viernes, 27 de diciembre de 1996

Hace dos días que llevaba un mes desde que comencé mi nueva forma de existencia. Además del taller, he alojado en 15 lugares distintos. Anoche estuve con Elena, Leo y Cristian (Mono). Conversamos varias horas. También me dijeron que me veía bien, joven, y que podría incluso ser modelo.
La otra noche, en Puente Alto, me llamó la atención la imagen de un señor que iba en su bicicleta con dos perros. Al bajar a la calle para subirse el biciclo, le dio unas palmadas de cariño a uno de los canes en la cabeza, y partió pedaleando. Este cambio en mi vida ha significado darle la espalda al sistema burgués, y emprender la búsqueda de una alternativa.
La cena de Noche Buena fue en casa de Claudio, en el Arrayán. Tanto la mamá de mi cuñado como Ron estaban admirados de mi opción de vida, contra la corriente de los tiempos actuales. El pololo de mi mamá me dijo que ella me quiere muchísimo.
Marcela me contó que yo le gusto a Anita, pero que soy muy cortado…
Con la reacción que ha mostrado la mayoría de la gente al saber cómo estoy viviendo, me doy cuenta de lo cómodo y mañosos que se van poniendo las personas. Refinamientos y exquisiteces van socavando la capacidad de adaptación y sobrevivencia, y pierden la valoración y el gusto por las cosas sencillas o naturales.
Estuve acordándome de las críticas que he recibido por mi desempeño sexual por parte de algunas mujeres. Me han dicho que me voy “para adentro”, como autista, que es como un egocentrismo o como si me masturbara con otra persona, que soy muy mecánico, estudiado y poco espontáneo, que no acaricio lo suficiente sino que quiero penetrar muy luego, etc. Pero también, me han dicho que duro demasiado antes de eyacular, con lo que ellas quedan muy agotadas. Con respecto a la escasés de caricias, creo que depende de qué tanto me atraiga el cuerpo de la mujer. En relación al ensimismamiento, a la falta de palabras o expresiones, pienso que tiene que ver con lo que me pasa generalmente cuando fumo marihuana: es una especie de cierre con respecto al exterior. Puede ser que si me propongo comentar a la otra persona las sensaciones, quizás logre conectarme más con ella. En todo caso, la sexualidad es un aprendizaje que dura toda la vida.
Hace como un mes conocí a una flaca que se llama Alejandra, amiga de Marcela Corbalán. Me la presentaron especialmente. Fue una tarde en que estábamos en un asado en casa del papá de Cecilia, y había piscina. Es alta, bonita, delgada, chora y simpática, y muy liberal dicen. Lo penca es que, para variar, yo no abrí la boca en toda la jornada, y desde entonces no la he vuelto a ver. Sólo sé que hace clases de francés en la Alianza y que arrienda un depto., sola, en Lastarria.
Hace como tres meses que no tengo una relación sexual, y ya las echo de menos.

lunes, 9 de diciembre de 1996

Hoy cumplí 29 años con seis meses. Por algunos comentarios que han hecho, parece que sin barba me veo más joven. Comparado con mi estado de ánimo de hace medio año, estoy mucho mejor. El tratamiento de cuatro meses con fluoxetina me devolvió las ganas y el entusiasmo; retomé mi trabajo en la gráfica y decidí abandonar la Memoria y el Examen de Título, hasta cuando me den ganas de continuarlo, si es que eso ocurre alguna vez. Desde que comencé mi vida nómade, he alojado en donde nueve amistades (incluyendo a Gustavo y Ellen) de un total de 25 posibilidades. Es decir, me quedan 16 opciones, de las cuales una es el taller. Por lo tanto, en estos momentos, estaría visitando gente cada un mes y medio (45 días) aproximadamente. Esta noche es la quinta vez que me quedo a dormir en el taller. Como dijo Rosario, es una forma de vida “agitanada”, lo cual me atrae bastante.

jueves, 5 de diciembre de 1996

Un poco más allá de los pies de mi catre, una araña descendió del techo colgada de su hilo. Esta es la quinta vez que duermo en la clínica, y la cuarta en el taller. Hace frío en las noches y los perros no paran de ladrar hasta la madrugada. Tengo un saco de dormir viejo y delgado. Voy a traer un poncho y frazadas que están donde Gustavo.
Anoche estuve con Soledad en su nuevo departamento. Conversamos un poco acerca de lo que nos había pasado estos tres últimos años. Después, pasé al depto. de Igor, y comimos con Gabi y Dalal. Allí me quedé a dormir en una pieza para alojados. Por la mañana, me duché y tomé desayuno. En 11 días de “sin casa”, he dormido en seis lugares distintos. El único que se ha repetido es el departamento de Gustavo.
Estando bien de salud y de ánimo, todo lo demás viene por añadidura.