Quiero analizar los aproximadamente ocho años y medio que duró la manifestación más notoria de mi neurosis obsesiva. Creo que comenzó cuando yo tenía unos 12 años, es decir, en 1979. Ese año se produjo la Revolución Islámica en Irán, empezaba la Onda Disco, y estábamos en pleno boom económico. En esa época, tomaba clases de guitarra en el colegio, hacía excursiones con mis compañeros al cerro Manquehue y me gustaba una vecina de Gastón llamada Carmen Paz. A partir de 1981, este período se caracterizó por las vacaciones en Maitencillo, en donde tuve varios amores platónicos (Gabriela, Cote, Natalie, etc.) e igual número de frustraciones. Fue el tiempo de la adolescencia y primera juventud. A nivel mundial, estuvo marcado por la era Reagan-Tatcher, la guerra Irán-Irak y el conflicto de las Malvinas. Se jugó el mundial de futbol de España 82, se masificó la computación y apareció el Sida; aconteció la moda del rock latino y del Desarrollo Alternativo; vino el mundial de futbol 86, la Glasnot, Perestroika y el inicio del fin de la Cortina de Hierro. En Chile, del fraude plebiscitario de 1980, se pasó a la Crisis de 1982-83; se efectuaron las jornadas de Protesta; en 1985 comenzó la recuperación económica, y, en 1986, el “Año Decisivo”, ocurrió el fallido atentado contra Pinochet. Al año siguiente, se produjo la visita de Juan Pablo II, y, en 1988, se llevó a cabo la Campaña plebiscitaria y el triunfo del NO.
En 1982 quebró mi papá, se vendió la casa de Las Tranqueras, y nos cambiamos a un departamento en Av. Apoquindo, en donde habitamos hasta octubre de 1986.
En 1983 fui Presidente del CAA del Colegio, y organizamos las primeras elecciones democráticas universales después de bastantes años. Ese mismo año realizamos el Viaje de Estudio, con el sufrimiento por Claudia Carbonell. En 1985 conocimos a Mariella, mi media hermana, hija de mi papá con una mujer de Limache. Aquel año padecimos el Terremoto, momento en que pensé que mi vida llegaba hasta ese instante. En 1986 falleció Carlos, nuestro compañero de Ingeniería; lo sentí mucho y lloré. En una de las protestas, los pacos me dieron una tremenda pateadura cuando estaba en el suelo, y me dejaron contusiones en la ingle. Para 1987, tomé terapia en los servicios de siquiatría y sicología de la UC, y lloré al acordarme de la muerte de mis abuelos maternos y del fin de las vacaciones en San Francisco de Limache. Casi toda esta etapa está marcada por mi frustrante participación en los equipos de basquetbol del colegio, y en la UC. Es un período que se inicia en séptimo básico, transcurre la enseñanza media, un año y medio de Ingeniería Civil y uno de Periodismo. Di la PAA en dos oportunidades, en 1984 y 1986. Pasé por el pre-universitario de Perseo, donde me gustó Loreto Ponce de León. Después supe que yo también le gustaba (me contó Paola), pero yo, para variar, no atiné.
Debe haber sido como en 1980 cuando Quica, prima de Víctor Marshall, comenzó a enviarme mensajes de amor, desde que nos conocimos en una fiesta de cumpleaños de mi compañero de curso. Recuerdo que le pidió a mi amigo una foto mía, y, cuando hice mi fiesta de cumpleaños, la invité. Fue una de las primeras en llegar y una de las últimas en irse. Yo sólo bailé un lento con ella; estaba muy nervioso y no la pesqué más. Sentía por ella una mezcla de atracción y “susto” (yo tan niño y ella tan mujer).
A los 13 años tuve mi primera eyaculación, justo un día que me había topado con el hijo del profesor Cepeda, un “intocable” para mi conducta neurótica. En 1981 estudié el nazismo y me dediqué a implementar una especie de Gestapo en mi curso, cuyo objetivo era alejar a los “malos elementos”. Por ese tiempo, tuve una visión “chocante” de unos muchachos que hablaban de la “coyoma”, y que vivían en la calle Hermanos Cabot. Por un buen tiempo, pasar por esa calzada se convertía en un “suplicio” para mí, pues tenía que recurrir a todo mi repertorio de gestos para “protegerme” de esa “mala influencia”. En Primero Medio, al igual que en Primero Básico, obtuve el Tercer lugar, y no el primero como de costumbre. Mi mamá fue a buscar el premio, pues yo estaba enfermo. Me parece que fue como en 1982 cuando mi madre me llevó a unos sicólogos, por los gestos que hacía (frotarme la frente con la mano, toser, sacudir la cabeza). Tomé un tiempo Orap Forte, pero, como me dejaba tan desganado, lo dejé. A los 15 años inicié el uso de anteojos, debido a que en un test me detectaron miopía. Por fin pude leer la pizarra desde los últimos bancos de la sala de clases. En 1983, a los 16 años, tuve mi primer pololeo, con mi vecina Verónica Matus, que estudiaba en el Compañía de María. Duramos un par de meses, o menos; ella terminó, y, cuando quiso que volviéramos, yo ya no estaba interesado. Al año siguiente, la neurosis se relacionó con la religión, y me inventé oraciones protectoras, que repetía mentalmente cuando me sentía “amenazado”. Cuando estaba estudiando Ingeniería Civil, mi amor platónico era Antonia Subercaseaux, que estudiaba Geografía y era de la IC. En el verano del 86 fui a los trabajos voluntarios de verano, en la zona Mapuche. Allí me trató de seducir Lorena, pero a mí no me gustaba. Resulté elegido Mister Cerro Loncoche, pero era más ganso que la cresta. También fui a trabajos de invierno en La Legua y La Bandera; y a la jornada de verano en Melipilla. En este lugar, se me “pronunció” Dominique Legarraga, una estupenda muchacha, y yo, para recontra variar, no atiné, ni durante ni después, al ir un día a verla a su casa.
