jueves, 25 de junio de 1998

Ayer, mientras conversaba con Santiago, empecé a hilvanar un razonamiento que estaba elaborando desde hace un tiempo. Qué se puede esperar de una persona nacida en una familia del sector medio acomodado de la capital, que durante 27 años vivió en el barrio alto, y al alero de una madre sobreprotectora? Un niño regalón de su nana, orgullo de sus padres, que siempre tuvo todo lo necesario al alcance de la mano; que jamás tuvo que trabajar o emplearse para tener un poco de dinero para desplazarse o para tener su cuota de esparcimiento, que no supo lo que es pasar frío o hambre, que si le dolía algo, su madre corría a comprarle remedios o llevarlo al médico. Un muchacho que estudió en un colegio particular, de curas, con acceso a practicar deportes, a tener una buena educación. En definitiva, un joven al cual se le entregó gratuitamente la oportunidad de ser un profesional universitario; un tipo preparado, programado casi, para convertirse en lo que Daniela definía como un “manipulador de símbolos”, un ejecutivo, un “dirigente”.
Por qué rebelarse a esa trayectoria; en qué momento se desvía de ese camino predefinido. Hacer un viraje radical en el rumbo que se traía, después de más de 25 años no es algo fácil. De partida, hay una gran cantidad de labores, que por no tener que hacerlas, no las hago bien todavía, o aún no interiorizo los métodos para realizarlas con eficiencia: lavar, hacer aseo, coser, cocinar, calentar una casa, cuidar la ropa, ventilar las habitaciones, efectuar reparaciones de gasfitería, electricidad, alcantarillado, etc. En todas estas actividades hay técnicas que las facilitan y las hacen ser más gratas, pero es preciso aprenderlas y practicar.
Al decidir salirse del camino prefijado, por el motivo que sea, implica pasar a ámbitos en que se es torpe e inexperto. El mundo del trabajo manual, de la fuerza física, tiene sus propias características, y, cuando alguien preparado para vivir en el trabajo intelectual, ingresa en él, debe “sufrir” los rigores del novato: lesiones en el cuerpo, frustraciones, impotencia etc.
Mi amiga Elena, muy perceptiva ella, me definió una vez como un “desclasado”. Las razones para mi actitud creo que se pueden encontrar en una combinación entre la convicción de lo positivo que es el desarrollo integral de las personas, y la activación de todas sus potencialidades, que adquirí durante mi enseñanza media, con el contacto que tuve con el mundo popular en los trabajos voluntarios en que participé en mis años de universidad. Quizás se podría agregar la influencia del contacto que tuve cuando niño con el trabajo físico al acompañar a mi papá a su pega.
Fue un error el querer ignorar mi origen, y creer que era llegar y lanzarme con éxito en un ambiente que no conocía. Lo primero es tomar conciencia de mi evolución y tomar las cosas con más cautela y prudencia.
Obviamente hay un trasfondo de sentimientos de culpa, por el hecho de haber gozado del privilegio de nacer en una familia con recursos suficientes, y de la suerte por poseer un buen nivel intelectual. Si el mundo fuera un sistema social en que todos sus habitantes tuvieran la oportunidad de desarrollarse, disfrutar y poner en acción sus potencialidades, pudiendo satisfacer sus necesidades más importantes, por su puesto que esas culpas no existirían.
En todo caso, más que culpas lo sensato es poseer conciencia y actuar con ubicación, tacto, tino y congruencia.
Alguien criado con sobreprotección es como un animal que fue domesticado por los humanos y, luego, al meterse en un ambiente natural, silvestre, “salvaje” o selvático, no tiene el desenvolvimiento, la astucia, habilidad o destrezas para sobrevivir por sí solo. Si decide continuar en ese hábitat, deberá soportar fracasos, heridas, sufrimientos, pasar por un proceso de reeducación, y tratar de utilizar lo aprendido previamente para llegar a poseer la sabiduría de ambos mundos.

