viernes, 27 de agosto de 1999

Yo no comparto la cosmovisión, el paradigma ni el carácter social dominante. No me gusta la competición, la conquista ni la dominación. No comulgo con esa lógica ni cn esos valores. Mi posición es una permanente resistencia, y una constante búsqueda de formas alternativas de convivir.

Vivo en la cuerda floja, en la línea divisoria o frontera de dos mundos, de culturas opuestas y contradictorias. Provengo de una clase social (medio acomodada, C1 quizás) que es una mierda: ambiciosa, arribista, que vive del servicio a las élites y oligarquías dominantes, y no ve más allá de su bolsillo, auto, casa o propiedad privada. Siempre dispuesta a aplastar, a reprimir al populacho, a la rotada, que pone en peligro sus migajas de propiedad.

Toda mi clase quisiera que yo me comportase como la mayoría de ellos. Pero yo no quiero ser cómplice de este sistema explotador que ha convertido la historia de la humanidad en el abuso de unos sobre otros (así ha sido en los últimos cinco a siete mil años), pero el ser humano vive en comunidad hace mucho tiempo más (un millón de años). Si bien es imposible no ser parte del engranaje, total, pues basta ocupar un poco de dinero para estar metido, por lo menos no deseo propagar este mecanismo ni expandirlo. Vivir lo mejor con menos y buscar modos sociales de producción.

Por eso me he identificado con movimientos como hippie, punk, etc.

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