viernes, 24 de julio de 1998

Hay veces en que hasta la más mínima acción que debo realizar me causa una tremenda lata, incluso angustia; me complico entero. Junto con el desgano, me siento culpable por ser flojo. En cambio, en otras ocasiones, es un gusto saber que tengo que efectuar una tarea. De todos modos, por lo general, toda vez que ya estoy llevando a cabo el trabajo, me da satisfacción contemplar que voy avanzando y que se va produciendo algún resultado.
En ocasiones, al mirar las grandes obras de ingeniería, como los puertos, túneles, puentes, edificios, represas, etc., me he sentido terriblemente insignificante. Es común que uno mire las cosas desde una perspectiva muy egocéntrica; por lo que la toma de conciencia de la pequeñez, finitud, del ser átomo en una masa, que ciertos sucesos hacen que nos demos cuenta con respecto a uno mismo, a mí, por lo menos, me bajonea o angustia. Tal vez, un consuelo es que uno es único e irrepetible. Quizás por esto, ocurre que de repente a uno le gusta o desearía que fuera muy especial para otra persona; es lo grato de sentirse amado por alguien.

De vuelta a mi biografía, en 1988 llevaba un año de biciclista, y el mismo período viviendo en las Torres de Tajamar. Estaba en segundo año de Periodismo, y comencé a escribir cosas de mi vida en mis cuadernos. Integré el Movimiento de Integración Latinoamericana (MIL), con cuyo líder (Ricardo Herrera), organizamos cursos de baile y festivales de cine latinoamericano. Por ese tiempo empecé a frecuentar mucho a Paulina Veloso en su taller de Carlos Antúnez. Allí también trabajaba Paola Cantergiani, otra diseñadora que también me gustaba bastante. Con ellas estuve en varios carretes; me acuerdo especialmente de uno en que se pusieron a jugar a la botella; yo pude besar con lengua y todo a Paulina como tres veces. Fue fantástico. Por esa época también me pegué unos atraques con mis compañeras de curso Isabel y Cecilia, las cuales han sido amigas cercanas hasta hoy.
Para 1989 sobreviene la caída del Muro de Berlín; por intermedio de Oscar Ortiz conocí a Jorge Saball (Lolo) y a Roberto Torres, anarquistas retornados de Francia. Con ellos formamos un colectivo libertario, en el cual estuvieron en un primer momento Rodrigo Mundaca, Jorge Moraga y Rodrigo Manríquez. También participé con los trotskistas del Campus Oriente en la confección de un Diario Mural acerca de la vida de Trotsky. Tuve relaciones sexuales con Pati.
En 1990, en plena onda new age, fuimos con Paola Cantergiani y otra pareja al cambio de mando en el Congreso (Valparaíso). Después de gritarle chuchadas al Pinocho, fuimos a un restaurante, a una fiesta y dormimos en una residencial cerca de la plaza Sotomayor. Eso fue en marzo. En febrero había estado con mis primos Manuel José y Juan Ignacio en Rinconada de Silva, y en los Baños del Parrón; allí conocí y anduve con Odette Fernández.Durante enero de 1990 fui invitado por Cecilia a vacaciones al lago Vichuquén. Estando allí, me gustó una amiga de Daniela llamada María José, a quien le decían Laucha. Con ella no pasó nada, pero sí con Marcela, una hermana de mi amiga que es muy bonita. Ella se mostró muy interesada en mí, aunque pololeaba desde hace bastante tiempo con un tipo bien pintoso. De vuelta en Santiago, salimos a un pub y, cuando la llevé a su casa, nos besamos apasionadamente. Nos encontramos un par de veces más en mi pieza, de una forma muy fogosa. Marcela se fue de vacaciones a Villarrica y después a La Serena. Su pololo se enteró de nuestra relación y fue un escándalo. Al regresar, yo me hice el leso y todo quedó en nada. Ella ha sido, de las mujeres con las que ha pasado algo, una de las que más me gustó.

No hay comentarios: