Neurosis Obsesivo-Compulsiva, fobia social de interacción (timidez excesiva), depresión neurótica, crisis de pánico, angustia
viernes, 27 de agosto de 1999
Yo no comparto la cosmovisión, el paradigma ni el carácter social dominante. No me gusta la competición, la conquista ni la dominación. No comulgo con esa lógica ni cn esos valores. Mi posición es una permanente resistencia, y una constante búsqueda de formas alternativas de convivir.
Vivo en la cuerda floja, en la línea divisoria o frontera de dos mundos, de culturas opuestas y contradictorias. Provengo de una clase social (medio acomodada, C1 quizás) que es una mierda: ambiciosa, arribista, que vive del servicio a las élites y oligarquías dominantes, y no ve más allá de su bolsillo, auto, casa o propiedad privada. Siempre dispuesta a aplastar, a reprimir al populacho, a la rotada, que pone en peligro sus migajas de propiedad.
Toda mi clase quisiera que yo me comportase como la mayoría de ellos. Pero yo no quiero ser cómplice de este sistema explotador que ha convertido la historia de la humanidad en el abuso de unos sobre otros (así ha sido en los últimos cinco a siete mil años), pero el ser humano vive en comunidad hace mucho tiempo más (un millón de años). Si bien es imposible no ser parte del engranaje, total, pues basta ocupar un poco de dinero para estar metido, por lo menos no deseo propagar este mecanismo ni expandirlo. Vivir lo mejor con menos y buscar modos sociales de producción.
Por eso me he identificado con movimientos como hippie, punk, etc.
jueves, 19 de agosto de 1999
Parásito: adj. y s. Dícese del animal o vegetal que se nutre con el jugo de otro. 2. Dícese de los ruidos que perturban las emisiones radioeléctricas.
Biol. Díc. del organismo que se alimenta a expensas de otro.
Varias veces me han llamado así. En algunos aspectos es cierto; como que absorbo más del ambiente de lo que entrego; es mi forma de ser introvertido, tímido. En trabajo es más relativo. Por ejemplo, yo trabajé durante siete años por un ingreso promedio mensual de 50 mil pesos: apenas para mi reproducción simple o incluso menos. Habría que ver si el producto de mi trabajo de esos siete años valió eso, más, o menos. Pero, subjetivamente, siento que hubo momentos en que me saqué la cresta trabajando (“romperse el lomo”). Es tan relativo el asunto, que hay personas que trabajan poco y ganan mucho, otros lo hacen medianamente, y hay quienes trabajan como chinos y apenas subsisten. En cuanto al gasto, según mis registros, en promedio, yo he gastado alrededor de 75.000 pesos mensuales. Como pocas veces he pagado alojamiento o en algunos períodos ni siquiera he gastado en comida, habría que sumar unos 50 mil pesos más. Esto nos da $ 125.000 mensuales, lo que es uno de los sueldos más comunes en Chile. Esto demuestra que el precio de la fuerza de trabajo, en este tipo de país, la mayoría de las veces alcanza para sobrevivir con lo justo y preciso (lo mínimo). Es una reproducción simple de la masa social.
Yo debería, todos los días, tener una sesión de 15 a 20 minutos en la mañana, y otra en la tarde de relajación, respiración y tratar de llegar a meditar. Esto por mi personalidad neurótica, depresiva, ansiosa y angustiante. En las crisis todo se vuelve tormentoso y caigo en un pantano de incapacidad auto inducida.
El deseo ya lo emití al ver las estrellas fugaces. Ahora tengo seguridad y confianza en la estrategia “Carlos Martínez” y en mi conducta o comportamiento relajado.
