miércoles, 11 de marzo de 1998

Esta es como la sexta vez que lloro en menos de tres días. Pienso que es la pérdida amorosa que más me ha dolido porque estuve un mes completo sintiendo que ésta era la pareja ideal, lo que yo siempre había soñado, y creyendo que ella también se proyectaba para una relación a largo plazo. La proyección era hermosísima y aparentemente buena.
Según Hugo, a medida que uno se hace mayor, se toma conciencia de que, por las mañas, es cada vez más difícil lograr relaciones de pareja armónicas. Entre más jóvenes, más moldeables mutuamente son las personas. Hugo tiene 35 años, y es soltero.
Para aumentar las probabilidades de encontrarse con una mujer que a uno le guste mucho, hay que conocer a muchas y frecuentar los ambientes en donde se les pueda hallar. Quedarse parado y esperando es condenarse a la soledad; hay que tener bastante “vida social”.
Junto con expresar mi pena y desahogarla, el proceso de duelo tiene que seguir con ejercicios para recuperar mi dañada autoestima.
Me acuerdo que al comenzar la relación con Andrea, yo me sentía seguro y tranquilo, pero, poco a poco me fue entrando la inseguridad, el temor a que me dejara de querer, a perderla. Efectivamente, en mi último viaje a Villa Alemana, antes de que ella se fuera a Nicaragua, desde mi llegada en aquella noche que se suponía yo iba a alojarme en Limache, pero que arribé directamente a casa de tía Juliana, me di cuenta de que yo estaba mucho más ansioso que ella por el encuentro. Andrea se mostró reservada al estar con sus amigas, y cuando fuimos a la tocata en el teatro Mauri, en Valpo.
Dentro de las moralejas que puedo obtener de esta experiencia, está el no poner acento en lo cortas y variadas que han sido mis relaciones de pareja, ya que eso me coloca un sello de “inestabilidad”, o me hace figurar como alguien que no se la juega o que se aburre fácilmente. Antes esto me parecía hasta “encachado”, pero a esta altura ya lo estoy sintiendo como algo preocupante, pues denota que hasta el momento tenía una falta de interés por proyectar los vínculos. Que ninguno de mis pololeos hasta hoy ha durado siquiera un año no es para echarse flores o vanagloriarse. Esto, además, porque el cuento de que yo soy “mujeriego” es una tremenda exageración. En verdad, hasta ahora yo he sido muy tímido y poco entrador con las mujeres, y, en comparación con algunos conocidos (Nacho, Pepe, José Miguel, Fritz, Ernesto, Walter, Santiago…) yo soy súper tranquilo.
Me he dado cuenta de que no he estado lo suficientemente en paz y armonía conmigo mismo. Tengo culpas, complejos, mitos, que necesito sacar a luz para iniciar una auto-terapia que me permita estar más contento conmigo mismo, y superar mis neuras, y depres.
Debo adoptar posturas más flexibles y relativas, que me permitan mayor adaptación, acomodo e innovación. Tengo dogmas que son absurdos, como, por ejemplo, no querer trabajar como asalariado, sino, como independiente o asociado. El tema de mi tesis, de no prosperar el crédito Fosis, debería cambiarlo por otro más simple. Me he colocado carteles que obstaculizan el cambio y el desarrollo personal, como: “soy tímido, cortado, me da vergüenza, soy quedado, no podría trabajar como empleado, etc.”. Poseo complejos por mi voz, mis hombros estrechos, por estar encorvado, por tener los pechos grandes, por mencionar algunos. Me siento culpable por querer disfrutar o vivir cómodamente, teniendo en cuenta la miseria en que vive, o apenas subsiste mejor dicho, gran parte de la humanidad. Se me olvida que yo también tengo derechos humanos, que merezco cariño, que es justicia intentar gozar, que no hay nada de malo en tener deseos, y en buscar el placer, siempre y cuando no se haga daño a otros. No tiene por qué ser contradictorio el permitirse darse gustos y auto-acariciarse, con el actuar con responsabilidad y hacer bien las cosas.

No hay comentarios: