Varias personas han recalcado lo introvertido, tímido y callado que soy. Creo que ahora lo puedo describir como una sensación de estar y no estar en una parte. Como decía el libro de Castaneda, sentir que una parte de uno está en el mismo lugar desde donde estamos percibiendo. Es algo así como que todo el mundo exterior fuera una película o una obra de teatro que estamos presenciando, silenciosamente, desde nuestra butaca. Esto fue lo que se me ocurrió la noche de la fiesta de la chicha, en que fumé marihuana y me fui para adentro (autista). No me “nacía” hablar con nadie, y deseaba irme a acostar a dormir. Tanto ensimismamiento y aislarse del resto no es bueno para la salud mental, porque el fundamento para la felicidad y paz interior está en el contacto y comunicación con los demás. Me parece que una manera de corregir ese problema es mediante las conductas que propiciaba Krishna Murti, de sensibilidad alerta y atención completa.
domingo, 30 de mayo de 1999
sábado, 29 de mayo de 1999
El sábado y domingo pasados estuve en casa de Carola y Víctor, celebrando su matrimonio civil. Había una muchacha muy bella, rubia y con hermosos ojos claros, llamada Winni. Creo que nos miramos algunas veces, y conversamos un poco. Le calculo unos 30 años, es separada y madre de dos niños, uno de 10 y una de unos dos años.
Bailé bastante y, de pronto, “se me pegó” la hija menor de Su, de unos ocho años, de nombra Irací. Es una niña muy bonita que, cuando lola, será estupenda, como su hermana, Aimará, de 19 años. Su, una mujer de
El domingo en la tarde, cuando Víctor me fue a encaminar en su auto, para ir a casa de Leslie, visualizamos escenarios futuros. Verme a mí en 20 años más, solo, viviendo de allegado de alguna tía, no es una visión muy satisfactoria que digamos. También me convencí que debo aprovechar la juventud que me queda para conocer otros países y culturas, por lo que los ofrecimientos que pudieran prosperar, de mi mamá y papá, de viajar a Perth y Miami, para trabajar, tendría que concretarlos de todas maneras.
Leslie afirmó que yo no soy nada de feo, pero que, mi problema es mi forma de ser; como que no tuviera sangre en las venas, que no me apasiono con nada, que muchas cosas me dan lo mismo, que soy muy etéreo, leve, insustancial; que no me la juego ni le pongo mucho empeño a nada; que soy un “vagante” (vagancia y vaguedad).
El encuentro con mi papá estuvo bueno; creo que vamos en camino a una futura reconciliación total. Debería escribirle más seguido.
Anoche vino Rodrigo Manríquez y nos juntamos en Valpo. Pasamos a ver a Bárbara, que se mostró bastante atenta. Más tarde nos topamos con su grupo de amigas, que estaban dando una despedida a una gringa que regresa a Alemania. Conocí a
martes, 18 de mayo de 1999
Tercera frustración amorosa en casi un año y medio. El sábado en la noche, Bárbara me llevó a conversar al Café Vienés, en Viña. Mientras nos tomábamos una cerveza, ella señaló que si seguíamos nuestra relación, existe la posibilidad de que ella se enganche, lo cual le perturbaría su decisión de viajar, por lo menos, seis meses fuera de Chile. Ante eso, me comunicó su deseo de terminar nuestro romance. Yo me quedé callado de lo perplejo que estaba. Bárbara comenzó a presionarme para que le hablara, pero con eso más se agudizó mi desconexión entre las ideas o emociones y el lenguaje oral. Perdí espontaneidad y ella afirmó que se sentía incómoda porque percibía que no había fluidez en nuestra comunicación. Aparte de que me mareé un resto al tomar cerveza con el estómago vacío, tuve esa sensación que me da a veces, de como estar y no estar en un lugar; como si una parte de mí se hallara lejos. La verdad es que de repente, incluso, como que tenía la mente bloqueada o en blanco. Esta sensación, que se me agudiza con el efecto de fumar marihuana, me hace sentir como si lo que pasa en mi entorno fuera algo que estoy viendo por
Bárbara me dijo que no era una excusa, que yo le gusto, pero que deberíamos habernos conocido antes de que ella empezara con el proyecto del viaje. Tal como me expresó una vez Margarita, indicó que le gustaría tener una máquina para saber qué estaba pasando por mi cerebro, porque mi silencio la desesperaba. También comentó que le parecía muy extraño que mis pololeos hubiesen sido tan cortos. Quiso saber qué es lo que me gusta de ella, y yo sólo atiné a explicar que la encontraba honesta, buena, divertida y con “carácter”. Se me quedó en el tintero comentarle su inteligencia y sencillez, así como su independencia y valentía. Aunque no quería que le tomara las manos, igual lo hice, y, a pesar de que no deseaba que la acompañara a su casa, de todas formas fui con ella. Antes que entrara a su vivienda, la abracé y nos besamos. De pronto, se echó hacia atrás y dijo: “ya estoy haciendo tonteras”, y se fue a abrir la puerta de entrada. “Cuídate”, exclamó mientras cruzaba el umbral.
He sentido una gran tristeza, pero, paradojalmente, un alivio porque ya no tengo la desagradable sensación de ansiedad que me acompañó por casi las tres semanas que duró la relación. El doble vínculo: por una parte percibir que nos gustamos y que yo le atraigo, y, por otra, sentir una barrera de contención que ella colocaba, me provocó un estado ansioso.
Otra cosa que a Bárbara le extraña mucho de mí es que cómo puedo ser tan tímido a los 32 años prácticamente. Pero, creo que le gusta mi manera de ser: tranquilo, humilde, relajado. Pienso que, si no fuera por su proyecto de viajar y trabajar en el extranjero, podríamos haber llegado a formar una buena pareja. Como dicen los futbolistas: “no se dieron las cosas”. Es una pena, una lástima… De todas maneras, no me gustaría perder el contacto con ella, porque nunca se sabe lo que pueda ocurrir en el futuro.
miércoles, 12 de mayo de 1999
Llegamos a casa de Bárbara con mi primo, su polola, el Jose y
lunes, 10 de mayo de 1999
Conocí a Bárbara la madrugada del 11 de abril, en la tocata de lanzamiento del disco Vida Férrea, efectuado en el teatro Mauri de Valparaíso. Fritz me había hablado de ella; que era una amiga de
El fin de semana siguiente, cuando me junté con mi primo,
La noche del 24 de abril volví a verla, ahora en la tocata de
Era raro, pues ambos nos sentíamos como extraños, que, no obstante, se atraían mutuamente. Luego de pasar a una estación de servicio, caminamos, de la mano, hasta su casa.
sábado, 1 de mayo de 1999
Esta tarde, al esperar el tren en la estación Sargento Aldea, de Villa Alemana, me acordé de la canción: “una muchacha y una guitarra para poder cantar, esas son cosas que nunca me han de faltar”. Pensé en Bárbara, y sobre lo que para mí es fundamental en la vida: un amor y disfrutar de las cosas sencillas. Una vez que ya estaba viajando, en el trayecto a Limache, volví a tararear mentalmente esa canción. Una sensación de paz y felicidad me envolvía al recordar los momentos que pasé con Bárbara. Cuando llegué a la estación de Limache, gran coincidencia, por los parlantes del recinto se escuchaba la misma melodía y letra que yo venía rememorando desde la otra ciudad. Estos sucesos son susceptibles de verse como acontecimientos mágicos, pero yo creo que más bien son poéticos. En todo caso, esa coincidencia me llenó de optimismo y alegría. Bárbara me parece una muchacha encantadora.
