lunes, 27 de julio de 1998

En 1990 “pololeé” seis meses con Claudia Soto. Partí muy entusiasmado pero, como al segundo mes empecé a perder el interés. Luego de un par de meses más, cuando inicié una recuperación de mi deseo por ella, se revirtió el asunto y fue Claudia quien comenzó a distanciarse. Cuando me comunicó su decisión de terminar, me dio pena y lloré un poco. Una coincidencia muy grande era que ella guardaba desde hace mucho tiempo una fotografía de unas niñas rubias, que eran mi mamá y la tía Juta. El papá de Claudia, Marcelo Soto, había sido amigo de ellas cuando vivían en Villa Alemana. Claudia es madre de David, hijo de Pedro Aranqua.
Al año siguiente, 1991, “pololeé”, también por seis meses, con Manuela Saavedra. A Claudia la conocí a través de Rodrigo Manríquez; en cambio, a Manuela la topé en una fiesta de Sergio Salinas. Si bien ya después de una semana mi gusto por ella había casi desaparecido, continué el romance porque Manuela me trataba de una manera muy acogedora, delicada y tierna. Su hijo, León Matías, fue siempre un ejemplo de niño bien educado, y con personalidad. Ese año falleció el Lolo (Jorge Saball), como a los 36 años, producto de un cáncer al cerebro. Él mismo preparó un velorio con bandera y canciones anarquistas; su cuerpo fue incinerado. Editamos dos números del periódico Acción Directa, para el cual aprendí a usar el programa Page Maker en los computadores de la UC. Fue en aquel 1991 cuando inicié anotaciones en mis cuadernos con un carácter más autobiográfico. También di el punta pie a la elaboración de una Memoria o Tesina, sobre autogestión y comunicación, que aún no termino. Conocí la experiencia de la Fecot y de la historia frustrada de los procesos autogestionarios en Chile. Era la época de la Guerra en el Golfo Pérsico.

Rutinas, hábitos. Interiorizar labores es un proceso, no es un acto único; se requiere esfuerzo, constancia, persistencia, continuidad. Me angustia un tanto que entre el querer hacer y el poder hacer haya una distancia, un trecho, un camino por recorrer, y que no sea instantáneo. Es una ansiedad que, paradojalmente, al mismo tiempo me paraliza.
Hoy, mientras vitrineaba los locales de venta de libros en la calle San Diego, me desesperó la conciencia de que es imposible poder aprender todo el conocimiento que ha generado la humanidad. Si tuviera claras preferencias por algún tema no sería tan dramático, pero me pasa que me llama la atención una multitud de tópicos; y no tengo claro por dónde empezar a estudiar.
Lo terrible es no vivir. El temor, la angustia, la ansiedad, desconfianza nuestras capacidades, inseguridad, miedo a la mediocridad, perfeccionismo, todo esto atenta contra el desenvolvimiento de las potencialidades propias, la creación, el desarrollo. Frustración, impotencia, amargura son los resultados de estas trancas.
En el diario del domingo leí algo como: “ocupar el tiempo, en vez de contarlo”.

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