Lo prioritario ahora es entregar la Memoria. En segundo lugar intentar aprobar el Examen la primera vez. De no ser así, junto con empezar a trabajar de nuevo, prepararme para la segunda oportunidad en abril-mayo.
miércoles, 18 de agosto de 1999
Soy muy dado a irme por las ramas; hacer cualquier otra cosa con tal de no abordar la médula de un asunto importante (como mi Memoria). Esta tendencia evasiva creo que tiene que ver con postergar lo máximo el ponerme a prueba, el momento en que usar mis capacidades. Confío muy poco y soy extremadamente inseguro de mis aptitudes. Con un par de lecturas o después de un repaso, muchas veces me ha bastado para explicarle a alguien el tema en cuestión. Incluso, con solo leer una vez un libro, yo se los resumía a mis compañeros de colegio. El Pepe me reconocía en ocasiones mi buena capacidad de retención con la lectura simple. El problema es que yo no me la creo; pienso que no soy capaz o que no podré hacerlo bien. Entonces, para extraer una síntesis de un texto, me apego a él y, al final, termino copiándolo casi textualmente, con lo cual, obviamente, ya no es un resumen. En cambio, debería estudiar primero el libro, tomar apuntes o hacer fichas, luego, repasarlas, y, por último, largarme a escribir tal como si le estuviera contando a alguien en forma verbal. Sólo apoyarme en las notas cuando necesite especificar o detallar algo. Lo otro, en vez de creer que estoy poniendo a prueba mis capacidades, mentalizarme para que sea un “juego” que puedo disfrutar mientras lo desarrollo.
Hay una parte de mi que quisiera escapar de esta situación, mandar a la cresta la memoria y el examen, y cerrar el capítulo por medio de un entierro u ocultamiento. Como es algo que está muy profundo en mí, usa cualquier “triquiñuela” para escabullirse. Sospecho que la extraña sensación que me invadió el lunes en la noche, puede ser parte de esos intentos de escapatoria. De hecho, la percepción despersonalizada, extraña, ajena, “ida”; la disociación es un síntoma de quien no se siente cómodo o a gusto es una situación, pero como no puede alejarse físicamente, su mente lo hace autónomamente. Por esto, quizás no fue casual que me viniera el primer día devuelta en la casa de mis tíos en Limache. El fin de semana había estado en Villa Alemana, Quilpue y Valparaíso, en ambientes y con situaciones agradables, gratificantes, placenteras. Mi confinamiento en Limache está ligado a la elaboración de la Memoria, estudio del Examen de Grado, futuro incierto en términos laborales, presión de mi tía, expectativas de mi mamá, ideología que no comparto, aislamiento, etc. El cuerpo, el inconsciente, el ello, se manifiesta aunque nosotros pensemos que manejamos nuestro ser. Cuando lo hace, nos da susto, porque tomamos conciencia de que no controlamos todo, pues parece que perdemos la razón. Ya me pillé: “declararme loco” me eximiría de hacer la Memoria, de dar el Examen, de buscar trabajo, de cualquier responsabilidad o compromiso. Quizás algo de mí tampoco quiere una pareja estable o permanente… Esto es un tema para otra ocasión.
Este estado es como estar en el trasfondo o doble fondo de la mente-cuerpo, como “ido”. Es parecido al efecto cuando pinté con epóxica la bodega y cámara de popa de la lancha, en San Antonio. Esa vez me “volé” como si hubiera sido neoprén.
Por qué será que siempre estoy preparando mi futura “actuación”, y evaluando la anterior. Varias veces he pensado que no es aconsejable contar detalles de mi experiencia con mujeres, menos las experiencias “promiscuas”; he querido ser más discreto. Pero, en la práctica, no me hago caso y cuento cosas que, después, podrían se utilizadas para descalificarme por inestable, “fresco” o “degenerado”. Como dijo una vez la Lesli, tal vez soy demasiado transparente.
Frustración: f. Acción y efecto de frustrar o frustrarse.
Frustrar: tr. Privar a uno de lo que esperaba. 2. tr. y r. Dejar sin efecto, malograr un intento.
