sábado, 30 de septiembre de 1995

Yo, el incondicional, el que no espera nada.
Anoche acompañé a Gabriela a conversar con Isabel. Tomamos once, jugué con Hernán Felipe, y, después, viré a la plaza Italia, donde tenía que encontrarme con Marcela. Como a las 23:30 llegué al depto., y poco rato después arribó la Gabi.
Cuando nos dirigíamos hacia el depto. de Isabel, íbamos de la mano, abrazados, contentos. Después de encontrarnos en nuestro hogar, seguimos en esa actitud. Ella cruzó un par de telefonazos con Patricio, y, en el momento que le ofrecí cocinar los rabioles, me dijo que no, porque ella pasaría la noche en casa del pololo. A continuación, inició una conversa que para ella era aclaratoria. Manifestó que estaba preocupada por mí, que yo me estuviera pasando rollos con ella, que pudieran dar lugar a malentendidos que perjudicaran nuestra amistad. Dijo que ésta era muchísimo más importante que lo sexual o de romance, y que si estas últimas estropeaban lo primero, preferiría cortarlas. Señaló que me quiere, que soy de su tipo (aunque un poco vago), pero que no desea abrirme ninguna puerta que me haga esperar una relación de pareja. No quiere enamorarse ni tener nada con hombres por un tiempo. No va a salir de una relación para meterse en otra. Desea la libertad. Le encanta que nuestra relación sea “sana”, sin complicaciones ni proyección. Yo expresé que lo que yo siento y sueño son cosas que están ahí, pero que racionalmente yo me conduzco para que lo nuestro siga bien. Gabi indicó que puede ser que en el futuro nos riamos de todo esto, que ella me desee como pareja y que yo no la pesque, etc. Todas las posibilidades posibles. Le aproblema mis reiteradas comparaciones con mi relación con la Claudia. Afirmó que si ella no hubiese cachado que yo soy un tipo liberal y relajado en lo sexual, nunca se hubiera acostado conmigo.
Está agotada de rollos con hombres amantes y parejas. Que ella no era tan gruñona antes de su pololeo con Patricio. No quiere que yo me amargue ni que le reproche por malos entendidos.
Me preguntó que cómo me afectaba la situación actual. Yo le comenté que era incómodo el hecho de no contar con el tiempo adecuado para estar con ella, y que, por todo lo que yo sé, me da bronca que siga con Patricio. Que si saliera con otro tipo no me afectaría igual.

Soy un romántico, soñador platónico, pero mi comportamiento tiene mucha racionalidad. De alguna manera, mi actual relación con Gabi es bastante cómoda, e, incluso, hasta podría ser más conveniente que una relación de pareja pública y “oficial”.
Géminis: romántico, soñador.
Cabra: práctico, aterrizado.

Más prudencia: a mis amistades les he contado demasiados detalles de la Gabi y de nuestra relación (más discreción).

Trauma de relación con Nacho (aprensión de Gabi). Susto, temor a echar a perder nuestra amistad.

Amor: querer lo mejor para el otro.
Sexo: otra forma de comunicación.

Cómplice, compinche, confidente, camarada.

miércoles, 27 de septiembre de 1995

Ayer fui a conversar con Isabel Villegas, para contarle sobre los problemas de la Gabi, aunque terminamos hablando más sobre mi. Isabel me dijo algunas cosas interesantes: mi relación amorosa con las mujeres tiende a ser poco estable e incierta. Eso me atrae y al mismo tiempo me hace sufrir (relación con los tangos y boleros). La terapia sicológica no hará que Gabi cambie y me quiera más a mí. Existe la posibilidad cierta de que yo la pierda, lo que me producirá dolor y bajón. Isabel me preguntó qué situación me gustaría: creo que me sentiría muy bien si percibiera que Gabi me quiere de una forma análoga a como yo la quiero. Ser su pareja y, si quiere, casarnos (aunque en matrimonio social, ni civil ni religioso).
Lo que me da lata es el cambio brusco de actitud. La última noche que hicimos el amor fue muy bueno; me dijo que me adoraba, nos miramos, conversamos, etc., todo tiernamente. Al día siguiente, cuando llegó del trabajo, la recibí con abrazo y besos en la boca. Ella no me pescó y se extrañó de mi conducta. El resto del día fue bastante indiferente. En la noche dormimos juntos pero ni siquiera me tomó las manos. A la mañana siguiente, cuando me iba, me pidió el beso de despedida...
Isabel me aconsejó que no me aislara, que no fuera absorbido por el remolino; que intensificara mis relaciones sociales y amistosas, y retomara mis proyectos y actividades.

