miércoles, 16 de abril de 2003

En mi niñez me sentí muy atraído por algunas niñas y mujeres. Cuando estaba en Limache me gustó mucho una adolescente que se llamaba Carmencita, y que le decían flaca, para diferenciarla de otra muchacha que también iba a la piscina, la cual era conocida como Carmencita gorda. Tengo grabada una imagen en que aparece la Carmencita flaca, recostada en un sillón del living en la casa de mis abuelos. Ella estaba con su espalda en uno de los brazos y con las piernas sobre el otro. Vestía un pequeño bikini, su pelo era largo y oscuro, y su delgado cuerpo era de color claro, aunque no pálido. Yo deseaba estar con ella, tocarla, acariciar su piel y abrazarla, pero no me atrevía a nada. Creo que ese tipo de flaca es parecido a una muchacha que fue vecina de Gastón Madariaga, de nombre Carmen Paz, y de la que yo estuve medio “enamorado” en un momento de mi adolescencia. Aunque mi timidez seguía presente, por lo menos me tenía simpatía, hasta que su mamá me agarró mala por salpicarle barro cuando andaba en bicicleta. Tiempo después supe que se emparejó con un militar. Me parece que en esa continuidad de gustos está la explicación del por qué mi actual preferencia por Yasna, la flaquita de Quellón.

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