Tercera frustración amorosa en casi un año y medio. El sábado en la noche, Bárbara me llevó a conversar al Café Vienés, en Viña. Mientras nos tomábamos una cerveza, ella señaló que si seguíamos nuestra relación, existe la posibilidad de que ella se enganche, lo cual le perturbaría su decisión de viajar, por lo menos, seis meses fuera de Chile. Ante eso, me comunicó su deseo de terminar nuestro romance. Yo me quedé callado de lo perplejo que estaba. Bárbara comenzó a presionarme para que le hablara, pero con eso más se agudizó mi desconexión entre las ideas o emociones y el lenguaje oral. Perdí espontaneidad y ella afirmó que se sentía incómoda porque percibía que no había fluidez en nuestra comunicación. Aparte de que me mareé un resto al tomar cerveza con el estómago vacío, tuve esa sensación que me da a veces, de como estar y no estar en un lugar; como si una parte de mí se hallara lejos. La verdad es que de repente, incluso, como que tenía la mente bloqueada o en blanco. Esta sensación, que se me agudiza con el efecto de fumar marihuana, me hace sentir como si lo que pasa en mi entorno fuera algo que estoy viendo por
Bárbara me dijo que no era una excusa, que yo le gusto, pero que deberíamos habernos conocido antes de que ella empezara con el proyecto del viaje. Tal como me expresó una vez Margarita, indicó que le gustaría tener una máquina para saber qué estaba pasando por mi cerebro, porque mi silencio la desesperaba. También comentó que le parecía muy extraño que mis pololeos hubiesen sido tan cortos. Quiso saber qué es lo que me gusta de ella, y yo sólo atiné a explicar que la encontraba honesta, buena, divertida y con “carácter”. Se me quedó en el tintero comentarle su inteligencia y sencillez, así como su independencia y valentía. Aunque no quería que le tomara las manos, igual lo hice, y, a pesar de que no deseaba que la acompañara a su casa, de todas formas fui con ella. Antes que entrara a su vivienda, la abracé y nos besamos. De pronto, se echó hacia atrás y dijo: “ya estoy haciendo tonteras”, y se fue a abrir la puerta de entrada. “Cuídate”, exclamó mientras cruzaba el umbral.
He sentido una gran tristeza, pero, paradojalmente, un alivio porque ya no tengo la desagradable sensación de ansiedad que me acompañó por casi las tres semanas que duró la relación. El doble vínculo: por una parte percibir que nos gustamos y que yo le atraigo, y, por otra, sentir una barrera de contención que ella colocaba, me provocó un estado ansioso.
Otra cosa que a Bárbara le extraña mucho de mí es que cómo puedo ser tan tímido a los 32 años prácticamente. Pero, creo que le gusta mi manera de ser: tranquilo, humilde, relajado. Pienso que, si no fuera por su proyecto de viajar y trabajar en el extranjero, podríamos haber llegado a formar una buena pareja. Como dicen los futbolistas: “no se dieron las cosas”. Es una pena, una lástima… De todas maneras, no me gustaría perder el contacto con ella, porque nunca se sabe lo que pueda ocurrir en el futuro.

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