jueves, 27 de agosto de 1998

Hace unos días, mientras cruzaba caminando la plaza de San Antonio, un niño pobre me miró y exclamó “el Quijote”. Él iba como borracho o drogado. Fue algo extraño.

Mañana cumplo tres meses trabajando en el acondicionamiento de la lancha de pesca del Chago. Mis funciones han sido: llevar las cuentas (tesorero), hacer compras y trámites, cocinar, lavar la loza, quitar óxido, pintar, y ayudar en todo lo que me pidan.

domingo, 16 de agosto de 1998

Anoche me fui de la casa de Walter, y me llevé todas mis cosas. Lo mandé a la “concha de su madre”, y conseguí alojamiento provisorio en la casa de Juan Ramón y Ana María. Con esta acción se cierra un capítulo, se da vuelta una página, que comenzó hace casi cinco años.

jueves, 13 de agosto de 1998

Siempre existirá alguien que lo esté pasando peor que uno, así como habrá una persona que esté mejor. En todo momento hay quien sufre más que uno, así como quien está más contento. Toda situación personal es relativa. Sin embargo, se han podido construir matrices de necesidades humanas, cuya satisfacción constituye un nivel digno o satisfactorio de vida.

La empatía, compasión o conmiseración, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es un ejercicio que ayuda a humanizarse. No obstante, nunca será posible ser el otro, porque las historias (biografía), personalidades, caracteres, actitudes, etc., de cada uno son particularísimas. Pienso en gente que he conocido en poblaciones callampas, siquiátricas, cárceles, hogares para discapacitados, puertecitos, en la calle…

Anoche soñé con Quica (Bronfman); más bien fue antenoche. Ayer antes de acostarme releí una carta que me escribió a fines de 1988, hace casi 10 años. Ahora valoro mucho más el gran amor que me profesaba, y estaría mucho más dispuesto a corresponderlo. Ella se casó hace como dos años, y estudia con su marido en Bélgica.

Es tiempo de comenzar a realizar todas las acciones que considero pendientes, sobre todo en el ámbito comunicacional: contacto con Bernarda, familiares, ex compañeros de estudios, antiguas amistades… Es absurdo querer esperar a contar con una situación económica más estable y sólida.

domingo, 9 de agosto de 1998

Etapa desde los 28 años (1995) hasta hoy (3 años + 2 meses). Por esos años comenzó a hablarse de Internet. Mi mamá hace su primera visita con Ron. Aquel verano volví a trabajar en la imprenta, en la Clínica Santa Elena, ubicada en La Pintana. Allí compartí con Luis, Yury, Salvador y Diego; constituimos un colectivo de trabajo asociado. En 1996 conocí a Daniela Benavente, una joven economista, retornada de México y Francia, con la cual pololeé como ocho meses, estableciendo mi récord de duración con una pareja. Mi papá nos presentó a su polola María Teresa, una mujer chilena que vive hace más de 20 años en Miami. En la clínica siquiátrica conversé bastante con Rosario, con la cual nos tomamos varios mates. A los 29 años, agobiado por la prolongación de los estados depresivos (ya parecía algo crónico), conversé con el papá de la Cecilia (Gonzalo), quien me recetó varios meses de fluoxetina. Daniela me pateó, mi mamá vendió el departamento y yo estuve vagando más de un mes por diversas casas de amigos(as) y el taller. Después de buscar un arriendo barato en la capital, en enero de 1997 empezó el traslado de la imprenta a San Antonio. Ese verano tuve una noche de pasión con Pamela, amiga de Nancy, la polola de Fernando Hermosilla. Nuestra primera residencia fue en Cartagena, en una casa a medio terminar, pero con vista al mar. El taller funcionó en el local de Unpade, donde conocí, entre otros, a Rosa, Marco, Elías y Alberto, jóvenes con diferentes grados de discapacidad mental. En mayo Walter peleó con Yury, quien se devolvió a Santiago; nos cambiamos al cerro Alegre, y conocí a Chago. Desde la celebración de mi cumpleaños, y por seis meses y medio, fui pareja de Margarita Guarello, madre de cuatro niñas, de entre tres y doce años. Se supone que ese año se inició la Era de Acuario. En el segundo semestre de 1997, salió a las calles el libro de Tomás Moulian: “Chile actual. Anatomía de un mito”. El Pepe regresó de Barcelona y mi papá se fue a Miami, después de haber pololeado con Marcela en El Quisco. A fines de diciembre conocí a Andrea Rojas, en Villa Alemana. Durante un mes me sentí “en las nubes”; sentí que ella era la mujer que yo siempre había soñado. Pasé febrero esperando su regreso de Nicaragua, y su decisión con respecto a nosotros. A comienzos de marzo nos juntamos y me confirmó que había decidido reiniciar su vínculo con el pololo que tenía desde hace dos años y medio. Después de eso, entré en una fuerte depresión, combinada con angustia y ansiedad por mi futuro laboral. En diciembre había dejado de trabajar en la imprenta, y el proyecto de pesca no se financió sino hasta fines de mayo. Mi situación de allegado en casa de Walter se estaba poniendo cada día más incómoda. El 4 de abril, en la fiesta de celebración del cumpleaños del Pepe, conocí a Mariana Assís. Conversamos toda la noche, y nos juntamos a la tarde siguiente. Esa noche se dio la partida a un romance de cinco semanas. Al patearme, también finalizó la tensión que me estaba produciendo la necesidad de buscar un trabajo part-time en la capital. El 28 de mayo iniciamos los trabajos de reacondicionamiento de la lancha, labor que ya nos ha tomado casi 80 días. Entre medio, estuve tres semanas con la pierna izquierda enyesada, y, antes de eso, con el temor de un cáncer, que resultó ser, finalmente, un quiste en el epidídimo del testículo izquierdo. Actualmente estoy pesando entre 72 y 73 kilogramos; lo mínimo de la normalidad para mi estatura son 70 kg. Si bajo de ese registro, tendré que examinarme. Por de pronto, me palpo un porotito en el costado izquierdo inferior de mi cuello. Mi estado de ánimo está oscilatorio, aunque con tendencia al bajón; más angustia por la excesiva conciencia del vacío, lo inasible del presente y de la realidad, lo improbable de la comunicación, y otros tópicos existenciales. También me achaca lo escaso de duración que han sido mis relaciones de pareja (la máxima: ocho meses).

