Neurosis Obsesivo-Compulsiva, fobia social de interacción (timidez excesiva), depresión neurótica, crisis de pánico, angustia
martes, 3 de agosto de 1999
El sábado en la noche la Matu dijo que yo tenía un estilo como para haber sido cura. No es primera vez que me lo dicen. Yo le señalé su don de sociabilidad. Mientras estábamos ya en la madrugada del domingo, en un bar, un tipo indicó que le parecía como que yo estaba y no al mismo tiempo. Veo que la “disociación” es algo que se comunica. Con Carlos conversamos acerca de Sandra. Supe que ellos fueron pareja un tiempo. Aproveché los lunares que María José tiene en su cara, para tocársela con mis dedos. Es una muchacha que me atrae bastante. La prudencia me aconseja no caer en onda pegote, caluga, lapa o meloso. Mejor es esperar a que ella de señales de acercarse. Pero, también es importante captar la buena onda y responder coherentemente. No colocar barreras entremedio; mirar más a los ojos, etc. Es impresionante cómo una noche de “carrete” con gente simpática puede a uno ayudarle a subir el ánimo y sentirse mejor el resto de la semana. Ayer me llamó Gennadiy; fue agradable conversar con él. Me dieron ganas de ir a verlo a Concepción a fin de año.
Fue complicado verme “asediado” por un muchacho de 19 años. Sus insinuaciones me hicieron pensar en la posibilidad de que fuera gay. Comentó que encontraba increíble mis ojos con ojeras. Quería que yo me acercara a su lado, intentaba tocarme e insistió mucho en que me fuera a dormir a su casa. A esa altura yo ya estaba incómodo, sobre todo para no ser pesado o no hacer que se sintiera mal. Pero, la verdad es que definitivamente los hombres no me atraen para nada en términos erótico-sensuales. Otra cosa simpática fue que casi al finalizar la velada, se me acercó un cabro de nombre Abdalá y me manifestó su gusto por estar con nosotros, y por encontrarse con alguien de la colonia (¡!). También se despidió efusivamente un tipo con el cual yo no había conversado, pero sí con su gemelo. Otro contacto grato fue con el pololo de la Vero, un joven que fue, durante cinco años, monje franciscano.
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