Yo esperaba lo que los demás esperaban de mí; y eso que todos esperaban de mí, se convirtió en lo que yo esperaba de mí. Un buen alumno, mateo, aplicado, correcto, sano, buen compañero; premio máximo 1984 tendría que haber llegado a ser un exitoso profesional, famoso, “capo”, intelectual connotado. Pero no, primer traspié en 1986: dos ramos de Ingeniería Civil UC que no pude pasar. Después, retiro de la carrera. Recuperación leve al entrar con buen puntaje a Periodismo. En esta carrera de cinco años, fue del montón. No reprobó ningún ramo, pero terminó con promedio general 5,1. En 1991 no hizo la Memoria y en 1992 no dio el Examen de Grado. Se puso a trabajar y el tema escogido fue tan importante para él, que siempre le pareció inadecuado la forma de encararlo. Trabajó sin ningún triunfo durante siete años, después de los cuales quedó más desgastado, viejo y pobre que antes. Fracasaron varios proyectos relacionados con sus ideas y con el tema de la Memoria. En 1999 se dio todo para terminar su carrera: oportunidad en su Escuela, pensión donde una tía, y un poco de dinero de mamá (carrete). Está a mediados del octavo mes y ha avanzado muy poco en lo medular del trabajo. Se ha ido por las ramas, dispersado en tópicos secundarios… ha leído un montón de cosas que finalmente no utilizará; el meollo del tema apenas está claro. Puede variar en cualquier momento. Hay momentos en que cree que jamás podrá terminar la monografía… Además, no ha estudiado ni siquiera una sección entera para el Examen. Son cuatro áreas y tiene casi todo el material. Se lo prestó una egresada (titulada) a la que se lo tiene que devolver después del Examen. Hay otra oportunidad en abril-mayo 2000, pero para eso tendrá que conseguirse todo el material de nuevo con otra persona. Sus familiares piensan que la demora es para no trabajar, y lo presionan. Se siente mal por no estar laborando, por no sentirse útil socialmente. Crisis total; la peor desde 1986 (13 años después). Mi mente no funciona sanamente. Me siento extraño, ido, lejano. Crisis de pánico, de angustia. Debo respirar, calmarme; pensar en lo agradable que será salir de todo esto. Después hablaré con mamá y papá para pedirles que no esperen más de mí, que no me presionen ni que me digan que soy “capo” y que puedo llegar a ser famoso, exitoso, millonario o “grande”. No quiero saber más de expectativas; solo quiero disfrutar las cosas simples de la vida, paz interior, convivir con mis amigo(a)s y familiares, leer lo que me gusta, expresarme con baile, dibujo, música, etc. Desarrollar vínculos significativos, comunicarme y caminar en pos de la plenitud o sabiduría individual (conocerme a mí mismo, desarrollar capacidades personales), practicar amor (dar y recibir) y vivir contento la mayor parte del tiempo. Estoy aburrido de andar atormentado, angustiado, ahogado. Quiero trabajar, ser útil socialmente y poder mantenerme económicamente yo solo.
martes, 17 de agosto de 1999
Que situación más angustiante la de anoche. Pensé que me estaba volviendo loco, y no podía quedarme dormido. La mente me funcionaba a toda prisa; pasaban por ella muchas ideas, pensamientos, recuerdos e imágenes en forma casi simultánea. Era como tener un Aleph en el cerebro, o similar a cuando se enfrentan dos espejos y los planos se reflejan al infinito. Incluso tuve la idea de que si me seguía hoy, llamar a Nathan para contarle. Analicé la posibilidad de que fuera un síntoma de sicosis o de esquizofrenia, pero no tenia alucinaciones ni escuché voces. Percibía extraño a mi cuerpo también. Quizás se me repitió el efecto del ácido, pero fue hace más de una semana que lo tomé.
En realidad, la angustia me venía al pensar que estaba pelando cable y que de ahora en adelante pasaría a ser un “minusválido” o alguien que iba a pasar el resto de su vida con tratamiento. Cuando no hacía esas asociaciones, creo que hasta me entretuve experimentando esas extrañas sensaciones. Quizás, como decía Castaneda, fue un cambio de posición de mi centro energético. Prefiero creerme esto antes que urgirme por estar perdiendo la razón.
