miércoles, 22 de mayo de 1996

Es una vergüenza constatar que hay días en que paso seis, siete u ocho horas viendo televisión, por inercia, por evadirme. Y se supone que debería estar haciendo algunas de las cosas por las que tengo compromiso: trabajo, memoria, proyectos, etc. Me da lata, flojera, no tengo ganas y me siento agotado; me da la sensación de que no soy capaz, que no me la puedo. Lo angustiante es que lo podría entender si se tratara de labores como empleado o asalariado, en que lo característico es que uno vende su fuerza de trabajo, sin tener posibilidad de participar en la toma de decisiones globales o en la gestión. Pero, mi abulia afecta actividades en las cuales yo efectúo trabajo asociado, proyectos en donde yo tengo voz y voto, junto con responsabilidades y compromisos: La Hoja y La Gráfica. Esta desmotivación pienso que tiene relación con que ambos son emprendimientos que comenzaron con gran entusiasmo y expectativas, pero que, luego de casi tres años, han significado desgaste, tensiones, fracasos y frustraciones. Es cierto que también he aprendido varias cosas, aunque con un alto costo de carencias producto de mis bajos ingresos (aproximadamente el sueldo mínimo legal). En estos momentos, ambos proyectos están funcionando, y hay cierta tranquilidad de que continuarán por un tiempo. Sin embargo, los procesos son lentos, y hay ocasiones en que me invaden la desesperación y la apatía. El significado de mi acción es contribuir a hacer más probables los modos autogestionarios de producción, mediante la práctica y la teorización. A veces me cuestiono si eso vale la pena, si tiene sentido, siendo que pueda ser un esfuerzo en vano. La experiencia ha mostrado que es muy difícil y complicado; complejo. ¿Será posible la construcción de un sector de economía ecosocial, que coexista con el sector capitalista y el estatal? ¿Será deseable para un número considerable de personas; será mejor que el actual sistema? No lo sé, y la única forma de vislumbrar una respuesta es experimentando. De todos modos, esa incertidumbre puede compensarse con el disfrute que conlleva el intentarlo, con la satisfacción de conocer, saber, investigar, estudiar, crear y expresar, junto con amar, por supuesto.

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