jueves, 28 de febrero de 2002

A pesar de todos los piropos que he recibido en los últimos años, sigo siendo tímido, cortado, vergonzoso e inseguro con las mujeres. Por ejemplo, Estela afirmó, refiriéndose a mí, que a ella no le gustaban los hombres bonitos; la tía de Andrea aseveró que yo debía haber roto varios corazones en el sur; el primo de Chago señaló que los tipos buenos mozos –hablando de mí- no necesitan pagar para acostarse con mujeres; unas niñas en la playa se despidieron al irse; Chago y Raúl dicen que las mujeres se quedan mirándome; en Quellón hay tres lolas que me sonríen y que parecen “fans”, etc.

Esta falta de confianza en mí mismo me limita en posibilidades. Un par de artesanas que pedían monedas a la salida del supermercado, me “acosaron”. Me llamaron “el hombre serio”, y otro muchacho bromeó con que ellas se habían enamorado de mí. No me atrevo a entablar conversación con las chicas que me atraen; me da susto, temor aparecer como tonto, fome, latero, aburrido, ganso, “amermelado”. No me creo capaz de seducir ni de conquistar, a menos que la mujer muestre claramente su interés. Cualquier ambigüedad me paraliza, y la aparente indiferencia la acepto sin ponerla en duda.

Ayer, cuando pasaba al lado de un taxi, una joven que estaba en su interior expresó “mijito rico”. Sara y su compañera de trabajo (Daniela) también me hallaban “buen mozo”.

martes, 19 de febrero de 2002

Esta fue la quinta vez en un año y medio que me he besado con una muchacha que tiene algún grado de vínculo con la prostitución (Maricel, Karina, Gina, Viviana, y, ahora, Rosana). Hasta el momento, con la única que hemos generado algún grado de amistad es con Karina. A la primera y la última las conocí en una disco, en cambio, a las otras fue en las lanchas. Sólo Karina y Rosana me han gustado de verdad.

lunes, 11 de febrero de 2002

Por primera vez hice el amor con una virgen, y fue nada menos que con Angie, mi hermana política.