miércoles, 24 de junio de 1998

La PAA la di dos veces; la primera, en 1984, en la que obtuve buen puntaje en todo, y el máximo en la parte matemáticas. Además, al tener un promedio 6,8 en la enseñanza media (800 puntos), podía postular a cualquier carrera. Me invitaron a Ingeniería en la U de Chile, mediante una carta, pero, influenciado por mi papá y Patricio (mi primo), decidí entrar en la UC. Allí, tuve mi primer semestre aceptable, aprobé todo y tuve un promedio 4,9. Pero, para el segundo semestre, mi motivación bajó notoriamente, y reprobé Cálculo I y Geometría II. Aunque muchos los que también “cayeron” con esos ramos, para mí fue un fracaso insoportable, que me hizo perder el interés por la carrera. De la apatía fui pasando a la repulsión; nuevamente me quedé con ambos ramos, y, para el cuarto semestre, congelé la carrera y preparé, en forma autodidacta, la PAA. En esta segunda oportunidad, me fue bien, pero nunca como en la primera vez. Si a Ingeniería entré en 7° lugar, a Periodismo ingresé como en el puesto 16. No obstante, después de la Prueba Especial, quedé en 4° posición. La razón para entrar a Periodismo fue porque conocía a algunos alumnos de esa carrera (Sergio y Rodrigo), los cuales me habían contado que era una ocasión para estudiar de varias cosas un poco, que era relajada y que se pasaba bien (hartas mujeres, fiestas, convivencias, etc.). Mi segunda opción fue antropología, porque en Santiago no había ninguna universidad que impartiera esa especialidad con una calidad regular (lo mismo pasaba con sociología). Durante esa etapa, participé en el RIA, un conglomerado de estudiantes de distintas carreras, progresistas, opositores a la dictadura, y hastiados del “macuqueo” de los partidos políticos. Era el tiempo de la reelección de Tomás Jocelyn como presidente de la Feuc, lo que fue la gota que derramó el vaso. Pablo Álvarez, “líder” del RIA, salió elegido Consejero de la Feuc, pero al no reunirse la mitad más uno de los votantes, en la primera asamblea, renunció. Continuamos elaborando el Choroy, una publicación con tintes libertarios. Fue allí donde conocí las ideas anarquistas, y a Oscar Ortiz, secretario de Clotario Blest. En el último año de este período, comencé a ir a terapia en el Consultorio de la Escuela de Sicología de la UC, donde lloré al recordar el fin de la etapa de las vacaciones en Limache. También empecé a tomar el fármaco que me recetó el siquiatra del servicio médico de la UC, con lo cual se inició el término de las manifestaciones más notorias de mi neurosis. Paralelamente, tuve un mini pololeo con Andrea K., que dejé por un romance con Claudia G. Con ésta aprendí a besar y experimenté mi primera relación sexual.
Mis amigos más cercanos de esos años fueron Miguel Guiñez, Gastón Madariaga, Igor Garib, Daniel Steinmetz, Carlos Boltes, Vicente Martínez, Isabel Villegas, y el Pepe.

