jueves, 4 de marzo de 1999

Hay dos temas que me tienen complicado, y como que me están “amargando el pepino”. Uno es el laboral y otro es el afectivo amoroso. En el primero, me afecta mucho mi apreciación de lo que es el trabajo en el sistema actual: es una actividad alienada, que consume más de ocho horas diarias durante cinco días, unidimensional, muchas veces rutinaria y desgastadora. Me da rabia la división jerárquica y social del trabajo: por el hecho de haber nacido en tal o cual clase social, para algunos la pega es más suave y mejor pagada y, en cambio, para otros es dura y mal retribuida en dinero. En fin, como que toda la crítica humanista y socialista respecto del trabajo en el capitalismo mundial, me la tomo a pecho, me siento culpable o responsable y no me agrada insertarme como si nada en este sistema. Estoy siempre pensando cómo poder acercarme lo más posible a como yo creo que deberían ser las cosas. Es difícil, un esfuerzo individual y aislado está condenado al fracaso. Como decía Hopenhayn, es un conflicto entre el ideal que uno tiene para sí mismo, y lo que en la práctica uno puede realizar. El problema es que, si yo viviera en un país con buena seguridad social (salud y jubilación buena, seguro de desempleo, etc.), sería muy factible hacer las labores del tipo y modo que yo deseo, sin el temor de convertirme en un indigente. Dado que esa no es la situación en Chile, me parece que tarde o temprano tendré que adaptarme al mecanismo existente, y tratar de sacarle provecho a los fines de semana y a las vacaciones para desarrollar mis inquietudes. Con mucha facilidad me pongo en el lugar de las personas que veo trabajar, y eso me angustia. Me indigna que la humanidad no sea capaz de crear un sistema más digno y bueno para todos. El ser humano ya logra enviar naves al espacio, y, sin embargo, no ha efectuado una organización económica justa y razonable.

El asunto sentimental me tiene urgido desde hace como un año. Me parece que tiene que ver con que uno se aleja de sus padres, hermanos; los amigos se casan y tienen hijos. Por vez primera se me presenta la soledad como un problema, y la demora en encontrar pareja me comienza a angustiar. Esto, sumado a mi trayectoria de pololeos de corta duración, me provoca ansiedad y miedo a la “separatidad”. Por el momento, tengo “en la mira” a Lesli y a Claudia (amiga de Ellen).

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