Antes de ayer preparé un caldillo de congrio. Me tomé el tiempo necesario para hacerlo tranquilo; pelé y piqué verduras, pre-cocí las papas, salteé los ingredientes, corté el pescado y cociné. En total, habrán sido unas dos horas, y me cundió como para ocho platos. Quedó con un gusto aceptable, y resultó bueno, bonito y barato.
El viernes y sábado en la noche la pasé carreteando con Rodrigo, su familia y amigos. La tía comentaba mi aspecto de árabe o indio, y que era bonito. Creo que esa convivencia me hizo sentirme algo mejor.
Hace unos días terminé de leer todo lo que he escrito en mis cuadernos. Debo haber comenzado como en 1990-91, y, la crisis más grande ha sido la que estuvo alrededor de los 27 años, con una gran depresión, que me llevó a tomar fluoxetina durante el segundo semestre de 1996. Tuve una recaída en febrero de 1997, justo antes de cambiare a San Antonio, y, ahora, en marzo de 1998, gatillada por la pérdida de la relación amorosa con Andrea. Ya llevo una semana con una intensa pena y tristeza, acompañada de angustia, ansiedad, bajón existencial y mucho susto. Debe ser que el golpe coincidió con la incertidumbre de mi futuro laboral y en cuanto a residencia, ambiente, contactos, etc.
“Los monopolares se dan en personalidades con un exagerado afán por el orden, concienzudos, muy cumplidores; diligentes y dedicados en su trabajo y obligaciones; necesitan mantener todo bajo control y han de tener todo previsto, sin dejar oportunidad a la sorpresa, evitando la posibilidad de fracasar y de ser criticados. Son muy responsables de no perder el tiempo, perfeccionistas, aficionados a la limpieza excesiva; de una conciencia moral escrupulosa, siguen al pie de la letra el camino que se han trazado. No se trata de personas anormales o patológicas. Por el contrario, son normales o “hipernormales”, muy estimados porque se puede confiar en ellos, excepto cuando están sufriendo la depresión con baja de ánimo y tristeza. Lo que pasa es que cuando se enfrentan a situaciones nuevas pueden tener dificultades para resolverlas por su estilo rígido de relacionarse con el mundo: fracasan por no poder adaptarse y cambiar. Se deprimen al quedar por debajo de sus aspiraciones.
Con frecuencia es posible encontrar que la depresión ha sido precedida por situaciones como: mudanza, jubilación, cambios o fracasos laborales, sentimentales, muerte de seres queridos, enfermedades prolongadas.
(personalidades predepresivas) (Pedro Retamal)
En opinión de Sergio y Santiago, yo fui a conversar con Andrea ya totalmente derrotado, perdido; en este caso estoy seguro de que ellos habrían contraatacado o habrían sido más estratégicos (pícaro o “malicioso”, según Chago). Luzmira y Pati me trataron de inocente o ingenuo, desde el momento en que Andrea no terminó con su pololo. Hugo argumentó que el “contexto” había sido muy influyente para la decisión de ella (distancia, presencia de familiares, amistades en común, etc.). Fritz sentenció que yo había sido uno más en la lista de aventuras de Andrea con hombres altos y mayores (Gorilón, Tuto, Jimi). Comparto el análisis que dice que fue un problema de falta de experiencia o “training” de ella. También Pati afirmó que había sido el típico caso en que un amante termina sirviendo para que una pareja supere una crisis.
