martes, 28 de mayo de 1996

Hoy, mientras padecía los síntomas del resfrío: dolor de garganta y cabeza, y un malestar general, mi estado de ánimo estaba por los suelos. Me acordé de los hechos de mi vida que han causado decepción a otras personas y a mí. Reviví las escenas cuando, en tercero o segundo medio, competimos con mi curso en un programa juvenil de canal 11. Por no contar con los alumnos mayores, nuestro colegio quedó como de ignorantes, y, por mis nervios, que significó tupirme totalmente, yo aparecí como un bobo. Jamás olvidaré que no supe nombrar ejemplos de camélidos ni de félidos. Fue una gran vergüenza; después, en el colegio, los profesores no podían creerlo.
Ayer, mientras esperaba el teléfono en casa de Claudia, leí algunos trozos de un folleto sobre las personas del signo CABRA. Me sorprendió la cantidad de cosas con las que me sentí identificado. Por ejemplo, con la característica de que somos seres que nos descompensa el tener que trabajar para satisfacer las necesidades básicas, puesto que no nos movemos por el dinero, sino que por motivos más “elevados”, como que por impulsos creativos, artísticos o ideales. Nos conformamos con un techo, alimento y vestuario sencillos, y con tener resuelto el tema salud. Sobre esa base, somos capaces de emprender las más grandes campañas y embarcarnos en magníficos esfuerzos. Pero, si no contamos con ese umbral, nos entra la angustia, nos bloqueamos y se nos desajusta todo.
Estuve conversando sobre eso, más tarde, con Gloria, al tiempo que nos tomábamos un café con pastelillos en su departamento. Ella dijo que yo soy un tipo disfuncional al sistema, y que me encuentra divertido. Recordó mi intervención en el debate sobre el servicio militar obligatorio que se hizo hace unos años en la Radio Tierra; señaló que yo era diferente, porque mi discurso era menos estructurado que el resto, pero que a ella le había gustado. También expresó que le parecía atractivo el contraste entre mi apariencia física: alto y barbón, y mi manera de hablar: fino y suave.
Leí que la neurosis se produce por contener, reprimir, censurar o retener nuestra verdadera vocación, y su correspondiente expresión. Mi problema es que no tenga muy claro cuál es. Además, se decía que es sano manifestar, de vez en cuando, las emociones negativas, e indignarse, porque reprimirlas puede atentar a la salud física y mental.
Gloria me contó que un “experto” en la materia le había dicho que todas las personas experimentan un momento clave a los 28 años, por efecto de una especial conjunción planetaria, o algo así. Que es una etapa que va a condicionar nuestra manera de ser para el resto de la vida, por lo que es importante en términos de lecciones, moralejas, conclusiones y cosas de ese tipo.
En TV una sicóloga dijo que los pacientes muy racionalizadotes deben volver a asociar a símbolos sus conflictos internos. Por eso que me parce bien conocer los rasgos de CABRA y GÉMINIS. Ambos signos corresponden a gente que cae bien con facilidad, y que no se esfuerzan por hacerlo, lo que los hace algo “autistas” o “ingratos”.
Es sorprendente que lleve cuatro meses con Daniela, que es RATA-CÁNCER, porque en cuanto a relación de pareja, el conflicto con CABRA-GÉMINIS es altamente probable.
Hace un tiempo, Daniela afirmó que yo soy como un carbón, al cual, sólo le hace falta un pulido para que se convierta en diamante. No es primera vez que se hace referencia a una potencia interior que no se actualiza totalmente por culpa de una envoltura que lo frena.En estos últimos años me he sentido estancado, entrampado, empantanado, en un mar de los sargazos. No he entregado mi Memoria, no me he titulado, no me han resultado mis proyectos laborales; sigo en el departamento de mi madre, por ejemplo.

