domingo, 1 de marzo de 1998

Ayer y hoy por la mañana estuve con Rodrigo, Quena, Catalina, Álvaro y María Teresa. Me invitaron a almorzar, fui a la playa de El Tabito, tomé once, participé de un asado con machas y reinetas. Había dos parejas más anoche, con niños(as). Fue una jornada agradable. Además, conversando con el papá de Rodrigo, se me abrió la posibilidad de, en caso de no concretarse el proyecto de pesca, postular al Servicio País. Tengo, eso sí, que averiguar si cumplo con los requisitos para postular.
Estoy leyendo los artículos de sicólogos y siquiatras que aparecen en “Para abrir la mente”. Transcribo:
“Cataloga de neuróticos a la gran mayoría de sus pacientes.
-Perseguidos por su inconsciente. Este es como una aplanadora sin freno, solamente con acelerador y volante. El neurótico corre delante para que no lo aplaste. El sicoanálisis lo primero que le demuestra es que no va a poder parar la aplanadora. Por eso, hay gente que se frustra, quieren evitar esta pesadilla. El buen sicoanálisis le permite subirse a la aplanadora, tomar el volante y manejar sin freno.
El suicidio es lo único que la detiene.
-Porque efectivamente deja de avanzar. Me dejo aplastar, muero y se acabó la cuestión. El sicoanálisis permite subirse a bordo. Evita, además, que pase por encima de quienes lo rodean porque el neurótico anda con sus síntomas contaminando a todo el mundo” (Gonzalo Hidalgo)

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