lunes, 20 de noviembre de 2000

Ocuparme de mi desarrollo personal significa, entre otras cosas:

Superar residuos o remanentes de Neurosis obsesivo-compulsiva (perfeccionismo, etc.).

Superar fobia social de interacción (timidez, vergüenza, inseguridad, etc.).

Cuidado con dieta y estado físico (ejercicios).

Práctica y teoría de Periodismo antropológico-social (incluye fotografía).

Respiración-meditación: vencer angustias y ansiedades.

Rendir Examen de Título y corregir Memoria (nueva edición).

Cultivar mi Red Social (amistades, parientes, compañeros-as, etc.).

Plan 33 ½ a 35 (diciembre 2000 a junio 2002) 18 meses:

Terminar asunto Licenciatura y Título UC.

Desarrollar Periodismo social y fotografía periodística (Reportajes).

Consolidar Red y Acción Libertaria-Alternativa.

Manejo en Internet y programas computacionales.

Capacitación en Técnicas manuales: electricidad, gasfitería, etc.

Acondicionamiento físico: abdominales, pectorales, etc.

Conocer el resto del país.

sábado, 18 de noviembre de 2000

Ellen me contó que tengo una nueva sobrina, su nombre es Isidora y es hija de Gustavo con una amante suya. Nació en agosto, es del signo Leo y tiene los ojos azules, como mi madre. También nació hace poco el hijo de la Jose y Flin; se llama Vicente y vive con sus padres en la casita que está detrás de la vivienda de la señora Yolanda.

Mi hermano fue padre por partida doble; primero de un hombre (Adolfo), en mayo y, después, de una mujercita (como tres meses más tarde).

Desde agosto nuestro puerto base es Ancud. Allí he “pinchado” con dos lolas: cuando fuimos con los muchachos a una disco, conocí a Maricel, una joven trabajadora de 25 años, madre soltera de dos hijos. Según ella, yo tenía cara de “pícaro”. Esa misma noche –madrugada más bien- nos topamos con una chica de nombre Magdalena o Macarena. Ella me halló “entero güeno”.

Una noche que estábamos con el Chago en la lancha –los dos solos- una voz femenina llamó desde el muelle, preguntando por Marcelo y Nené. Después que salí y le informé que ellos se habían marchado esa tarde a Valdivia, ella me pidió que le convidara agua. Yo consentí y le di un vaso con bebida cola. Luego de que me respondiera algunas preguntas acerca de su vida (nombre, edad, estudios, etc.) Karina me dijo si podía volver más tarde. Yo acepté y me fui al puente a tratar de leer un poco de materia para el Examen de Grado. No pude concentrarme, pues la ansiedad y el escuchar las risas de las lolas me ocupaban la atención. Como a medianoche, Karina me llamó; la hice pasar al comedor, y ella venía acompañada de Sandra, otra adolescente de similares características. Apenas se sentaron a la mesa, apareció el Chago y comenzó a conversarles, como tratando de ver si ellas eran chicas “chacoteras”. Como ellas se mostraron bastante cohibidas, después de una hora de monólogo, mi amigo volvió a los camarotes a dormir. Yo me quedé con ellas, tomamos cerveza y como se soltaron un poco pude enterarme más sobre sus vidas. Sandra, de 17 años, es de Quellón, tiene una hija de un año y tanto y está “enamorada” de un pescador que está embarcado en una de las lanchas “Marjuxi”. Karina tiene 16 años y también es madre soltera, de una niña que, al igual que Sandra, está el cuidado de sus respectivas abuelas. Ambas abandonaron el colegio y se dedican a recorrer los muelles para convivir con los bacaladeros. Trabajan sólo esporádicamente –en bares, por ejemplo- y se movilizan haciendo dedo a los automovilistas. Van desde Quellón a Castro, Ancud, Puerto Montt, Calbuco, Valdivia. A pesar de su juventud ya presentan signos de deterioro: problemas digestivos, piel y manos ásperas, dentadura en mal estado. Parece que sus intereses fueran jaranear con los bacaladeros, beber alcohol, fumar marihuana y tabaco, jalar de vez en cuando, tener sexo cuando se les antoja. No obstante, me dio la impresión de que mantienen la esperanza de emparejarse con algún pescador, por lo que son bastante “enamoradas”.

Como a las cuatro de la madrugada decidimos irnos a dormir. Como una hora antes, y luego de intensas miradas que nos clavamos con Karina, le tomé su pequeña mano. Al rato estábamos abrazados tiernamente. Sandra se acostó en la litera del puente y con Karina nos metimos en la cama del motorista. Lamentablemente estaba pasada a olor a pata y yo quedé incómodo con el cuello doblado y con la cabeza topando el fierro. Nos besamos largamente, pero ella nunca dejó que le introdujera mi lengua hasta el fondo. Cuando lo intentaba, ella me la mordía. Le acaricié sus pequeños pechos, y, como había estado dando de mamar hasta poco tiempo atrás, bebí un poco de su leche que salió de uno de ellos. Ella metió su mano debajo de mi camisa y fue hundiendo sus dedos unidos entre mis costillas. Cuando comenzó a acariciarme en dirección a la ingle, la detuve y le señalé que dada nuestra incomodidad, el mal olor del camarote y mi falta de aseo –llevaba como cinco días sin ducharme- era mejor no tener sexo. Entonces, ella se dio media vuelta y dijo que durmiéramos. Lo hicimos “en cucharitas”, con mi mano sobre su pecho desnudo. La verdad es que me dio lata tirar con ella debido a varios motivos; además de los que le manifesté, fue porque el único condón que me quedaba estaba en la mochila, un tanto a tras mano, y por mi temor a una falla en la erección. Por otra parte, pensé que ella vería bien que no me interesara por el sexo a la primera y que más adelante lo podíamos hacer en mejores condiciones. Pero me equivoqué; a la mañana siguiente ella estaba extraña, como ida, no quiso desayunar ni jugar al carioca que Sandra propuso. Se fueron y no ha vuelto a visitarme a la lancha. Lástima, porque es una de esas morenitas que me gustan mucho…