sábado, 23 de septiembre de 1995

Ayer volvió Gabi de Montevideo; llegó con la primavera. Me trajo algunas cosas: publicaciones, música, yerba. Estaba contenta, conversamos sobre su viaje, actividades, anécdotas, etc. Me pasó una pequeña carta que escribió en un bar allá en la capital del Uruguay. Siento que me quiere; por su mirada, sus gestos, su conducta, etc. Pero, ella está trastornada con el “macho maltratador” (Patricio). Según una metáfora, argumentó que es como si alguien estuviera enamorado de una persona que tiene una faceta negativa, “como una prostituta”, dijo. La diferencia es que una puta podría estar dañando su dignidad o la de sus clientes, pero no falta el respeto a su pareja.
Le propuse que, para no tener problemas con el “machito”, le contara que soy gay. El pelotudo no quiere que viva con tres hombres, y yo no le caigo bien, porque sospecha que entre Gabi y yo hay algo especial. Alguien diría que yo soy el reserva, el que está en la banca, pero yo creo que es otra cosa. Sin duda ella prefiere estar todo el día con él. Cuando le avisa que la pasará a buscar, ella se pone ansiosa y mira por la ventana al estacionamiento. Ella afirmó que es producto –su relación enfermiza- de un trauma por la separación de sus padres. Se proyecta casada y con varios hijos, en relaciones largas. Dijo que no podría terminar en pocos meses. Mi consejo fue que, si su actual situación le agrada (él la trata bien, está en un ambiente liberal, puede carretear sola, etc.), entonces que se relaje y que le dé tiempo al tiempo. Que las cosas decantarán por su peso. Yo quedé tranquilo, aunque sea una gran incertidumbre. Es parecido a mi relación con la imprenta, en el sentido de que yo estoy invirtiendo mucho, sin ninguna seguridad de que resulte. Es tiempo, trabajo y energía dedicado a dos relaciones que pueden terminar en fracaso, o en estados en que yo no logro lo que me había propuesto. Incertidumbre, inseguridad: “como loro en el alambre”. Seré acaso un aventurero? Lo cierto es que, en estos momentos, Gabi ocupa, con su presencia, mi mente, mi cuerpo; entró en mi vida como pieza de un rompecabezas. En el día pienso en ella, en la imprenta, en los proyectos libertarios, en mis pegas periodísticas, en el desarrollo de mis potencialidades (cómo afectan las carencias por no tener “money”). Por lo menos, mi ánimo ha mejorado, y ando con más motivación. Tenemos trabajo en la imprenta, y Gabi desea permanecer con nosotros.
Mi clave: método y perseverancia.

Me han llamado: Myriam, Mireya, Manuela, Marcela. Mónica quería que la acompañara. Cariño hay.

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