Ayer fui a conversar con Isabel Villegas, para contarle sobre los problemas de la Gabi, aunque terminamos hablando más sobre mi. Isabel me dijo algunas cosas interesantes: mi relación amorosa con las mujeres tiende a ser poco estable e incierta. Eso me atrae y al mismo tiempo me hace sufrir (relación con los tangos y boleros). La terapia sicológica no hará que Gabi cambie y me quiera más a mí. Existe la posibilidad cierta de que yo la pierda, lo que me producirá dolor y bajón. Isabel me preguntó qué situación me gustaría: creo que me sentiría muy bien si percibiera que Gabi me quiere de una forma análoga a como yo la quiero. Ser su pareja y, si quiere, casarnos (aunque en matrimonio social, ni civil ni religioso).
Lo que me da lata es el cambio brusco de actitud. La última noche que hicimos el amor fue muy bueno; me dijo que me adoraba, nos miramos, conversamos, etc., todo tiernamente. Al día siguiente, cuando llegó del trabajo, la recibí con abrazo y besos en la boca. Ella no me pescó y se extrañó de mi conducta. El resto del día fue bastante indiferente. En la noche dormimos juntos pero ni siquiera me tomó las manos. A la mañana siguiente, cuando me iba, me pidió el beso de despedida...
Isabel me aconsejó que no me aislara, que no fuera absorbido por el remolino; que intensificara mis relaciones sociales y amistosas, y retomara mis proyectos y actividades.
Los controles sicológicos deberían ser como los médicos y los dentales: periódicos.
miércoles, 27 de septiembre de 1995
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