Los controles sicológicos deberían ser como los médicos y los dentales: periódicos.

domingo, 24 de septiembre de 1995

De repente presiento que con todo esto de la Gabi, mi corazón va a quedar como membrillo de colegial.

sábado, 23 de septiembre de 1995

Ayer volvió Gabi de Montevideo; llegó con la primavera. Me trajo algunas cosas: publicaciones, música, yerba. Estaba contenta, conversamos sobre su viaje, actividades, anécdotas, etc. Me pasó una pequeña carta que escribió en un bar allá en la capital del Uruguay. Siento que me quiere; por su mirada, sus gestos, su conducta, etc. Pero, ella está trastornada con el “macho maltratador” (Patricio). Según una metáfora, argumentó que es como si alguien estuviera enamorado de una persona que tiene una faceta negativa, “como una prostituta”, dijo. La diferencia es que una puta podría estar dañando su dignidad o la de sus clientes, pero no falta el respeto a su pareja.
Le propuse que, para no tener problemas con el “machito”, le contara que soy gay. El pelotudo no quiere que viva con tres hombres, y yo no le caigo bien, porque sospecha que entre Gabi y yo hay algo especial. Alguien diría que yo soy el reserva, el que está en la banca, pero yo creo que es otra cosa. Sin duda ella prefiere estar todo el día con él. Cuando le avisa que la pasará a buscar, ella se pone ansiosa y mira por la ventana al estacionamiento. Ella afirmó que es producto –su relación enfermiza- de un trauma por la separación de sus padres. Se proyecta casada y con varios hijos, en relaciones largas. Dijo que no podría terminar en pocos meses. Mi consejo fue que, si su actual situación le agrada (él la trata bien, está en un ambiente liberal, puede carretear sola, etc.), entonces que se relaje y que le dé tiempo al tiempo. Que las cosas decantarán por su peso. Yo quedé tranquilo, aunque sea una gran incertidumbre. Es parecido a mi relación con la imprenta, en el sentido de que yo estoy invirtiendo mucho, sin ninguna seguridad de que resulte. Es tiempo, trabajo y energía dedicado a dos relaciones que pueden terminar en fracaso, o en estados en que yo no logro lo que me había propuesto. Incertidumbre, inseguridad: “como loro en el alambre”. Seré acaso un aventurero? Lo cierto es que, en estos momentos, Gabi ocupa, con su presencia, mi mente, mi cuerpo; entró en mi vida como pieza de un rompecabezas. En el día pienso en ella, en la imprenta, en los proyectos libertarios, en mis pegas periodísticas, en el desarrollo de mis potencialidades (cómo afectan las carencias por no tener “money”). Por lo menos, mi ánimo ha mejorado, y ando con más motivación. Tenemos trabajo en la imprenta, y Gabi desea permanecer con nosotros.
Mi clave: método y perseverancia.

Me han llamado: Myriam, Mireya, Manuela, Marcela. Mónica quería que la acompañara. Cariño hay.

jueves, 21 de septiembre de 1995

Más técnicas metodología: no aparecer exigente, reprochador, acosador, controlador, interrogador, aprehensivo, hostigante. Ser protector, pero no paternalista; de igual a igual. Proponerle panoramas, sin indagar en sus asuntos. No ser vigilante. Ayudarla, pero sin arrastrarse o ser sometido (ejemplo: capricho del seter). Inventarle y fabricarle adornos, artefactos, etc., canciones, poemas, etc., juegos, cuentos, etc.
Hoy me acordé que tengo buenas amistades: Sandra, Elena, Leo, entre otros. A ellos también les debería decir alguna vez que los quiero.