miércoles, 22 de mayo de 1996

Es una vergüenza constatar que hay días en que paso seis, siete u ocho horas viendo televisión, por inercia, por evadirme. Y se supone que debería estar haciendo algunas de las cosas por las que tengo compromiso: trabajo, memoria, proyectos, etc. Me da lata, flojera, no tengo ganas y me siento agotado; me da la sensación de que no soy capaz, que no me la puedo. Lo angustiante es que lo podría entender si se tratara de labores como empleado o asalariado, en que lo característico es que uno vende su fuerza de trabajo, sin tener posibilidad de participar en la toma de decisiones globales o en la gestión. Pero, mi abulia afecta actividades en las cuales yo efectúo trabajo asociado, proyectos en donde yo tengo voz y voto, junto con responsabilidades y compromisos: La Hoja y La Gráfica. Esta desmotivación pienso que tiene relación con que ambos son emprendimientos que comenzaron con gran entusiasmo y expectativas, pero que, luego de casi tres años, han significado desgaste, tensiones, fracasos y frustraciones. Es cierto que también he aprendido varias cosas, aunque con un alto costo de carencias producto de mis bajos ingresos (aproximadamente el sueldo mínimo legal). En estos momentos, ambos proyectos están funcionando, y hay cierta tranquilidad de que continuarán por un tiempo. Sin embargo, los procesos son lentos, y hay ocasiones en que me invaden la desesperación y la apatía. El significado de mi acción es contribuir a hacer más probables los modos autogestionarios de producción, mediante la práctica y la teorización. A veces me cuestiono si eso vale la pena, si tiene sentido, siendo que pueda ser un esfuerzo en vano. La experiencia ha mostrado que es muy difícil y complicado; complejo. ¿Será posible la construcción de un sector de economía ecosocial, que coexista con el sector capitalista y el estatal? ¿Será deseable para un número considerable de personas; será mejor que el actual sistema? No lo sé, y la única forma de vislumbrar una respuesta es experimentando. De todos modos, esa incertidumbre puede compensarse con el disfrute que conlleva el intentarlo, con la satisfacción de conocer, saber, investigar, estudiar, crear y expresar, junto con amar, por supuesto.

viernes, 10 de mayo de 1996

En un mes más cumplo 29 años, es decir, completo tres décadas o, más bien, paso a mi tercera década de existencia. Hace unos diez años tomé el camino del movimiento por un desarrollo alternativo. Es la senda que seguiré por el resto de mis días, eso es lo que siento.
La relación con Daniela me ha permitido conocerme más. El jueves pasado discutimos y me trató de “mala clase”. Para el miércoles de esta semana, me llamó y nos reconciliamos. Ambos leímos un resumen del libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, en el cual se explica que entre ambos sexos debe haber una “traducción” para el entendimiento, porque cada género “escucha” diferente. Sus reclamos se refieren a mi abulia, poca preocupación por los ambientes, aseo, aspecto, dejación, modos “chidos” (rasca), y por tener una preocupación exagerada por el “deber ser”, por la ética. Según ella, yo tengo mucho cuidado por comportarme bien, por lo que reprimo mis emociones. Los impulsos o sentimientos nacen espontáneamente, y podemos calificarlos de “buenos” o “malos”, según nuestra educación y concepciones. Al actuar, no obstante, lo hacemos con nuestras emociones procesadas por el raciocinio. De todas formas, los impulsos que no se traducen en acción, por considerarlas “negativas”, deben ser desahogados vía formas que no dañen o perjudiquen. Mi problema es que coloco “a priori” un filtro ético, con lo cual contengo o reprimo una parte de sentimientos. Además, por el hecho de saber que existen, genero autocastigos. Esto es típico de las neurosis. A Daniela le molesta porque dice que, al final, mi actitud molesta, y es más grave cuando se producen incoherencias. También, que contener el enojo o la molestia hace que cuando reacciono, estallo, y puedo llegar a ser muy agresivo o pesado (“arrebatos”).