martes, 17 de agosto de 1999

Que situación más angustiante la de anoche. Pensé que me estaba volviendo loco, y no podía quedarme dormido. La mente me funcionaba a toda prisa; pasaban por ella muchas ideas, pensamientos, recuerdos e imágenes en forma casi simultánea. Era como tener un Aleph en el cerebro, o similar a cuando se enfrentan dos espejos y los planos se reflejan al infinito. Incluso tuve la idea de que si me seguía hoy, llamar a Nathan para contarle. Analicé la posibilidad de que fuera un síntoma de sicosis o de esquizofrenia, pero no tenia alucinaciones ni escuché voces. Percibía extraño a mi cuerpo también. Quizás se me repitió el efecto del ácido, pero fue hace más de una semana que lo tomé.

En realidad, la angustia me venía al pensar que estaba pelando cable y que de ahora en adelante pasaría a ser un “minusválido” o alguien que iba a pasar el resto de su vida con tratamiento. Cuando no hacía esas asociaciones, creo que hasta me entretuve experimentando esas extrañas sensaciones. Quizás, como decía Castaneda, fue un cambio de posición de mi centro energético. Prefiero creerme esto antes que urgirme por estar perdiendo la razón.

Tengo que sincerarme conmigo mismo: hay una parte de mí que hubiera querido ser un intelectual de gran calibre, por lo que, al observar que no soy más de lo que soy, se siente frustrado. Esto también se manifiesta en el asunto de la Memoria: ese yo que desearía que hiciera una gran obra, se amarga al constatar que no me da más que para hacer una monografía “reguleque”, mediocre o de “medio pelo”. Ese desfase entre el ideal que se tiene sobre uno mismo, y lo que uno realmente puede hacer en un momento dado puede provocar una desagradable frustración. Creo que lo más sano es aceptar la existencia de esa contradicción, y replantearla para lograr algo más satisfactorio. La primera cosa es poder superar la molesta ansiedad y la sensación de impotencia. Hay que analizar el deseo: distinguir entre la intención de poder llegar a comprender mejor el mundo social, y de aportar al debate universal en torno al desarrollo de la humanidad, por un lado, de la aspiración a ser reconocido, “famoso”, etc. Lo importante es lo primero: lo otro es una consecuencia que no debe ser buscada por sí misma. También hay que evitar el apego que genera ansiedad; estudiar y prepararse más por el disfrute que se obtiene en el proceso, que por la obtención del objetivo. En ese sentido, es positivo mi prioridad por la generación de un método de estudio, constante, sistemático, que habrá que completar con una práctica permanente. Por esto mismo, tengo que convencerme de que la Memoria es sólo un primer paso, el peldaño inicial y que, obviamente, no será un producto trascendental ni de gran calidad. Y que esto no tiene nada de malo ni pone en juego mis propósitos. Empezar con algo rasca es mejor que nunca comenzar, e implica que el próximo trabajo puede ser mejor.

Otra reflexión de limpiador de piscina es que mientras no termine la Memoria, intente aprobar el Examen y me ponga a trabajar, no conviene iniciar una relación con una fémina, pues no estaría en condiciones de aportar positivamente al vínculo. Necesito estar en un mejor pie, con más confianza y seguridad en mí mismo. Si no, pasaría lo de mi pololeo con Daniela, en que yo estaba tan achacado que ella se aburrió.

También sería bueno separar el deseo de comprender mejor los fenómenos sociales, del anhelo por aportar a la discusión mundial que los intelectuales tienen por esos temas. Creo que avanzar en el primer objetivo es suficientemente satisfactorio, y que el segundo se podría producir sólo si fuera resultando la meta inicial.

Lo más bueno de todo esto es haberme dado cuenta de que me fascina y apasiona conocer los más importantes aportes al desarrollo histórico de la humanidad; comprender el patrimonio acumulado de la creación y conocimiento que los seres humanos han generado desde su aparición en la Tierra. Historia, Artes y Ciencias, Filosofía, Técnicas, etc.

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