miércoles, 24 de noviembre de 1993

Cuando una persona se siente cooptada, asfixiada, ignorada, limitada por una organización, prefiere las relaciones de intercambio mercantil o monetario. En éstas, está a solas, desasociado, desintegrado. Las agrupaciones siempre corren el riesgo de sofocar a los sujetos. Por eso, y para contrarrestar esa tendencia, es preciso elaborar mecanismos o procedimientos permanentes que resguarden la individualidad.

Graciela dijo que seguramente las chicas se daban vuelta para mirarme, y que probablemente tenía varias pretendientes.

Al matrimonio de la Quena y Rodrigo fui solo. No encontré a Graciela en su casa, pero tampoco le dejé un mensaje… Es que, quizás, no estaba muy entusiasmado de que me acompañara. El Loco me había dicho que me tenían contabilizado solo, y que, además, iban a estar algunas mujeres solas, como una niña con su hija, y la prima de la Quena. Y, justo cuando la pareja cortaba la torta, me encontré al lado de una niña, la encontré atractiva y con un aire parecido a la Quena. Le pregunté si eran parientes, y me contestó que es la prima. Desde allí no nos separamos hasta que se tuvo que marchar. La llamé por teléfono a su trabajo y quedamos de salir a bailar. Fui a buscarla a su casa, fuimos a tomar unos tragos a La Moviola y, luego, a bailar a la Maestra Vida. Allí nos besamos.

Después, la fui a dejar y “atracamos” en la cocina.

Ayer en la noche estuve en su pieza. Nos acariciamos y reímos. Yo le conté que me gustan las morenas, y, ella, que le atraen los rubios. Pero, que lo que le gustó de mí fueron mis ojos, que son lindos.

Me acordé de lo que me dijo la Manuela cuando me presentó a su mamá.

Soledad es el nombre de esta chica con la que he “enganchado”. Tiene 24 años y es diseñadora. Me gusta su dinamismo, personalidad, ternura y decisión. Estoy contento.

Leyendo sobre la meditación en la revista Uno Mismo, me percaté de que la actitud que se debe asumir es como la descripción que Helena hacía de mí: observar, mirar, pero sin involucrarse. La diferencia es que ella se refiere a mi relación con el entorno, en cambio, en la meditación es la postura ante nuestro propio fluir interior: sentimientos, ideas, emociones, etc.

Mi última salida con Graciela fue el domingo antes pasado. La invité al Mercado Central y almorzamos pailas marinas con vino blanco. A la vuelta nos vinimos caminando por el Parque Forestal. Nos topamos con gitanas, y unas nos hicieron todo el show de la lectura de manos y rituales con amuletos. A continuación, reposamos un rato recostados en el pasto. Conversamos acerca de la amistad: que es lo más importante y lo que debe perdurar y trascender.

sábado, 20 de noviembre de 1993

Cada cierto tiempo sueño que estoy en el colegio, y es angustiante.

Qué razón, qué sentido, qué justificación.
El porqué o para qué último de la vida es una pregunta que inevitablemente nos surge.

Filosofía del deportista: porque se dieron o no se dieron las cosas.
Esta simplicidad, a primera vista rayana en lo cómico, es, sin embargo, una excelente explicación, desde un punto de vista razonable. Es un argumento que considera la inmensa complejidad de los procesos y reconoce la existencia de múltiples posibilidades posibles.
Una persona religiosa diría: porque así lo quiso –o no lo quiso- Dios.

A la deriva… así y todo opto por vivir.

Ser feliz o estar contento.

Ser: esencia, naturaleza, ente (estático) Filosofía occidental.Estar: existir, sentir (dinámico) Filosofía oriental (budista).

martes, 2 de noviembre de 1993

Ese viernes 22 de octubre Carola me invitó a que la acompañara, junto a Graciela, a comprar ropa. Fuimos al Drugstore y, después, acompañé a Graciela hacia el paseo Las Palmas. De allí, la seguí hacia los teléfonos y, luego, quedamos en ir a comprar cosas para comer al supermercado. Una vez en su departamento, nos preparamos una once-comida y conversamos hasta las 5 A.M. En ese momento, mientras estábamos recostados sobre la mesa, le toqué las manos y como ella no las sacó, se las tomé. Nos acariciamos por un rato, yo me acerqué y nos abrazamos. La llevé a la cama y nos acostamos y besamos. Nos quitamos la ropa y acomodamos las frazadas. Fue glorioso. Hicimos el amor a la noche siguiente.

Dormí con ella toda la semana, hasta la noche del jueves al viernes. Intenso pero agotador; quedé con sueño. Para el fin de semana largo íbamos a ir con Pepe y Joan al sur, pero lo suspendieron por mal tiempo. El sábado 30 lo pasamos acostados y haciendo el amor, solos, en la casa de mi mamá. Por la noche fuimos a un bar con Joan y Pepe. Luego, nos pasaron a dejar al depto. de Graciela, en donde tiramos nuevamente. A la mañana del domingo, comenzó mi baja de interés. Ella me dijo que le aburría el sexo, aunque no especialmente conmigo. Me disminuyó la motivación y el encanto. Pasé el resto del domingo y el lunes solo en mi casa, mirando TV cable, y sin hacer nada del artículo para GTZ. Fue una mini depresión, junto con cansancio. Comencé nuevamente a masturbarme. En la semana me había llamado Sandra, a quien no di mucha pelota. Ahora tengo ganas de verla, lo mismo que al resto de mis amigas o conocidas que me gustan.

Esto ha sido igual a como dice el dicho: “partida de caballo inglés… y llegada de burro”. Es decir, iniciar algo con mucha fuerza, pero irse “desinflando” en el camino. Sin embargo, no es una situación que no me haya sucedido antes. Creo que ha sido parecido con todas mis parejas; con algunas se ha recuperado el entusiasmo y con otras no ha vuelto. Lo especial de esta relación –con Graciela- es que por varios factores, los compromisos son de menor grado o menores. La diferencia de edad: ella tiene 33; su estadía transitoria en este país; su post-grado termina en julio y ella regresará a trabajar a Santa Fe, Argentina. Esto permite que la relación sea semi oculta (para la gente vinculada al PET y Fesol), no exclusiva, no impositiva, y consciente de la incertidumbre. Lo cierto es que lo único que importa es el amor, no el amarre. Graciela posee una rica complejidad que apenas he descifrado. Esta sensación actual de empalago, hostigamiento, saturación, es explicable, ya que la semana fue muy intensa y hemos vivido una mini rutina con poca variación. Justamente lo que me hace renacer el interés es el contraste y verla en contextos distintos. En todo caso, aún no se ha dicho la última palabra.

Graciela me contó que yo le gusté cuando me vio un día en el boliche en donde comprábamos los sándwich. Me encontró un “chico lindo”, que sonreía bellamente. Ella me ha subido la autoestima: dijo que tengo una cara bonita, buen cuerpo, que soy bueno y cariñoso. Confesó que no pensaba que yo le iba a tirar bola, que seguramente yo tenía muchas pretendientes. Ojalá esto me dé más seguridad en mí mismo y disminuya mi timidez.