En este último mes han ocurrido varias cosas: Yury se volvió a Santiago, producto de las tensiones que producía en el grupo; nos cambiamos de Cartagena a una casa en pleno San Antonio, que es propiedad de la mamá de Walter; logramos el piso mínimo de la imprenta ($ 400.000 de venta/producción en mayo), y celebré mi cumpleaños número 30. Vinieron de Santiago: Rodrigo con Lorena, Myriam, el loco, Quena y Margarita, Elena y Leo, Ernesto, Ezio, Jorge y Sandra; de Algarrobo llegó mi papá, y de aquí: Hugo, Marcos, Elías, Rosa y el hijo de Nani. En total, participaron unas 20 personas. Las sorpresas fueron la visita de Jorge y de Margarita. Ésta última no la veía desde el cumpleaños de Quena, en febrero, cuando conversamos gran parte de la noche. Antes, la había conocido muy al pasar en la fiesta de Año Nuevo donde Quena y Rodrigo. Ella me gustó desde que la vi. El sábado en la noche nos fuimos acercando de a poco; con el baile entramos en contacto, y, después, permanecimos juntos mientras se conversaba. De pronto, nos dejaron solos. Nos miramos a los ojos, busqué sus manos y nos arrimamos el uno al otro. Más tarde fuimos a acostarnos en una cama que improvisé con chalecos y abrigos. Los besos y caricias no se hicieron esperar. Al mediodía del domingo la acompañé a tomar el bus a Santiago. Quedamos de vernos el 20 y 21 de junio. Esta relación creo que me ayuda a sentirme bien; tengo bicicleta, practico baloncesto, leo, escribo, participo en una empresa gráfica, puedo comer, beber; tengo cama y techo. Me gustaría tener un poco más de tiempo para dibujar, fotografiar, estudiar-investigar y aprender más artes y oficios.
miércoles, 11 de junio de 1997
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
