lunes, 1 de diciembre de 2003

Lo que recuerdo es que vivieron extrañas situaciones en una casa que arrendaban en Ancud. Marella afirmó que apenas llegó a vivir allí, sintió algo extraño y perturbador. Por las noches escuchaban ruidos y, al parecer, hubo objetos que cambiaron de lugar. Una noche, no recuerdo si a su hermano o al ex marido, le tiraron el cobertor con que se tapaba en la cama. Este último, un día llegó a la cocina y vio a una joven mujer colgando, ahorcada, desde el techo, con una mancha roja en el vestido. Él salió corriendo y, al regresar, no encontraron nada. Según Marella, con el tiempo se enteraron de que en esa casa, en la buhardilla, habían violado y asesinado a una muchacha, después de una fiesta. Otro fenómeno paranormal que tuvieron fue la visión de personas pequeñas, como adultos con cuerpos de niños, que aparecían y desaparecían fugazmente. Habrían sido “duendes”.

Desde Ancud tomé un bus a Valdivia, en donde caminé desde el terminal hacia el centro. Ahí me encontré con Elisa, que andaba con su nieta. Luego apareció Andrea y le pagué la cuota para un asado para celebrar el cumpleaños de César. Nos fuimos a la casa de éste y conversamos con Elisa. En la noche, llegaron amigos de los muchachos, y una chica que me pareció interesante. Conversamos un buen rato, y me figuré que ella también estaba entusiasmada. Sin embargo, cuando ya había pasado una buena cantidad de tiempo, se paró y no volvió a sentarse a mi lado. Esa noche dormí ahí y, al día siguiente, viajé a Los Molinos, a encontrarme con Irma.

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