Tengo que sincerarme conmigo mismo: hay una parte de mí que hubiera querido ser un intelectual de gran calibre, por lo que, al observar que no soy más de lo que soy, se siente frustrado. Esto también se manifiesta en el asunto de la Memoria: ese yo que desearía que hiciera una gran obra, se amarga al constatar que no me da más que para hacer una monografía “reguleque”, mediocre o de “medio pelo”. Ese desfase entre el ideal que se tiene sobre uno mismo, y lo que uno realmente puede hacer en un momento dado puede provocar una desagradable frustración. Creo que lo más sano es aceptar la existencia de esa contradicción, y replantearla para lograr algo más satisfactorio. La primera cosa es poder superar la molesta ansiedad y la sensación de impotencia. Hay que analizar el deseo: distinguir entre la intención de poder llegar a comprender mejor el mundo social, y de aportar al debate universal en torno al desarrollo de la humanidad, por un lado, de la aspiración a ser reconocido, “famoso”, etc. Lo importante es lo primero: lo otro es una consecuencia que no debe ser buscada por sí misma. También hay que evitar el apego que genera ansiedad; estudiar y prepararse más por el disfrute que se obtiene en el proceso, que por la obtención del objetivo. En ese sentido, es positivo mi prioridad por la generación de un método de estudio, constante, sistemático, que habrá que completar con una práctica permanente. Por esto mismo, tengo que convencerme de que la Memoria es sólo un primer paso, el peldaño inicial y que, obviamente, no será un producto trascendental ni de gran calidad. Y que esto no tiene nada de malo ni pone en juego mis propósitos. Empezar con algo rasca es mejor que nunca comenzar, e implica que el próximo trabajo puede ser mejor.
Otra reflexión de limpiador de piscina es que mientras no termine la Memoria, intente aprobar el Examen y me ponga a trabajar, no conviene iniciar una relación con una fémina, pues no estaría en condiciones de aportar positivamente al vínculo. Necesito estar en un mejor pie, con más confianza y seguridad en mí mismo. Si no, pasaría lo de mi pololeo con Daniela, en que yo estaba tan achacado que ella se aburrió.
También sería bueno separar el deseo de comprender mejor los fenómenos sociales, del anhelo por aportar a la discusión mundial que los intelectuales tienen por esos temas. Creo que avanzar en el primer objetivo es suficientemente satisfactorio, y que el segundo se podría producir sólo si fuera resultando la meta inicial.
Lo más bueno de todo esto es haberme dado cuenta de que me fascina y apasiona conocer los más importantes aportes al desarrollo histórico de la humanidad; comprender el patrimonio acumulado de la creación y conocimiento que los seres humanos han generado desde su aparición en la Tierra. Historia, Artes y Ciencias, Filosofía, Técnicas, etc.
lunes, 16 de agosto de 1999
Aunque la expectativa de vida aquí en Chile es de 67 años para los hombres, después de leer “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”, he decidido proponerme vivir hasta los 100. No es una intención descabellada, tomando en cuenta que los órganos del cuerpo están preparados para existir hasta 115 ó 120 años. Es importante que este deseo se traduzca en poner en práctica una forma de vida sana, con una dieta equilibrada, ejercicio, meditación, buena relación social y afectiva, contacto con la naturaleza, y moderación. La idea es llegar a los 100 con buena salud, activo, lúcido y contento. Con este nuevo plan, cumpliré un tercio de existencia a los 33 y 1/3, es decir, el 9 de octubre del 2000. Será mi primer Renacimiento. El segundo acontecerá el 9 de febrero del 2034, cuando cumpla 66 y 2/3. Por lo tanto, me queda un poco más de un año para preparar mi segundo nacimiento.
Este fin de semana fui sorprendido por la intuición femenina. La Jose me dijo que ella y la Matu pensaban que a mí me gusta la María José, por cómo expresaba mi rostro cuando yo pronunciaba su nombre. Me pillaron.
