domingo, 25 de abril de 1993

Actuación con influencia de alcohol y marihuana. Con la yerba, generalmente, hay dos posibilidades: autismo o euforia. En el primer caso, el más frecuente, me voy para adentro, caigo en un pozo profundo, me aíslo e incomunico del resto de la gente. Me cuesta mucho hablar o armar frases. Es angustiante. Con el segundo caso, me pongo muy extrovertido, hiperactivo, valiente (mando a la cresta los temores). Hablador, configuro rápidamente historias, oraciones. No pesco, no hay casi timidez o vergüenza. Las cosas me dan un poco lo mismo.

Con el alcohol, sigo igual o me pasa lo que en segundo lugar me ocurre con la cannabis.

Creo que depende del contexto en que me encuentre, de la situación y de mi estado de ánimo en ese período.

Cuando me pongo menos tímido con las mujeres o con gente que no conozco. Me desinhibo. La autocensura o auto-represión sicológica me disminuye. El Súper Yo afloja y el Yo se empina.

Un ejemplo de “osadía” para conversar con mujeres desconocidas o poco conocidas, fue en el cumpleaños de Igor. Allí hablé fluidamente con tres amigas de él. Incluso yo me presenté solo ante una de ellas. Estaba acelerado. No obstante, después de un tiempo reapareció un poco la timidez.

Un ejemplo de autismo por yerba fue en el cumpleaños de Marcelo (Baku). Fue tanto, que después algunas personas comentaban mi autoaislamiento y trataron de acercarse, pero yo no respondí ni me integré (esas son oportunidades en que debo parecer un pesado).

domingo, 18 de abril de 1993

He vivido 25 años y más de 10 meses. Faltan menos de dos meses para cumplir los 26 años de edad. Creo que mi última relación sexual fue en diciembre o enero pasado, con Patricia. Fue esa vez que estaba también Marcela. Era emocionante “atracar” con las dos al mismo tiempo, excitante. Después de eso, no ha pasado nada en tres o cuatro meses. En un principio la masturbación salva, pero después de un tiempo hasta ella da lata. No hay como estar abrazado y acariciándose con una mujer que a uno le guste. Por eso esa noche de cumpleaños del Baku me puse cariñoso con Sandra (la flaca). Echaba de menos esa sensación y las ganas acumuladas eran intensas. En esos momentos es cuando el tacto se convierte en el sentido principal. Ella estaba o fingía estar dormida, por lo que la retroalimentación fue casi nula. Lo único que diría es que por lo menos no hubo rechazo. Una cosa rica era sentir una especie de temblor de su cuerpo cuando la rozaba con mis dedos.

Una noche que Mónica “leyó” mi mano dijo que resaltaba la racionalidad, el corazón… pero que no tenía muy desarrollado la creatividad, la originalidad. Yo pienso que esa parte mía es muy autocensurada, desde mi primera adolescencia. Cuando niño yo dibujaba mucho, pero mi autoexigencia fue creciendo con los años hasta dejar de dibujar completamente. Me gustaría recuperar esa faceta artística, reprimida, censurada por un perfeccionismo absurdo e improductivo.

Algo de eso está en mí y eso lo notó Mauricio Redolés, cuando me preguntó si yo era poeta.

“Tus ojos estoy buscando para confirmar o desmentir mis sospechas. La verdad es que no me atrevo de otra manera saber si es que yo te gusto. No soy capaz de cortejarte ni seducirte; ni siquiera de coquetear o insinuarme”. Para mí eso de conquistar no corre. Esto me ocurre cuando la tipa me gusta harto y me “proyecto” con ella. Entonces, dado que las películas ya me las he pasado, hacer el intento es muy riesgoso, porque lo que se pierde si no resulta es mucho. El mecanismo es que vale más no destruir o no arriesgar la ilusión antes que hacer el intento. Yo he sido lanzado con niñas que, aunque me atraen, no las percibo como potenciales “compañeras”. Es el caso de Mónica, Francisca, por nombrar algunas. Con ellas fui “cara de palo”. Mónica se ríe cuando le he dicho que soy tímido con las mujeres. Otro elemento que influye es que, cuando he sido lanzado, ha sido con amigas o conocidas, que en cierta forma sé que no hay riesgo de caer mal.