La conciencia de lo inasible del presente y de la realidad provoca una gran angustia. Lo mismo, con respecto a la improbabilidad de la comunicación. El tiempo pasa inexorablemente; los momentos de alegría, dicha, felicidad, no dejan de ser instantes que van quedando atrás. Los guardamos en la memoria, y esperamos que lleguen otros nuevos. Es imposible estar en la cabeza de otros, o ellos en la nuestra; uno siempre está solo y más encima también es difícil conocerse uno mismo totalmente. ¿Por qué al constatar estas cosas sentimos angustia si son condiciones propias de la existencia? Es como si un deportista sufriera por pensar en las reglas del juego que practica. O será que sólo algunas personas padecemos de angustia existencial? Sin embargo, hay mucha gente que sufre depresión. Quizás son las situaciones de desequilibrio, descompesación, golpes, traumas, dolores los que hacen aparecer la angustia existencial. Puede ser que personas muy sensibles o introvertidas tengan más facilidad para “caer” en estados melancólicos. Es sorprendente que estando mucho tiempo ocupado con actividades, recuerdos, planes, creación, de pronto haya ocasiones en que la angustia existencial nos “invade”, “auto-torturándonos” con la depresión. Es como si esa realidad que, en situación de “normalidad”, está en un trasfondo, de repente se colocara en primer plano. Seguimos haciendo cosas, proyectando y haciendo memoria, pero la mente no cesa de darle vueltas a la conciencia del absurdo, el vacío, la nada, lo inasible y la finitud de la vida. Sin duda que hay factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, ya que el consumo de fármacos como la fluoxetina o sustancias como la yerba mate, producen un alivio de los síntomas. Tanto es así que después del tratamiento que hice en 1996, me parecía increíble que hubiese estado sintiéndome tan mal durante la depresión.
“En términos simples, se utiliza la influencia positiva de la palabra sobre la persona.
Un factor común a cualquier tipo de sicoterapia es su base en la relación de confianza entre paciente y terapeuta,… El tratamiento debe ser capaz de hacer renacer el interés y la esperanza en el afectado, quien logra realizar modificaciones en sus creencias y en sus relaciones interpersonales. Si resultan exitosas se constituyen en un poderoso estímulo que aumenta las expectativas de obtener mayor seguridad, control sobre sí mismo y alivio de sus conflictos con otros.
El cambio en el paciente se consigue a través de la interacción y de la comunicación. Con palabras, gestos, conductas y actitudes que el especialista logra transmitirle”. (Pedro Retamal)
“Hacerlo (reconocer la enfermedad) significaría tener que revisar la biografía, aquella que lo lleve a entender por qué, en tales circunstancias, sufre depresión, angustia, …
Sólo así se descubre que, por ejemplo, tantas actividades buscando la perfección y ser ejemplo para los demás es el mecanismo de defensa empleado para protegerse del dolor, pena, rabia. Del temor que surgió ante determinadas situaciones de rechazo, lejanía física o afectiva de los padres, conflicto conyugal, separación, pérdida de roles.
La aceptación de esos errores no sólo libera de culpas y temores, sino que dinamiza para cumplir lo que se desea cumplir, con más profundidad, plenitud, satisfacción”.
(Pedro Retamal)
El viernes y sábado en la noche la pasé carreteando con Rodrigo, su familia y amigos. La tía comentaba mi aspecto de árabe o indio, y que era bonito. Creo que esa convivencia me hizo sentirme algo mejor.
Hace unos días terminé de leer todo lo que he escrito en mis cuadernos. Debo haber comenzado como en 1990-91, y, la crisis más grande ha sido la que estuvo alrededor de los 27 años, con una gran depresión, que me llevó a tomar fluoxetina durante el segundo semestre de 1996. Tuve una recaída en febrero de 1997, justo antes de cambiare a San Antonio, y, ahora, en marzo de 1998, gatillada por la pérdida de la relación amorosa con Andrea. Ya llevo una semana con una intensa pena y tristeza, acompañada de angustia, ansiedad, bajón existencial y mucho susto. Debe ser que el golpe coincidió con la incertidumbre de mi futuro laboral y en cuanto a residencia, ambiente, contactos, etc.
“Los monopolares se dan en personalidades con un exagerado afán por el orden, concienzudos, muy cumplidores; diligentes y dedicados en su trabajo y obligaciones; necesitan mantener todo bajo control y han de tener todo previsto, sin dejar oportunidad a la sorpresa, evitando la posibilidad de fracasar y de ser criticados. Son muy responsables de no perder el tiempo, perfeccionistas, aficionados a la limpieza excesiva; de una conciencia moral escrupulosa, siguen al pie de la letra el camino que se han trazado. No se trata de personas anormales o patológicas. Por el contrario, son normales o “hipernormales”, muy estimados porque se puede confiar en ellos, excepto cuando están sufriendo la depresión con baja de ánimo y tristeza. Lo que pasa es que cuando se enfrentan a situaciones nuevas pueden tener dificultades para resolverlas por su estilo rígido de relacionarse con el mundo: fracasan por no poder adaptarse y cambiar. Se deprimen al quedar por debajo de sus aspiraciones.