miércoles, 20 de septiembre de 1995

Anoche recibí consejos de Cecilia y Buba sobre mi relación con Gabriela. Diagnóstico de la situación actual: vivimos en el mismo depto.; tenemos muchas cosas en común, y, a la vez, hartas características muy diferentes; tenemos una cierta confidencialidad o complicidad; ambos sabemos bastante acerca del otro; nos tenemos cariño y aprecio, nos queremos; nos enrollamos con facilidad e interpretamos hasta los mínimos gestos; nos gusta compartir entre nosotros. Diferencias: yo la quiero con más intensidad, y no tengo relación con ninguna otra mujer. En cambio, ella me quiere con menor fuerza y tiene una relación tormentosa con su ex pololo. Objetivo: equilibrar nuestro amor mutuo. Metodología: no aparecer como un lacho, totalmente entregado e incondicional (“baboso”). No buscarla ni ir a su pieza sin que me lo solicite. Actuar sólo cuando ella dé señales de querer que yo lo haga. Tener carretes, movidas y salir con otra gente. Escribirle y dibujarle cosas bonitas, pero no declararme más. En ningún caso, aparecer que estoy sufriendo por ella. No aparecer parqueado y esperándola. Hacer mi pieza acogedora para ella: un relajo, pero limpia y con espacio. Asearme más, y todos los días ducharme. Emparejarme la barba y el pelo. Cortarme las uñas de pies y manos. No andar con legañas o sin buen aliento. Coserme la ropa y colocar suela a los zapatos. Darle sorpresas; regalos ingeniosos. Hacer cosas artísticas para ella. No ser junior ni goma. Crear encantos expresárselos. No vestir ropa sucia o con mal olor. Tengo que estar más seguro de mí mismo. Cuando llegue quiero que tenga claro que no necesita contarme cuentos, engrupirme o decirme mentiras piadosas.
Voy a hacer más ejercicios.

martes, 19 de septiembre de 1995

Lo último que escribí fue la primera vez que lo hice sabiendo que alguien lo iba a leer (Gabriela).

La mañana que Pepe se marchó me dio pena. Una tristeza que me hizo llorar. Era mi yunta; él la uña y yo la mugre. Cecilia me acompañó. Ella es ahora mi amiga más cercana; junto con Ezio, Ernesto, y, ahora, Gabriela. La echo de menos, la extraño, y pienso mucho en ella. Me asusta imaginar que a su regreso pueda no pescarme.
Gabi me escribió que había que dejarse guiar más por los sentimientos y dejar de exigir tanto. Ella había creído, equivocadamente, que yo pensé que me había usado. Y, en verdad, la duda que yo tenía era acerca de que si yo le gustaba un poco o si sentía algo especial por mí.
No le gustan los reproches. Le carga dormir mal y poco. Me tiró la talla del “acoso sexual” cuando comencé a acariciarla la última noche. Eso me afectó. Me afloró toda la inseguridad de estarla molestando.
En vez de enrollarme tanto con lo que sucederá al regresar la Gabi –y todas las inseguridades conexas-, tengo que estudiar su personalidad, planificar cosas para que ella se sienta bien y nos divirtamos, y elaborar una metodología para que nuestra relación sea fructífera. No preocuparme, sino ocuparme. Averiguar actividades artístico-culturales (cine, teatro, música, etc.); preparar paseos con gente interesante (Pato-Limache, Loco-Tabito, Sergio-San Alfonso, etc.). Organizar fiestas (Ernesto, Ezio, etc.).
Que mientras dure, la pasemos bien.