En 1982 quebró mi papá, se vendió la casa de Las Tranqueras, y nos cambiamos a un departamento en Av. Apoquindo, en donde habitamos hasta octubre de 1986.
En 1983 fui Presidente del CAA del Colegio, y organizamos las primeras elecciones democráticas universales después de bastantes años. Ese mismo año realizamos el Viaje de Estudio, con el sufrimiento por Claudia Carbonell. En 1985 conocimos a Mariella, mi media hermana, hija de mi papá con una mujer de Limache. Aquel año padecimos el Terremoto, momento en que pensé que mi vida llegaba hasta ese instante. En 1986 falleció Carlos, nuestro compañero de Ingeniería; lo sentí mucho y lloré. En una de las protestas, los pacos me dieron una tremenda pateadura cuando estaba en el suelo, y me dejaron contusiones en la ingle. Para 1987, tomé terapia en los servicios de siquiatría y sicología de la UC, y lloré al acordarme de la muerte de mis abuelos maternos y del fin de las vacaciones en San Francisco de Limache. Casi toda esta etapa está marcada por mi frustrante participación en los equipos de basquetbol del colegio, y en la UC. Es un período que se inicia en séptimo básico, transcurre la enseñanza media, un año y medio de Ingeniería Civil y uno de Periodismo. Di la PAA en dos oportunidades, en 1984 y 1986. Pasé por el pre-universitario de Perseo, donde me gustó Loreto Ponce de León. Después supe que yo también le gustaba (me contó Paola), pero yo, para variar, no atiné.
Debe haber sido como en 1980 cuando Quica, prima de Víctor Marshall, comenzó a enviarme mensajes de amor, desde que nos conocimos en una fiesta de cumpleaños de mi compañero de curso. Recuerdo que le pidió a mi amigo una foto mía, y, cuando hice mi fiesta de cumpleaños, la invité. Fue una de las primeras en llegar y una de las últimas en irse. Yo sólo bailé un lento con ella; estaba muy nervioso y no la pesqué más. Sentía por ella una mezcla de atracción y “susto” (yo tan niño y ella tan mujer).
A los 13 años tuve mi primera eyaculación, justo un día que me había topado con el hijo del profesor Cepeda, un “intocable” para mi conducta neurótica. En 1981 estudié el nazismo y me dediqué a implementar una especie de Gestapo en mi curso, cuyo objetivo era alejar a los “malos elementos”. Por ese tiempo, tuve una visión “chocante” de unos muchachos que hablaban de la “coyoma”, y que vivían en la calle Hermanos Cabot. Por un buen tiempo, pasar por esa calzada se convertía en un “suplicio” para mí, pues tenía que recurrir a todo mi repertorio de gestos para “protegerme” de esa “mala influencia”. En Primero Medio, al igual que en Primero Básico, obtuve el Tercer lugar, y no el primero como de costumbre. Mi mamá fue a buscar el premio, pues yo estaba enfermo. Me parece que fue como en 1982 cuando mi madre me llevó a unos sicólogos, por los gestos que hacía (frotarme la frente con la mano, toser, sacudir la cabeza). Tomé un tiempo Orap Forte, pero, como me dejaba tan desganado, lo dejé. A los 15 años inicié el uso de anteojos, debido a que en un test me detectaron miopía. Por fin pude leer la pizarra desde los últimos bancos de la sala de clases. En 1983, a los 16 años, tuve mi primer pololeo, con mi vecina Verónica Matus, que estudiaba en el Compañía de María. Duramos un par de meses, o menos; ella terminó, y, cuando quiso que volviéramos, yo ya no estaba interesado. Al año siguiente, la neurosis se relacionó con la religión, y me inventé oraciones protectoras, que repetía mentalmente cuando me sentía “amenazado”. Cuando estaba estudiando Ingeniería Civil, mi amor platónico era Antonia Subercaseaux, que estudiaba Geografía y era de la IC. En el verano del 86 fui a los trabajos voluntarios de verano, en la zona Mapuche. Allí me trató de seducir Lorena, pero a mí no me gustaba. Resulté elegido Mister Cerro Loncoche, pero era más ganso que la cresta. También fui a trabajos de invierno en La Legua y La Bandera; y a la jornada de verano en Melipilla. En este lugar, se me “pronunció” Dominique Legarraga, una estupenda muchacha, y yo, para recontra variar, no atiné, ni durante ni después, al ir un día a verla a su casa.

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