Con frecuencia es posible encontrar que la depresión ha sido precedida por situaciones como: mudanza, jubilación, cambios o fracasos laborales, sentimentales, muerte de seres queridos, enfermedades prolongadas.
(personalidades predepresivas) (Pedro Retamal)
En opinión de Sergio y Santiago, yo fui a conversar con Andrea ya totalmente derrotado, perdido; en este caso estoy seguro de que ellos habrían contraatacado o habrían sido más estratégicos (pícaro o “malicioso”, según Chago). Luzmira y Pati me trataron de inocente o ingenuo, desde el momento en que Andrea no terminó con su pololo. Hugo argumentó que el “contexto” había sido muy influyente para la decisión de ella (distancia, presencia de familiares, amistades en común, etc.). Fritz sentenció que yo había sido uno más en la lista de aventuras de Andrea con hombres altos y mayores (Gorilón, Tuto, Jimi). Comparto el análisis que dice que fue un problema de falta de experiencia o “training” de ella. También Pati afirmó que había sido el típico caso en que un amante termina sirviendo para que una pareja supere una crisis.
La conciencia de lo inasible del presente y de la realidad provoca una gran angustia. Lo mismo, con respecto a la improbabilidad de la comunicación. El tiempo pasa inexorablemente; los momentos de alegría, dicha, felicidad, no dejan de ser instantes que van quedando atrás. Los guardamos en la memoria, y esperamos que lleguen otros nuevos. Es imposible estar en la cabeza de otros, o ellos en la nuestra; uno siempre está solo y más encima también es difícil conocerse uno mismo totalmente. ¿Por qué al constatar estas cosas sentimos angustia si son condiciones propias de la existencia? Es como si un deportista sufriera por pensar en las reglas del juego que practica. O será que sólo algunas personas padecemos de angustia existencial? Sin embargo, hay mucha gente que sufre depresión. Quizás son las situaciones de desequilibrio, descompesación, golpes, traumas, dolores los que hacen aparecer la angustia existencial. Puede ser que personas muy sensibles o introvertidas tengan más facilidad para “caer” en estados melancólicos. Es sorprendente que estando mucho tiempo ocupado con actividades, recuerdos, planes, creación, de pronto haya ocasiones en que la angustia existencial nos “invade”, “auto-torturándonos” con la depresión. Es como si esa realidad que, en situación de “normalidad”, está en un trasfondo, de repente se colocara en primer plano. Seguimos haciendo cosas, proyectando y haciendo memoria, pero la mente no cesa de darle vueltas a la conciencia del absurdo, el vacío, la nada, lo inasible y la finitud de la vida. Sin duda que hay factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, ya que el consumo de fármacos como la fluoxetina o sustancias como la yerba mate, producen un alivio de los síntomas. Tanto es así que después del tratamiento que hice en 1996, me parecía increíble que hubiese estado sintiéndome tan mal durante la depresión.
“En términos simples, se utiliza la influencia positiva de la palabra sobre la persona.
Un factor común a cualquier tipo de sicoterapia es su base en la relación de confianza entre paciente y terapeuta,… El tratamiento debe ser capaz de hacer renacer el interés y la esperanza en el afectado, quien logra realizar modificaciones en sus creencias y en sus relaciones interpersonales. Si resultan exitosas se constituyen en un poderoso estímulo que aumenta las expectativas de obtener mayor seguridad, control sobre sí mismo y alivio de sus conflictos con otros.
El cambio en el paciente se consigue a través de la interacción y de la comunicación. Con palabras, gestos, conductas y actitudes que el especialista logra transmitirle”. (Pedro Retamal)
“Hacerlo (reconocer la enfermedad) significaría tener que revisar la biografía, aquella que lo lleve a entender por qué, en tales circunstancias, sufre depresión, angustia, …
Sólo así se descubre que, por ejemplo, tantas actividades buscando la perfección y ser ejemplo para los demás es el mecanismo de defensa empleado para protegerse del dolor, pena, rabia. Del temor que surgió ante determinadas situaciones de rechazo, lejanía física o afectiva de los padres, conflicto conyugal, separación, pérdida de roles.
La aceptación de esos errores no sólo libera de culpas y temores, sino que dinamiza para cumplir lo que se desea cumplir, con más profundidad, plenitud, satisfacción”.
(Pedro Retamal)

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