sábado, 16 de septiembre de 1995

Son pocas las veces en la vida que se presenta el amor integral, derivado de una ecuación en la cual se conjugan armoniosamente un conjunto de variables. Esto es lo que me ha pasado con Gabriela. Me doy cuenta de que la quiero, al mismo tiempo, con todas las formas del querer. Mi cariño es fraternal, de amigos; es familiar, de parientes; es romántico, de pareja; es sensual, de amantes; es “espiritual”, o de ”almas gemelas”, como diría Nacho. Además, como Gabi es de Montevideo, tengo toda una asociación con un lugar del cual siento nostalgia, afecto, y buena onda.
Hace unos días, estuvimos toda la noche acariciándonos y besándonos tiernamente. No podía creer que las cosas se estuvieran dando tan luego. Toda esa maravillase opacó un poco a la mañana siguiente, cuando a mí se me ocurrió contarle a Gabi todas mis inseguridades y temores. Me deprimí mucho al pensar que la había embarrado otra vez más. Escribí una carta, que Gabi contestó, y en la que –a pesar de no aclararme del todo ciertas cosas- me devolvió la calma y la tranquilidad. Volvimos a pasar la noche juntos. Hicimos el amor con esa armonía propia de quienes se conocen bien. Es una complicidad que no se logra así como así con todo el mundo. Con Gabi siento que hay algo especial entre nosotros (como de una comunicación íntima). Puede ser que nos enrollemos, no nos entendamos al hablar o leernos, pero, por lo menos yo, siento que Gabi encaja muy bien en mi existencia. Me he percatado de que en su personalidad hay elementos conflictivos, el algo caprichosa y mimada; que es mejor despertar en otra cama; que expresa mensajes que pueden llegar a ser “hirientes” para los que la quieran, etc. Sin embargo, esos son “ruidos” que hay que conocer, para no entramparse con ellos. “Tomárselo con andina” o que “te resbalen”.
Nos conocemos hace tres semanas. En este tiempo puedo decir que mis sentimientos con respecto a Gabriela son bastante claros. En cuanto a mis expectativas de relación, me doy cuenta de que, dado el grado de confusión que tiene Gabi, es muy apresurado proponerme algo específico. Lo mejor es que las cosas se decanten, que el tiempo y las circunstancias marquen el rumbo. Nuestra actual situación es, de por sí, hermosa: vivir el presente, sin preocuparse de lo que vendrá. Nos queremos (aunque no sepa si su amor es como el mío), nuestra comunicación es buena, nos apoyamos mutuamente, nos divertimos, nos acompañamos, respetamos nuestras particularidades y mundos individuales, nos regaloneamos, hacemos el amor; no nos ponemos condiciones, exigencias ni nos pedimos exclusividad. Flor.
Ahora, Gabi se va por una semana a Montevideo. Pensaré mucho en ella. Ojalá solucione sus problemas, se ponga en buena con su familia y disfrute, para que se le pase su crisis. Espero que llegue radiante y con ánimos para llevar a cabo sus proyectos profesionales.

sábado, 9 de septiembre de 1995

Varias veces, en el último tiempo, me han dado ganas de llorar; incluso he llegado a las lágrimas caminando por pleno centro de Santiago.
Otra cosa que me ha pasado un par de veces es una especie de delirio; me siento inquieto, angustiado, con ansiedad. Es una situación algo desesperante, en que me sumerjo en el vacío del absoluto sin sentido. Los pensamientos se atropellan en mi mente y percibo mi entorno algo distorsionado. En la despedida del Pepe estaba Marcela. Bailamos, conversamos un poco y nos miramos. Es indudable que siento todavía algo fuerte por ella. Lo mismo me ocurre con Alejandra. Esta flaca, cada vez que nos encontramos, nos rozamos los labios, las manos, la vista. Es como si nuestros cuerpos lanzaran señas para tocarse (al menos esa es la sensación que yo tengo).

martes, 5 de septiembre de 1995

La presencia de Gabi en nuestra casa me ha ayudado mucho. Ando con mejor ánimo, me estoy levantando más temprano, pienso en ella y me siento bien; he estado más hacendoso y procurando que el depto. esté cómodo para ella. Es una linda persona, atractiva, inteligente, buena. Estoy contento con la idea de convivir un mes con ella. Desde el comienzo sentí simpatía y confianza con ella. Creo que tenemos una buena comunicación. Nos hemos contado cosas íntimas, y tenemos varias cosas en común y parecidas (por ejemplo, el hecho de haber sido buenos estudiantes y haberse generado grandes expectativas en torno nuestro). Evidentemente, sería fantástico llegar a ser su pareja. No obstante, también será una gran alegría ser sólo su amigo, o cualquier matiz intermedio. Sea lo que sea, es un amor cristalino, en que deseo, por sobre todo, que ella sea feliz.
En los próximos días se va el Pepe, y Gabi lo echará de menos; se sentirá sola, con ansiedad, confundida y triste. Yo espero ayudarla, estar a su lado, cuidarla y tratar de que la pase bien. No va conmigo tratar de conquistarla o seducirla. Ni siquiera pienso o anhelo tener sexo con ella. Son más bien sensaciones románticas; con abrazos, tomarse las manos, mirarse a los ojos, conversar, caminar, recostarse juntos y ese tipo de cosas. Si ella me quisiera como pareja, pienso que las cosas se darán solas, por su propio peso. Si, en cambio, no me visualiza como tal, estoy seguro que será una hermosa amistad.

Crisis de angustia, ganas de llorar.