Es cierto que me gusta bastante. La Matu y la Jose creen poco probable que me pesque, porque es muy niñita, dijeron, y debido a que anda en una onda muy “superficial”. Cumplió 20 en febrero y cursa tercer año de sicología. En todo caso, con las cosas que me han ocurrido, ya no ando en la frecuencia de los amores platónicos y la ansiedad por estar emparejado ha disminuido. Lo cierto es que el deseo, la intención ya la emití. Si llegara a haber algo con ella o no lo dirá el tiempo. Yo ya no “me corto las venas” por nadie. El día que una mujer me quiera, y si a mí me gusta, yo estaré dispuesto, y se habrá cumplido el objetivo. Habrá un resultado. El apego ansioso hay que desterrarlo. Lo más importante para mí es haberme topado con un grupo de muchachas y jóvenes muy simpáticas, cariñosas, relajadas y acogedoras. Es como bañarme en las tibias aguas del cariño. Y para mejor, a través de Nahuel es posible contactarme con el movimiento alternativo de la zona, y con las redes de acción y reflexión de los temas que a mí me gustan.
Me he dado cuenta de que estoy hablando mucho de mí sin que me lo pregunten. Lo peor es que he llegado a interrumpir la exposición de otros o no he permitido que sigan hablando de lo suyo. Quizás es por una urgencia de hacerme conocido en función de crear vínculos. Luego de tomar conciencia de esto, sería bueno que empezara a consultar más sobre la vida de los demás (“entrevista”), y no ocuparme en mostrar lo que sé o he leído o me ha pasado. Creo que también sería bueno disimular un poco mi interés por María José… hay que darle tiempo al tiempo.
Tipo 22:30 sentí un cambio mental, una extraña sensación, justo cuando comencé a leer el libro de Historia del Arte. Me siento raro… ojalá se me pase para mañana.
Mientras, trataré de disfrutar “la volada”.
martes, 10 de agosto de 1999
El sábado en la noche hicimos un paseo a las dunas de Ritoque. El grupo lo conformaban Carola, Jose, Lelia, Nahuel, Humberto, Tavo y yo. Antes de tomar el bus en la plaza de Viña, coloqué bajo mi lengua cuatro “puntitas” de papelitos de ácido. Fue mi primera experiencia con esa sustancia. Acampamos primero en la cima de una duna. Hicimos una expedición hacia la costa, a las orillas de un riachuelo, y nos metimos en un pequeño bosque en busca de madera. Después, bajamos las cosas a un hoyo que parecía un cráter lunar. Partimos nuevamente en busca de troncos para hacer una fogata. Nos introdujimos en un bosque de eucaliptos que estaba a la orilla del camino. Ese fue el momento de mayor “distorsión”. De allí sacamos una buena cantidad de palos y regresamos al lugar de la fogata. Armamos el fuego, comimos, tomamos cerveza y agua. Tavo tocó la guitarra y cantó sus temas rockeros. Yo percutí un poco el bongoe. Nos reímos mucho y todos hablaron bastante. Como de costumbre, yo fui el más callado. Creo que “me fui para adentro”. Algunos comentarios que hicieron sobre mi: “el infiltrado” del Opus Dei. En el carrete del viernes por la noche, cuando me fui en la “autista”, Humberto afirmó que yo estaba allí sólo para escuchar, absorber, que era un “parásito”, porque no aportaba nada. En las dunas, también alguien señaló que yo era como el hombre invisible; Carola agregó que era como un “fantasmita bueno”, que los acompañaba. Me parece que Lelia indicó que le parecía asombroso que cada vez que me miraba, yo le sonreía. También se sorprendieron un poco cuando yo me ofrecí a lavar la loza. Fue rico pasar a ver en su puesto de trabajo a María José y a la Vero, en Falabella. De igual forma, sentí sensaciones agradables al conversar con Sandra acerca del desarrollo personal y esoterismo, y al dialogar con Carola y Jose sobre mi primo, la soledad, la trampa de la ansiedad y otras cosas. Me mandé un carril al comentar sobre lo perjudicial que es no soñar, pues era un experimento con dos grupos, y yo me equivoqué al describir las características de uno, con lo que resultó una historia muy contradictoria. En el carrete del viernes en la noche, me di cuenta de que me falta mucho por conocer la literatura (Baudelaire, Virginia Wolf, etc.).
