y hacer crecer el sistema.

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