sábado, 1 de mayo de 1999

Esta tarde, al esperar el tren en la estación Sargento Aldea, de Villa Alemana, me acordé de la canción: “una muchacha y una guitarra para poder cantar, esas son cosas que nunca me han de faltar”. Pensé en Bárbara, y sobre lo que para mí es fundamental en la vida: un amor y disfrutar de las cosas sencillas. Una vez que ya estaba viajando, en el trayecto a Limache, volví a tararear mentalmente esa canción. Una sensación de paz y felicidad me envolvía al recordar los momentos que pasé con Bárbara. Cuando llegué a la estación de Limache, gran coincidencia, por los parlantes del recinto se escuchaba la misma melodía y letra que yo venía rememorando desde la otra ciudad. Estos sucesos son susceptibles de verse como acontecimientos mágicos, pero yo creo que más bien son poéticos. En todo caso, esa coincidencia me llenó de optimismo y alegría. Bárbara me parece una muchacha encantadora.

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