jueves, 18 de junio de 1998

Quiero analizar los aproximadamente ocho años y medio que duró la manifestación más notoria de mi neurosis obsesiva. Creo que comenzó cuando yo tenía unos 12 años, es decir, en 1979. Ese año se produjo la Revolución Islámica en Irán, empezaba la Onda Disco, y estábamos en pleno boom económico. En esa época, tomaba clases de guitarra en el colegio, hacía excursiones con mis compañeros al cerro Manquehue y me gustaba una vecina de Gastón llamada Carmen Paz. A partir de 1981, este período se caracterizó por las vacaciones en Maitencillo, en donde tuve varios amores platónicos (Gabriela, Cote, Natalie, etc.) e igual número de frustraciones. Fue el tiempo de la adolescencia y primera juventud. A nivel mundial, estuvo marcado por la era Reagan-Tatcher, la guerra Irán-Irak y el conflicto de las Malvinas. Se jugó el mundial de futbol de España 82, se masificó la computación y apareció el Sida; aconteció la moda del rock latino y del Desarrollo Alternativo; vino el mundial de futbol 86, la Glasnot, Perestroika y el inicio del fin de la Cortina de Hierro. En Chile, del fraude plebiscitario de 1980, se pasó a la Crisis de 1982-83; se efectuaron las jornadas de Protesta; en 1985 comenzó la recuperación económica, y, en 1986, el “Año Decisivo”, ocurrió el fallido atentado contra Pinochet. Al año siguiente, se produjo la visita de Juan Pablo II, y, en 1988, se llevó a cabo la Campaña plebiscitaria y el triunfo del NO.
En 1982 quebró mi papá, se vendió la casa de Las Tranqueras, y nos cambiamos a un departamento en Av. Apoquindo, en donde habitamos hasta octubre de 1986.
En 1983 fui Presidente del CAA del Colegio, y organizamos las primeras elecciones democráticas universales después de bastantes años. Ese mismo año realizamos el Viaje de Estudio, con el sufrimiento por Claudia Carbonell. En 1985 conocimos a Mariella, mi media hermana, hija de mi papá con una mujer de Limache. Aquel año padecimos el Terremoto, momento en que pensé que mi vida llegaba hasta ese instante. En 1986 falleció Carlos, nuestro compañero de Ingeniería; lo sentí mucho y lloré. En una de las protestas, los pacos me dieron una tremenda pateadura cuando estaba en el suelo, y me dejaron contusiones en la ingle. Para 1987, tomé terapia en los servicios de siquiatría y sicología de la UC, y lloré al acordarme de la muerte de mis abuelos maternos y del fin de las vacaciones en San Francisco de Limache. Casi toda esta etapa está marcada por mi frustrante participación en los equipos de basquetbol del colegio, y en la UC. Es un período que se inicia en séptimo básico, transcurre la enseñanza media, un año y medio de Ingeniería Civil y uno de Periodismo. Di la PAA en dos oportunidades, en 1984 y 1986. Pasé por el pre-universitario de Perseo, donde me gustó Loreto Ponce de León. Después supe que yo también le gustaba (me contó Paola), pero yo, para variar, no atiné.
Debe haber sido como en 1980 cuando Quica, prima de Víctor Marshall, comenzó a enviarme mensajes de amor, desde que nos conocimos en una fiesta de cumpleaños de mi compañero de curso. Recuerdo que le pidió a mi amigo una foto mía, y, cuando hice mi fiesta de cumpleaños, la invité. Fue una de las primeras en llegar y una de las últimas en irse. Yo sólo bailé un lento con ella; estaba muy nervioso y no la pesqué más. Sentía por ella una mezcla de atracción y “susto” (yo tan niño y ella tan mujer).
A los 13 años tuve mi primera eyaculación, justo un día que me había topado con el hijo del profesor Cepeda, un “intocable” para mi conducta neurótica. En 1981 estudié el nazismo y me dediqué a implementar una especie de Gestapo en mi curso, cuyo objetivo era alejar a los “malos elementos”. Por ese tiempo, tuve una visión “chocante” de unos muchachos que hablaban de la “coyoma”, y que vivían en la calle Hermanos Cabot. Por un buen tiempo, pasar por esa calzada se convertía en un “suplicio” para mí, pues tenía que recurrir a todo mi repertorio de gestos para “protegerme” de esa “mala influencia”. En Primero Medio, al igual que en Primero Básico, obtuve el Tercer lugar, y no el primero como de costumbre. Mi mamá fue a buscar el premio, pues yo estaba enfermo. Me parece que fue como en 1982 cuando mi madre me llevó a unos sicólogos, por los gestos que hacía (frotarme la frente con la mano, toser, sacudir la cabeza). Tomé un tiempo Orap Forte, pero, como me dejaba tan desganado, lo dejé. A los 15 años inicié el uso de anteojos, debido a que en un test me detectaron miopía. Por fin pude leer la pizarra desde los últimos bancos de la sala de clases. En 1983, a los 16 años, tuve mi primer pololeo, con mi vecina Verónica Matus, que estudiaba en el Compañía de María. Duramos un par de meses, o menos; ella terminó, y, cuando quiso que volviéramos, yo ya no estaba interesado. Al año siguiente, la neurosis se relacionó con la religión, y me inventé oraciones protectoras, que repetía mentalmente cuando me sentía “amenazado”. Cuando estaba estudiando Ingeniería Civil, mi amor platónico era Antonia Subercaseaux, que estudiaba Geografía y era de la IC. En el verano del 86 fui a los trabajos voluntarios de verano, en la zona Mapuche. Allí me trató de seducir Lorena, pero a mí no me gustaba. Resulté elegido Mister Cerro Loncoche, pero era más ganso que la cresta. También fui a trabajos de invierno en La Legua y La Bandera; y a la jornada de verano en Melipilla. En este lugar, se me “pronunció” Dominique Legarraga, una estupenda muchacha, y yo, para recontra variar, no atiné, ni durante ni después, al ir un día a verla a su casa.

miércoles, 17 de junio de 1998

El lunes, tipo cuatro de la tarde, me pusieron por primera vez yeso. Omar me enyesó toda la pierna izquierda, y me lo sacará en tres semanas más. Aparte de la lentitud para desplazarme, por el momento, he tenido que hacer muchas elongaciones para ponerme y sacarme el calcetín, hacer gran esfuerzo para defecar, y me imagino que será complicado bañarme.

