En un mes más cumplo 29 años, es decir, completo tres décadas o, más bien, paso a mi tercera década de existencia. Hace unos diez años tomé el camino del movimiento por un desarrollo alternativo. Es la senda que seguiré por el resto de mis días, eso es lo que siento.
La relación con Daniela me ha permitido conocerme más. El jueves pasado discutimos y me trató de “mala clase”. Para el miércoles de esta semana, me llamó y nos reconciliamos. Ambos leímos un resumen del libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, en el cual se explica que entre ambos sexos debe haber una “traducción” para el entendimiento, porque cada género “escucha” diferente. Sus reclamos se refieren a mi abulia, poca preocupación por los ambientes, aseo, aspecto, dejación, modos “chidos” (rasca), y por tener una preocupación exagerada por el “deber ser”, por la ética. Según ella, yo tengo mucho cuidado por comportarme bien, por lo que reprimo mis emociones. Los impulsos o sentimientos nacen espontáneamente, y podemos calificarlos de “buenos” o “malos”, según nuestra educación y concepciones. Al actuar, no obstante, lo hacemos con nuestras emociones procesadas por el raciocinio. De todas formas, los impulsos que no se traducen en acción, por considerarlas “negativas”, deben ser desahogados vía formas que no dañen o perjudiquen. Mi problema es que coloco “a priori” un filtro ético, con lo cual contengo o reprimo una parte de sentimientos. Además, por el hecho de saber que existen, genero autocastigos. Esto es típico de las neurosis. A Daniela le molesta porque dice que, al final, mi actitud molesta, y es más grave cuando se producen incoherencias. También, que contener el enojo o la molestia hace que cuando reacciono, estallo, y puedo llegar a ser muy agresivo o pesado (“arrebatos”).
La relación con Daniela me ha permitido conocerme más. El jueves pasado discutimos y me trató de “mala clase”. Para el miércoles de esta semana, me llamó y nos reconciliamos. Ambos leímos un resumen del libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, en el cual se explica que entre ambos sexos debe haber una “traducción” para el entendimiento, porque cada género “escucha” diferente. Sus reclamos se refieren a mi abulia, poca preocupación por los ambientes, aseo, aspecto, dejación, modos “chidos” (rasca), y por tener una preocupación exagerada por el “deber ser”, por la ética. Según ella, yo tengo mucho cuidado por comportarme bien, por lo que reprimo mis emociones. Los impulsos o sentimientos nacen espontáneamente, y podemos calificarlos de “buenos” o “malos”, según nuestra educación y concepciones. Al actuar, no obstante, lo hacemos con nuestras emociones procesadas por el raciocinio. De todas formas, los impulsos que no se traducen en acción, por considerarlas “negativas”, deben ser desahogados vía formas que no dañen o perjudiquen. Mi problema es que coloco “a priori” un filtro ético, con lo cual contengo o reprimo una parte de sentimientos. Además, por el hecho de saber que existen, genero autocastigos. Esto es típico de las neurosis. A Daniela le molesta porque dice que, al final, mi actitud molesta, y es más grave cuando se producen incoherencias. También, que contener el enojo o la molestia hace que cuando reacciono, estallo, y puedo llegar a ser muy agresivo o pesado (“arrebatos”).

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