lunes, 3 de agosto de 1998

Fallas que me he detectado, y que deseo corregir:

Proponer cosas o contactos antes de saber si realmente los puedo hacer.

Pelar a personas que no están presentes.

Alardear o contar muchas intimidades de mis relaciones con mujeres.

Indiferencia con personas desconocidas que me atienden (ej.: mesero, dependienta, etc.).

Comprometerme para realizar acciones sin antes pensar si efectivamente es posible cumplirlas.

Rigidez, dogmatismo, inflexibilidad, terquedad, orgullo.

En cierta forma, los hábitos y rutinas ayudan a estructurar mejor la existencia. Es importante, no obstante, que no se transformen en manías esclavizantes. La idea es convertir cada acción recurrente de la cotidianidad en un acontecer grato: levantarse, asearse, hacer el desayuno, ir al trabajo, trabajar, hacer el almuerzo y consumirlo, lavarse los dientes, orinar y defecar, preparar y tomar onces, realizar la limpieza doméstica, lavar la ropa, la vajilla, comprar, coser, arreglar artefactos, y otros haceres.

Condiciones para disfrutar el llevar a cabo las acciones ejemplificadas: Tener tiempo; no estar apurado ni ansioso; contar con los utensilios, herramientas o instrumentos adecuados; estar físicamente cómodo y sin ambientes molestos: ruidos, frío o calor, mal olor, poca ventilación, etc. “Meterse en lo que uno está haciendo; tomar conciencia del acontecer, para efectuarlo correctamente; ser uno con la acción”. Pensar en lo reconfortante de la labor cumplida y de lo que aporta la resultante de lo que se está haciendo. Sentir, palpar lo que es ocupar el tiempo. Darle un aire, un soplo o un toque de arte a todas esas acciones que son reiterativas, procurando siempre mejorarlas o innovar.

He conocido a varias personas que han preferido pasar penurias por largo tiempo antes que ponerse a trabajar en algo que está por debajo de sus expectativas; gente que, con poco más o menos de 50 años, sienten que merecen o tienen derecho a una buena posición laborando en lo que a ellos más les gusta. Si las cosas no se les dan como esperan, optan por subsistir en la pobreza, marginalidad o en condiciones precarias; aguantarse hasta que se les dé la oportunidad de demostrar sus capacidades.

Yo tengo muy claro que hay una edad límite para buscar el camino propio o alternativo. En los avisos que las empresas colocan en la prensa para encontrar personal, casi siempre se pone como edad máxima 35 años. Si a fines del 2000 no me ha resultado la vía laboral autónoma, venderé mi fuerza de trabajo a como de lugar. Total, me quedarán ocho horas para hacer lo que a mí me guste (aunque, si descontamos los viajes a y desde la pega, las comidas, aseo u labores domésticas, lo más realista es que sólo restan como cuatro horas diarias, más los fines de semana).

domingo, 2 de agosto de 1998

1995: Un día de enero me sentí como, creo, nunca antes; fue una sensación muy especial, tal que si a partir de ese momento todo lo mirara con un filtro. Hay quienes le llaman depresión, stress, surmenage, o algo por el estilo. Me invadió una hiper-conciencia de absoluta absurdez, de sin sentido y vacío. La imprenta la cambiamos de la casa en La Granja hasta la Clínica Santa Elena, en La Pintana. Empecé a conocer un poco más la vivencia de los enfermos mentales.

Mi mamá conoció a Ron, australiano, en un viaje que hizo al sur con la tía Ximena. Después de algunos meses de pololeo, ella partió rumbo a Perth, separándose en la práctica de mi papá. El Pepe se fue a vivir con nosotros, ocupando la pieza de mi mamá. Hicimos varios carretes con el grupo de la Ketty, Claudio, Carola, Mario. Conocí a Marcela Silva y a Anita. Cuando Pepe estaba por irse, apareció con Gabriela, una muchacha uruguaya que venía arrancando de su pololo, un tipo que tenía una botillería en San Diego, y que la trataba, a veces, muy mal. Con Gabi iniciamos una relación bastante sui generis. Yo tuve un enamoramiento por ella, y, al constatar que no llegaría a ser su pareja, me puse en campaña para conseguirle un buen pololo. Le presenté a Jaime Contreras y a Igor. Con este último iniciaron un pololeo que, al tiempo, se convirtió en matrimonio. El otro vínculo sexual que tuve ese año, a pesar de que fue interrumpido, lo realicé con Paola S., una joven retornada de Cuba que andaba detrás de mí, pero que yo encontraba muy entrada en carnes.