Leyendo un ensayo de un romántico inglés William Hazlitt, llamado “De la ignorancia de los doctos”, me sentí identificado. El típico mateo, que gusta de la erudición, generalmente es una persona que no ha conocido el mundo en forma directa, que tiene escaso talento creativo, poca imaginación, y se desempeña torpemente en los ambientes sociales y naturales. Justamente, pienso que está bien querer saber cuál ha sido el desarrollo de la humanidad y de las obras humanas (enciclopedismo), pero que no hay que descuidar el contacto, la experiencia, el roce con la vida tal cual es. Esto se manifiesta en mi escuálido repertorio de diálogos triviales, fútiles o pueriles, que tienen enorme importancia en los vínculos sociales. El otro diálogo que tengo trancado es el de la expresión de las emociones, así como interesarme por los sentimientos de los demás. Cada persona tiene un rollo interno que necesita ser hablado, además de temas por los cuales siente gran interés. Estoy contento por estar en proceso de ser “adoptado” o “aceptado” por el grupo de las chicas de Valparaíso. Sus edades fluctúan entre 20 y 25 años. Estudian o acaban de terminar su educación superior (música, sicología, fotografía, estética). Mi intención es que nos conozcamos más, que seamos amigos, y que lo pasemos bien. Me parece que la “gracia” del ácido es colocarlo a uno en una “onda” alegre, positiva, donde desaparecen un poco los problemas, se incrementan los sentimientos de grupo y se participa en las aventuras sin hacerse atados. También creo que es un tanto estimulante; sube el ánimo y predispone a divertirse sin entrar en cuestionamientos, dudas o preocupaciones. Me gusta sentirme en proceso de integración a un grupo humano, y sobre todo de mujeres jóvenes y “progresistas”, porque me da la oportunidad de aprender a “soltarme”, a hablar, escuchar; de sentirme acogido y de dar mi apoyo o ayuda. Por lo demás, esa onda cariñosa que se genera es muy buena para la salud.
martes, 3 de agosto de 1999
El sábado en la noche la Matu dijo que yo tenía un estilo como para haber sido cura. No es primera vez que me lo dicen. Yo le señalé su don de sociabilidad. Mientras estábamos ya en la madrugada del domingo, en un bar, un tipo indicó que le parecía como que yo estaba y no al mismo tiempo. Veo que la “disociación” es algo que se comunica. Con Carlos conversamos acerca de Sandra. Supe que ellos fueron pareja un tiempo. Aproveché los lunares que María José tiene en su cara, para tocársela con mis dedos. Es una muchacha que me atrae bastante. La prudencia me aconseja no caer en onda pegote, caluga, lapa o meloso. Mejor es esperar a que ella de señales de acercarse. Pero, también es importante captar la buena onda y responder coherentemente. No colocar barreras entremedio; mirar más a los ojos, etc. Es impresionante cómo una noche de “carrete” con gente simpática puede a uno ayudarle a subir el ánimo y sentirse mejor el resto de la semana. Ayer me llamó Gennadiy; fue agradable conversar con él. Me dieron ganas de ir a verlo a Concepción a fin de año.
Fue complicado verme “asediado” por un muchacho de 19 años. Sus insinuaciones me hicieron pensar en la posibilidad de que fuera gay. Comentó que encontraba increíble mis ojos con ojeras. Quería que yo me acercara a su lado, intentaba tocarme e insistió mucho en que me fuera a dormir a su casa. A esa altura yo ya estaba incómodo, sobre todo para no ser pesado o no hacer que se sintiera mal. Pero, la verdad es que definitivamente los hombres no me atraen para nada en términos erótico-sensuales. Otra cosa simpática fue que casi al finalizar la velada, se me acercó un cabro de nombre Abdalá y me manifestó su gusto por estar con nosotros, y por encontrarse con alguien de la colonia (¡!). También se despidió efusivamente un tipo con el cual yo no había conversado, pero sí con su gemelo. Otro contacto grato fue con el pololo de la Vero, un joven que fue, durante cinco años, monje franciscano.