domingo, 5 de octubre de 2003

El cuento es que esta mujer, de unos treinta y tantos años, había llegado a Chile con su familia con la ilusión de hacer grandes negocios. Utilizaron sus ahorros para comprar y acondicionar embarcaciones pesqueras. Al cabo de algunos años, la empresa no había prosperado y ya estaban consumiendo sus últimas reservas. El marido de la rusa se hallaba en Valdivia. Como Chago habla ruso, y en ese momento estaba con Gennadiy, fueron entrando en confianza y organizaron una cena en la lancha. Por supuesto habían varias botellas de vodka; mientras los rusos tomaban a destajo, Chago simulaba que bebía. Llegó un momento en que todos estaban borrachos; Gennadiy y otro ruso se fueron a dormir abajo, y la rusa quedó tirada, con la cabeza metida hacia adentro, en la litera del maquinista. Después de comprobar que todos estaban inconscientes, se cercioró de que ella no respondía; le dio algunas cachetadas y ella no respondió. A continuación –en la versión de Chago- la puso de guata en la mesa del comedor, le bajó los pantalones y se la metió hasta acabar adentro. Luego, la volvió a dejar en el camarote. Al día siguiente, ella se dio cuenta de que tenía semen en la entrepierna y le preguntó qué había pasado. Chago le respondió que ella se había ido de madrugada y que regresó después de unas horas, por lo que en ese lapso tuvo que haberle ocurrido la “violación”. Como ella no se acordaba de nada, el Chago se sacó los pillos.

Mi amigo también me relató una relación que tuvo con una mujer madura, dueña de una pequeña lavandería.

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