sábado, 24 de junio de 2000

Mis padres nunca me hablaron de sexo. En una oportunidad, yo debo haber estado como en Tercero Medio, mi mamá me botó a la basura una colección de suplementos eróticos, que yo venía coleccionando desde un par de años atrás. Nunca me comentó su acción… Creo que para ella la sexualidad era tema tabú, y como que incluso le daba asco el asunto. Años después fui yo quien comenzó a hablar sobre el sexo con mi madre.

Aunque soy muy liberal en este aspecto, pienso que en el fondo nunca me he podido relajar totalmente al enfrentarme con una relación sexual. Parece que necesito más práctica, sobre todo con mujeres con las cuales me sienta en confianza.

He tomado conciencia de mi facilidad para neurotizar cualquier circunstancia que me afecte o que para mí sea importante: creación artística, producción intelectual, amor-sexo, trabajo-profesión. Lo bueno es que ya puedo descubrirme en plena espiral obsesiva y tratar de cortar el círculo vicioso. Una técnica es interrumpir los rollos o pajeo mental y empezar a hacer cosas o ocuparme en algo.

Por segunda vez en mi vida amo a una amiga; antes me pasó con Gabriela, ahora me sucede con Andrea. En ambos casos sé que ellas me quieren bastante, pero no de la misma manera en que yo lo siento. Como tengo conciencia que –lo mismo que pasó con Gabriela- lo más probable es que con Andrea nunca lleguemos a ser una pareja formal, lo que deseo es que ella se desarrolle, se realice y sea feliz. Ojalá que escoja en el futuro parejas que la traten bien y que la ayuden a crecer como persona. Mientras tanto, yo la apoyaré de todas las formas que yo pueda; me siento dichoso sólo con verla, con estar cerca de ella, con poder cuidarla. Me parece que desde que la conozco, me he sentido mejor, más completo y con más vida, la paso bien y estoy más risueño, “gozoso”, alegre…