domingo, 14 de junio de 1998

Tengo dolores que me molestan. Uno es mi habitual puntada en el costado derecho de la columna, a la altura de las paletas, que me aparece periódicamente desde hace unos cinco años, cuando hice una mala fuerza al levantar un saco de tierra de hojas. El otro es una molestia extendida, desde la cadera hasta el fémur izquierdo. En tercer lugar, está el dolor en mi rodilla zurda. Este es producto de un fuerte apretón que me di el sábado 6 de junio, mientras montábamos la embarcación sobre el carro que la llevaría al agua. Un fierro de unos 200 kg se me vino encima y me atrapó la pierna, a la altura de la rodilla, contra el neumático de camión que posee el mencionado carro. Me he dejado estar por más de una semana, pero ahora quiero sacarme la radiografía que me indicó Omar, y, si es necesario, colocarme un yeso. Además, siento preocupación por un porotito que me descubrí en el costado inferior izquierdo del cuello.
Estos dolores son señas para tomar conciencia del cuidado y precaución que debo tomar al hacer fuerza y trabajos duros o pesados. También, que al estar en esas labores, tengo que tener la mente puesta con mucha atención en lo que estoy realizando.Para mi cumpleaños, Mariana me invitó a comer pizza, y me hizo un drama porque le dije que me parecía que, en el fondo, a ella le gusta el capitalismo. Es una pena que sea una persona tan cuática y que haga atados por leseras. Creo que tiene el síndrome de hija única; ella reta, ataca, es agresiva o hiriente, critica y cuestiona a los demás con mucha facilidad, pero pobre del que haga algo de eso con ella. La verdad es que le sigo teniendo cariño, pero ya no me urge lo que pase con ella en cuanto a mí; sí me importa el tema de su salud (extracción del mioma que tiene en el útero).

viernes, 5 de junio de 1998

La noche del cumpleaños de Raquel, una compañera de trabajo de ésta, se me “tiró al dulce”. A mí no me gustó, por lo que me hice el leso. Ella me contó que a penas entró al departamento, yo le encanté. Fue una situación incómoda, porque yo no quería que se sintiera mal por mi rechazo. Me pidió que fuera honesto, que prefería saber que no la deseaba, a pensar que no había sabido seducirme. Fue una lástima que no fuera un poco más bonita. Yo le tenía ganas a Raquel; ella me hizo algunos comentarios picarones, pero parece que por atención a su amiga, no prosiguió con su juego.
Me duele la espalda, en ese punto situado entre las paletas, y por el costado (izquierdo) de la columna. Puede que sea una hernia. Me resentí al levantar un saco de tierra de hoja cuando hacía el jardín del estudio de Claudio, en 1993.
Anoche me palpé un porotito en el lado izquierdo inferior del cuello. Debo revisarlo con un médico antes de irme al sur.

Por qué motivo ninguno de mis pololeos ha durado más de ocho meses? Esto es algo que sólo me ha empezado a preocupar desde hace como un año. Esta inquietud se ha incrementado después de mis fracasos con Andrea y Mariana, dos relaciones que me hubiese gustado que duraran mucho tiempo. Será que soy muy fome, latero, desapegado, indiferente, distante, poco seductor, tosco, etc., o tal vez, tendrá que ver el hecho de que no tengo ingresos regulares, previsión, carrera profesional y otras condiciones materiales. Quizás mi conducta es muy fría, como gringo, robot o mecanizado. Como signo de que soy muy racionalizador, y mi súper yo es muy fuerte, por lo que filtro mucho mis impulsos y emociones. A lo mejor, es que parezco un “tiro al aire”, un tipo sin rumbo fijo, y, más encima medio autista.
Aunque parezca un consuelo, me parece buena la recomendación de Enrique Donoso, en el sentido de que para el hombre, lo mejor es “casarse” sólo entre los 35 y 40 años, pues de esta manera no se truncan los proyectos personales. Por lo demás, un hombre puede ser atractivo para mujeres jóvenes hasta los 60 años, como lo demuestra el entusiasmo de Raquel por mi papá.
El próximo martes cumplo 31 años. Tal vez me reúna con algunas amistades el viernes 12 de junio por la noche (Ernesto, Ezio, Pepe, Quena y Loco, Elena y Leo, Rodrigo, etc.). Ésta es la página 67, nací en 1967, y planeo vivir hasta los 67 años.
¿Qué cosas cambiaría y cuáles mantendría de mi relación con las mujeres?
Conservaría el principio de no mentir, de contar siempre la verdad, de ser respetuoso, amable, no celoso y comprensivo. Lo que variaría es anteponer la honestidad o sinceridad, al no querer causar sufrimiento o dolor: expresar mejor mis sentimientos y deseos. Ser más seductor, sensual, cariñoso, atento y “cálido”. Tener más conciencia del lenguaje no verbal, y de la forma o manera de decir las cosas. No filtrar tanto mis impulsos. Dosificar la entrega de información sobre mi historia. Omitir lo que no sea relevante, o que no me pregunten directamente (más discreto). Podría ser más galante y atento. No ser tan “autista” y dar a conocer más mis pensamientos o sensaciones. Parece que tendría que ser menos “entregado” o “incondicional”, menos ansioso o “desesperado”.
Me he dado cuenta de que pesando entre 73 y 75 kg me siento muy bien; ágil, esbelto, pintoso. Según los cálculos que se usan, lo menos que debería pesar son 70 kg, tomando en cuenta mi estatura (aprox. 1,88 m).Es una realidad que ya no me motiva como antes el tema del cambio social.