El miércoles 8 fui al funeral de mi abuelo, el Papo, quien falleció a los 86 años. La ceremonia estuvo a cargo del cuerpo de Bomberos; comenzó en la Séptima Compañía, para dirigirse al Cementerio General. Para entrar el féretro al Mausoleo de los bomberos, me pidieron que ayudara a llevarlo, junto con Gus, el papá, Rafael y dos autoridades bomberiles. Fue extraño, porque con el Papo nunca se desarrolló una relación de abuelo-nieto, por lo que no sentí pena; quizás un poco al ver afligidos a Rafael y a mi padre.
Esa noche fui al departamento de Mariana, y la esperé recostado en el living. Llegó como a media noche con su amigo Mauricio. La situación fue un poco tensa, pero él finalmente se marchó. Ella me besó y nos abrazamos; conversamos largamente y nos pasamos a la cama. Comencé a excitarme, pero, cuando Mariana comenzó a acariciar mi zona genital, se vino a mi mente el tema por lo que me había pasado la vez anterior en la ducha, y me enfrié totalmente. Me puse nervioso, traté de explicarle lo que me pasaba, y ella me calmó. Después de un rato, me concentré en tocarla para causarle placer, y, así, mis funciones volvieron a la normalidad. A la mañana siguiente, temprano, Mariana me despertó con un beso, ya que yo había dormido en el living. La acompañé al metro San Joaquín, y me encaminé al terminal de buses.
Nos volvimos a juntar el viernes en la noche, dormimos juntos, y la acompañé hasta las 16 horas del sábado. Nuevamente, llegué a su departamento el domingo como a las 20 horas. Fuimos a saludar a Omar y, de regreso, nos acostamos. Ella tuvo insomnio. El lunes, mientras yo fui a la consulta de Omar, Mariana buscó libros de Weber en la Biblioteca. Esa noche-madrugada hicimos el amor, con condón. El problema fue que la cama sonaba mucho, por lo que no fue muy tranquilo, ya que en el departamento estaba Marcia durmiendo en su pieza.
Hasta hoy hemos hablado cuatro veces por teléfono. Se cumplen dos semanas desde nuestro primer beso. Me gusta y la quiero. Por eso me inquietan sus preocupaciones, pues son asuntos que yo también me he planteado. Son cuatro temas:
1) Ambos somos enrollados y con tendencias depresivas. Quizás la mejor pareja sería alguien más “Light”, menos complicado, y más animoso.
2) Ella se urge por mi “cantidad” de relaciones anteriores; por la inestabilidad emocional que he mostrado hasta ahora. Dice que no quiere sufrir más por abandonos.
3) La distancia. Si trabajo en el sur, van a ser pocos los días que nos veamos.
4) Fragilidad económica. Para planificar como pareja y proyectarse, se requiere seguridad financiera.
Como dice el dicho: “salud, dinero y amor”. Estos tres deseos se interrelacionan entre sí. Para lo primero, hay que cuidarse, prevenir y controlarse periódicamente. Con respecto a lo segundo, es preciso contar con un trabajo que permita un ingreso monetario suficiente para todo lo básico; y, en cuanto a lo tercero, hay que cultivar las relaciones humanas, y, cuando el amor existe, desarrollarlo. Quiero pensar positivo, y creer que podré lograr y armonizar estos tres aspectos. Para esto es importante ser flexible, “avispado”, y tener capacidad de adaptación.
Esa noche fui al departamento de Mariana, y la esperé recostado en el living. Llegó como a media noche con su amigo Mauricio. La situación fue un poco tensa, pero él finalmente se marchó. Ella me besó y nos abrazamos; conversamos largamente y nos pasamos a la cama. Comencé a excitarme, pero, cuando Mariana comenzó a acariciar mi zona genital, se vino a mi mente el tema por lo que me había pasado la vez anterior en la ducha, y me enfrié totalmente. Me puse nervioso, traté de explicarle lo que me pasaba, y ella me calmó. Después de un rato, me concentré en tocarla para causarle placer, y, así, mis funciones volvieron a la normalidad. A la mañana siguiente, temprano, Mariana me despertó con un beso, ya que yo había dormido en el living. La acompañé al metro San Joaquín, y me encaminé al terminal de buses.
Nos volvimos a juntar el viernes en la noche, dormimos juntos, y la acompañé hasta las 16 horas del sábado. Nuevamente, llegué a su departamento el domingo como a las 20 horas. Fuimos a saludar a Omar y, de regreso, nos acostamos. Ella tuvo insomnio. El lunes, mientras yo fui a la consulta de Omar, Mariana buscó libros de Weber en la Biblioteca. Esa noche-madrugada hicimos el amor, con condón. El problema fue que la cama sonaba mucho, por lo que no fue muy tranquilo, ya que en el departamento estaba Marcia durmiendo en su pieza.
Hasta hoy hemos hablado cuatro veces por teléfono. Se cumplen dos semanas desde nuestro primer beso. Me gusta y la quiero. Por eso me inquietan sus preocupaciones, pues son asuntos que yo también me he planteado. Son cuatro temas:
1) Ambos somos enrollados y con tendencias depresivas. Quizás la mejor pareja sería alguien más “Light”, menos complicado, y más animoso.
2) Ella se urge por mi “cantidad” de relaciones anteriores; por la inestabilidad emocional que he mostrado hasta ahora. Dice que no quiere sufrir más por abandonos.
3) La distancia. Si trabajo en el sur, van a ser pocos los días que nos veamos.
4) Fragilidad económica. Para planificar como pareja y proyectarse, se requiere seguridad financiera.
Como dice el dicho: “salud, dinero y amor”. Estos tres deseos se interrelacionan entre sí. Para lo primero, hay que cuidarse, prevenir y controlarse periódicamente. Con respecto a lo segundo, es preciso contar con un trabajo que permita un ingreso monetario suficiente para todo lo básico; y, en cuanto a lo tercero, hay que cultivar las relaciones humanas, y, cuando el amor existe, desarrollarlo. Quiero pensar positivo, y creer que podré lograr y armonizar estos tres aspectos. Para esto es importante ser flexible, “avispado”, y tener capacidad de adaptación.

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