jueves, 9 de abril de 1998

“Al tener que abandonar una institución que los cobijó por largos años, muchos sufren lo que se llama neurosis institucional.
Pertenecer a un lugar da garantías y seguridades de manera tal que la propia identidad se confunde con la de la institución” (Germán Zanghellini)

“Las necesidades pueden existir y no ser conscientes. No por eso dejan de estar ahí y expresarse. Somos más bien nosotros los que no sabemos interpretar su lenguaje”.
Aparecen, primero, como una desarmonía. Algo se ha roto en el equilibrio que nos mantenía tranquilos. Surge el anhelo de volver al equilibrio roto, la impaciencia, la angustia.
Si ésta se prolonga, aparecerá la frustración con rabia o la depresión. La agresión al otro o la agresión a sí mismo. Todo este proceso puede durar muy poco o mucho tiempo. Dependerá de la constitución y/o del carácter del individuo, de la educación, de su cultura.
Habrá que descubrir las necesidades no descubiertas, ignoradas o resistidas por el consciente y desarrollar los recursos para satisfacerlas o sublimarlas”. (Germán Zanghellini)

Esta tarde, en las habituales conversaciones con Santiago, reflexioné sobre cómo nos cambia la vida, las emociones y el ánimo, el tipo de pensamiento que sea hegemónico. Muchas veces, me veo envuelto en ideas negativas, pesimistas, derrotistas, perdedoras, entreguistas, con lo cual siento que soy dominado por los acontecimientos. En cambio, con un pensamiento positivo, optimista, ganador, luchador, generalmente percibimos que es uno el que controla las situaciones.
Este tema surgió después de contarle a Santiago mis diálogos con Mariana, en que yo le expresé mis temores por mi eventual viaje al sur. Miedo a estropear una relación que me gustaría fuera exitosa. Susto ante una pérdida de interés de ella o mío.

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